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Opinión

La sombra del presidente

Por Iván de J. Guzmán López

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Al concluir la lectura de la novela La sombra del presidente, de León Valencia Agudelo, encuentro que se corresponde de manera perfecta (como la zapatilla de cristal al delicado pie de la Cenicienta), con la definición certera de novela que nos presenta la Wikipedia en español: “novela (del italiano novella) es una obra literaria en la que se narra una acción fingida en todo o en parte y cuyo fin es causar placer estético a los lectores con la descripción o pintura de sucesos o lances interesantes así como de personajes, pasiones y costumbres, que en muchos casos sirven de insumos a la propia reflexión o introspección”.

Quienes no han leído la novela, se están perdiendo de una verdadera obra literaria, en la que se entrelazan de forma inteligente e histórica (en sociocrítica, hablamos de una fertilización) una suma de acciones fingidas en pocos apartes y reales en muchos, donde el placer estético en esas imágenes, esas circunstancias, esos “lances” y en esos hechos, se logra de forma palmaria. De los personajes, pasiones y costumbres, ni se diga, porque aparecen a los ojos del lector (que conoce el devenir de la historia política colombiana en sus últimos 50 años) como una película en retrospectiva, que, sin duda (como en el método utilizado por nuestro recordado maestro de Otraparte, Fernando González), sirve de insumo a la propia reflexión o introspección de los personajes que aparecen de forma velada en la novela (que aun actúan en el tinglado de la política criolla), y que en el libro aparecen retratados bajo el paraguas de las familias Echeverri y Ferraro.

La novela, bien lograda desde lo estético y documental (que seguramente exigió un trabajo histórico, de archivo, de fuentes y de selección de notas, muy parecido a lo que hizo la Yourcenar con sus Memorias de Adriano) y que se disfrutará como material literario e histórico para esta y  futuras generaciones, es un obra que agrega brillo al ya consagrado escritor León Valencia Agudelo, pues su trasegar literario, periodístico y político, no es cosa de poca monta. Veamos:

León Valencia Agudelo (andino como nuestro auténtico y verdadero nadaísta Gonzalo Arango), es escritor, politólogo, analista y periodista consagrado. Fue cofundador y director de la ONG Nuevo Arcoíris; ha sido columnista de los diarios El Tiempo y El Colombiano, al igual que de la Revista Semana. Es el director y presentador del programa de análisis político La Controversia, en Canal Capital. Es miembro y cofundador del Portal de Periodismo Las2orillas​ y actualmente dirige la Fundación Paz y Reconciliación. A su magín y pluma investigativa, le cargamos obras, como: Las columnas de la paz (Planeta, 1998), Adiós a la política, bienvenida la guerra (Intermedio, 2002), Miserias de la guerra, esperanzas de la paz (Intermedio, 2003), Gente que conocí (Taller de Edición Rocca, 2007), Mis años de guerra (Norma, 2009), El regreso del Uribismo (Planeta, 2019), Los Clanes políticos que mandan en Colombia (Planeta, 2019). Las novelas: Con el pucho de la vida (Debolsillo, 2011) y la que hoy comentamos, La sombra del presidente (Planeta, 2020). Es coautor de La ley de justicia y paz, con Eduardo Pizarro Leongómez (2009); Sindicalismo asesinado: reveladora investigación sobre la guerra contra los sindicalistas colombianos, con Juan Carlos Celis (Random House 2012); Herederos del mal: clanes, mafias y mermelada, congreso 2014-2018, con Ariel Ávila Martínez (2014); Los retos del postconflicto: justicia, seguridad y mercados ilegales, con Ariel Ávila Martínez (2016); La minería en el posconflicto: un asunto de quilates, con Alexander Riaño (2017) y Lo que nos arrebató la pandemia (Planeta, 2020). Adicional, Premio Simón Bolívar de periodismo 2008, en la modalidad Mejor columna de opinión.

La sombra del presidente (que recibí por simple generosidad del autor), me recuerda esas maravillosas novelas históricas que han sido capaces de dibujar una época y unos personajes y unos episodios, con la pluma del enciclopedista, la del investigador, pero también con la del escritor que (sabe) tiene oficio. Andando el libro, en muchos de sus tramos, recordé esa potente narración histórica llamada El precio de la paz, un trabajo magnífico del veterano periodista Zachary D. Carter, de gran altura intelectual y narrativa, que desentierra el legado perdido de una de las mentes más fascinantes de la historia (la del economista y filósofo John Maynard Keynes). El precio de la paz, reestablece un conjunto olvidado de ideas sobre la democracia, el dinero y la buena vida con implicaciones transformadoras para los debates actuales sobre la desigualdad y las políticas de poder que dan forma a buena parte de la política actual.

Como epílogo, debo decir que una vida dedicada al estudio, a la política, al periodismo, a la investigación y a la literatura, como la de León Valencia Agudelo, posibilita el lograr una obra que, como La sombra del presidente, trasunto del tumultuoso pasado de los Ferraro y los Echeverri, es también trasunto y sustancia de la política y la vida azarosa de los últimos cincuenta años en nuestra Colombia, la patria de nuestros amores, de nuestras tristezas y de nuestros jóvenes; jóvenes estos que buscan un horizonte más claro, más prometedor, más pintado de patria.

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de Minuto30.com

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