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¡Sin palabras!, así quedé…

Carlos Mario Cortes Rincon 1200x720 1

Llegó a mis manos un escrito, al parecer, sacado de alguna red social, sé que no todo lo allí publicado es cierto, como también sé que hay cosas reales, pero provenga de donde provenga admito haberme asustado cuando lo leí. ¡Sin palabras!, así quedé. Al parecer alguien, anónimamente, escribió este texto encontrado en un campo de concentración nazi. “Querido maestro, soy sobreviviente de un campo de concentración. Mis ojos han visto lo que nadie debería ver, cámaras de gas construidas por ingenieros calificados; niños envenenados por médicos calificados; bebés asesinados por enfermeras calificadas; mujeres y niños quemados como basura… Así que tengo mis sospechas sobre la educación. Mi petición es: ayuda a tus estudiantes a convertirse en humanos, tus esfuerzos nunca deben producir monstruos entrenados o psicópatas experimentados. Leer, escribir y conocer la aritmética solo serán importantes si hacen que nuestros hijos sean más humanos…”. Leyendo esta nota pensé, ¡qué falta hace la enseñanza de la ética en las instituciones educativas, desde preescolar hasta el más encopetado de los doctorados!

Después de semejante batacazo, en mi mente empezaron a rondar imágenes de mis estudiantes y de los estudiantes de muchos profesores del mundo entero, fue así como emulando un antiguo comercial de televisión me hice la siguiente pregunta, “¿profesor sabe usted dónde están sus estudiantes en este momento?”. Como si tratara de un soliloquio (hablar solo), imaginé la infinidad de profesiones en las que podrían estar ejerciendo muchos de ellos, mis pensamientos vinagrosos estaban sustentados en la idea fresca del texto que acababa de leer, empecé a suponer que algunos estarían como médicos practicando abortos clandestinos, otros como ingenieros químicos elaborando narcóticos para envenenar o azotar la sociedad con el flagelo de las drogas, unos más graduándose de políticos corruptos robándose la comida de los niños, en fin, fueron muchas las ideas perversas que me atacaron, pero, debo aclarar que no todos los médicos son malos, ni los ingenieros, los políticos si son un poquito corruptos, no todos, pero, si casi todos.

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Sentado en mi vieja silla leía en el periódico que el fin del año es la época propicia para las graduaciones, si, muchos reciben el grado de bachilleres, otros se hacen profesionales y así sucesivamente. Soy consciente que el profesor trasciende en la vida de los estudiantes, en algunos casos para bien y, en otros quedando en el buzón de los malos recuerdos. Me duele saber que la educación poco a poco la fueron convirtiendo en un mercado donde solo importan los títulos y las certificaciones. En mi experiencia docente han sido muchas las horas que he pasado llenado formatos… y formatos, imagino profesores cansados y trasnochados haciendo informes de los informes, ¿qué tipo de trabajo pedagógico puede hacer un profesor cansado y extenuado de llenar papeles? ¿Garantizan los certificados de calidad (ISO) que sus egresados sean los mejores en y, para la sociedad? Debo decir que conozco instituciones educativas sin certificados de calidad, u otros embelecos, con estudiantes y profesores excelentes, ¿será que la certificación se volvió un emprendimiento más?

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Decidí pararme de la silla tratando de despejar la mente, pero, los interrogantes no dejaban de llegar a mi cabeza, yo diría que un caudal de preguntas, que no sabría cómo responder, inundó mi cerebro dejándome cada vez más inquieto. En medio de tantas ceremonias de grados yo pregunto, ¿si están graduando a los mejores?, ¿en qué universidad están graduando tanto corrupto en este país?, ¿dónde se formaron tantos imbéciles que usan las mujeres como objetos sexuales golpeándolas y en ocasiones asesinándolas?, ¿quién o quiénes les enseñaron a los yupis estrato veinte, que tener armas y hacer justicia por mano propia es correcto?, ¿dónde aprendieron algunos empresarios y ciudadanos de “bien” a evadir impuestos?, ¿quién les enseñó a algunos políticos a graduarse con diplomas falsos?

Respetando el pensar de muchos, que puedan no estar de acuerdo con lo que pregunto o digo, sigo creyendo que la educación del siglo XXI debe ser reformada, tal vez los currículos no estén acordes a la realidad que se vive, de ahí tantos errores humanos. Lo que debemos hacer es prepararnos y preparar bien a las futuras generaciones para afrontar con altura y decencia las vicisitudes que se les puedan presentar, ahora, la pregunta es, ¿qué debemos enseñarle a ese niño, adolescente o joven para que viva feliz y tranquilo en el año 2050? No podemos negar que la educación no está preparando la gente para el futuro, cuidado, el futuro no solo será la tecnología sino muchas cosas más.

Pd, “Siempre que enseñes, ensaña a la vez a dudar de lo que enseñas” José Ortega y Gasset