Ser colombiana

Por: Paloma Valencia

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar” “un instante del crepúsculo en que las cosas brillan más”: Colombia la de la biodiversidad y las miles de aves coloridas y únicas; Colombia la de las montañas como gigantes dormidos, la de los ríos revueltos de tierra roja y de aquellos cristalinos y aún multicolores; Colombia la del Amazonas y la Orinoquia; de los exuberantes parques nacionales, la de las sabanas, las selvas, los páramos y los volcanes. Estaba a punto de ser fusilado porque en nuestra Colombia nos ha cubierto la sangrienta grieta del narcotráfico y la violencia terrorista y ciega; la de las desigualdades, la pobreza, el racismo, el clasismo y tantos otros males: “Y eran una sola sombra larga. Y eran una sola sombra larga. Y eran una sola sombra larga”.

Imagino -y puede ser falso- que ser nacional de muchos países no exige tanto. Hemos vivido momentos cuando nuestra nacionalidad nos hizo de antemano sospechosos, donde fue motivo de tristeza y de rabia. “¡Bum! ¡Bum! ¡Bum! La frente del niño rebotaba contra la baldosa del piso en un redoble in crescendo rítmico, furibundo, y los tornillos, las tuercas… hasta que la pobre se convertía en una calabaza hueca que seguía dando tumbos, ciegos, sordos, por inercia de la furia, contra la terca inmensidad del mundo” y sus infinitas injusticias.

Tal vez por eso todos hemos tenido que hacer, al menos alguna vez, una reflexión sobre lo que significa ser colombiano. Hemos buscado y encontrado razones para portar nuestra Colombia como una bella esmeralda en el pecho.

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Todavía me acuerdo de Lucho Herrera entrando ensangrentado para ganar una etapa en el Tour de Francia. Los golpes del Happy Lora hablaban del deseo de sobresalir. Luz Mery Tristán y la tenacidad que simbolizan Nairo, Rigo, y Egan. Con nuestra primera medalla de oro en los Olímpicos con María Isabel Urrutia, el título PGA de Camilo Villegas o la reina del BMX Mariana Pajón subíamos por la escalera. Cesar Rincón, Montoya, María Camila, Farah y Cabal, y la magnífica Yuri Alvear nos abrieron las posibilidades. El Pibe, James, Cuadrado, Jerry y Lucho Díaz nos hacen celebrar. Y Catherine Ibargüen con toda su belleza y agilidad haciéndonos volar con sus alas invisibles…

El honor de Diana Trujillo directora de la misión de la Nasa a Marte. El corazón lleno de luz de la Santa Madre Laura. Los trazos de Botero, los Cárdenas y Débora Arango. Amo a Jorge Celedón recordándonos lo bonita que es la vida y a Vives que exportó toda la magia y la leyenda del Vallenato, a JBalvin con su ritmo ineludible, y Shakira triunfando más allá de lo pensable. Todos me fascinan y me inspiran. Me hablan de las posibilidades infinitas de nuestra Colombia.

Me emociona el día en que los secuestrados recobraron la libertad tras la operación Jaque, mostró que Colombia era capaz de hacer un operativo que solo habíamos visto en películas; la criminalidad era vencida y los pasos de hombres y mujeres libres me hicieron sentir, otra vez, que todos éramos libres. Con el triunfo del No en el plebiscito supe que el deseo de justicia de los colombianos no se vence con nada. Sentí la alegría de la democracia y la esperanza -luego truncada- de que podíamos aspirar a más.

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Cuando oigo nuestro himno nacional que cuenta del dolor y las cadenas, de la fe en Dios y de la persistencia, me parece que se renueva en el destino de nuestra patria siempre esforzada en salir de lo difícil. Me hace pensar en esta tierra llena de dolores, en los esfuerzos individuales y colectivos y me siento orgullosa. El valor de las víctimas, el empuje de los empresarios, el vigor de los microempresarios, la motivación de nuestra gente. Mi mayor orgullo es nuestra infinita capacidad de ponernos de pie. Me siento profundamente movida y conmovida con nuestra resiliencia.

Para mi haber nacido en esta tierra es sinónimo de que no importa la intensidad de los tormentos ni la profundidad de las heridas siempre es posible levantarse y avanzar. Colombia es el símbolo de que se puede resurgir. “Sin darse cuenta, sin poderlo evitar… empezó a olvidar sus sufrimientos” y recordó el secreto para volar que le diera el mago: «convénzase de volar y vuele¨.

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