Soy mujer. He vivido en Medellín la totalidad de mis 38 años. Pero eso no me hace provinciana sino leal, pues he viajado por todo el país y he tenido la fortuna de conocer otras latitudes fuera de las fronteras. Siempre regreso. A mis raíces, a mi cultura, a mis olvidos, a mis dichas y dolores. A mi Medellín querida.
El pasado 27 de julio fui invitada al Foro convocado por la Mesa de trabajo Mujer de Medellín. No estuvimos solas. Allí llegaron también los candidatos a la alcaldía de Medellín. La idea era que cada uno contara qué va hacer por el colectivo femenino de la ciudad y firmara su compromiso.
Escuchamos con la atención que las mujeres le ponemos a las cosas importantes, pero con la prevención que nos ha heredado la política local, por lo menos la de los últimos años, en la que resulta casi una burla decir que pasamos “del miedo a la esperanza”. (No puedo dejar de lamentar el bochornoso episodio de la clínica de la Mujer.
Alonso Salazar arrodilló su coherencia y dejó pasar la oportunidad de salvar la vida de cientos de mujeres antioqueñas). En todo caso, escuchamos.
Federico Gutiérrez, aún con sus buenas intenciones no conoce nuestras dimensiones como sujetos políticos. Y ese desconocimiento nos convierte para él en un antojo electoral y no en aliadas de sus políticas públicas.
A Omar Florez –que no se si es candidato o no- lo vi como lo recuerdo : pasivo y aferrado al pasado.
Vi y escuché también a Luis Pérez . Aguerrido en la palabra y muy tranquilo en su convicción y en su actitud. Pérez tiene propuesta . La vivienda para las mujeres cabeza de familia de Medellín no es una necesidad. Es un acto de justicia y así lo entendimos .
Hábilmente nos trajo a la memoria a Metromujer y eso se lo reconocemos. Pérez dio el paso del papel a la realidad, al darle participación a la mujer en la sociedad medellinense. La administración de Salazar acabó con eso. Dicen que por celos. Yo digo que por incapacidad de gobernante.
También nos habló Aníbal Gaviria. Un hombre joven que pudo ser mejor. Nos regaló un poco de teatro en un escenario en el que esperábamos concreción y seriedad. No trajo propuestas. La mitad de su discurso, débil, nervioso, tenso, fue dedicado a los saludos– por cierto arbitrariamente sesgados- y nos dejó con la misma sensación de vacío que hoy nos persigue en la ciudad que habitamos.
Aníbal Gaviria nos propone “mediar” para que la diseñadora Agatha Ruiz de la Prada nos asesore en negocios. Es decir, el vicio perverso de la palanca y la burocracia, como si nuestros problemas de género se pudieran arreglar con una llamada y una palmadita en la espalda. Y es mucho mas perversa su propuesta cuando la propia Agatha Ruiz de la Prada se reconoce esta semana en una publicación capitalina como “una mala empresaria”.
Como quien dice , Aníbal Gaviria nos invita a una quiebra segura pero con “pispura”. Y tiemblo al comprobar su falta de respeto con una comunidad que no suplica limosnas, sino reconocimiento social , justo y equitativo.
El balance para las mujeres de Medellín es preocupante: se murió la clínica de la Mujer; las organizaciones sociales de las mujeres fueron abandonadas a su suerte y no hay una cabeza visible empoderada e idóneamente probada para corregir el rumbo de las políticas de género en la ciudad…. Y encima, ahora un candidato nos propone una “palanquita” con una diseñadora que no ve ni entiende ,cómo y para qué vivimos en esta ciudad compleja y diversa.
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