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Opinión

Seguridad, en el tiempo del miedo

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Sebastián Trujillo

Las amenazas a la seguridad son multidimensionales y afectan a diversos aspectos de la vida social. Además, muchos de estos factores no son locales y tienen una dimensión transfronteriza. Las características de estas amenazas deben plantear que la búsqueda de seguridad debe ser un esfuerzo colectivo entre gobierno, sociedad civil, academia, sector privado, comercio, industria y autoridades policiales y militares.

Sebastián Trujillo

La inseguridad tiene una de sus principales consecuencias en profundas causas sociales: hoy en Medellín viven 213.000 personas (9%) en condiciones de pobreza extrema, y otras 468.000 (22%) viven en situación de pobreza. Nuestra ciudad es una sociedad profundamente desigual: desplazados, desempleados, desocupados, desconectados y más de 7.000 habitantes de calle, hacen parte de la ciudad más innovadora del planeta.

Es importante además resaltar que el 15% de la población de Medellín es víctima del conflicto armado que ha sufrido el país. De nada vale recordarlas durante eventos conmemorativos, sino se les repara, el odio de la guerra se hereda y está presente en nuevas generaciones, si los ciclos de venganza no se cierran con justicia y oportunidades.

La economía ilegal, que mueve 8 billones de pesos al año en microtráfico, extorsión, control territorial y delincuencia, es el otro gran “Sindicato antioqueño”; todas las estructuras ilegales que hacen presencia en la ciudad, cuentan con una amplia red de crimen, en la que muchos jóvenes encuentran una oportunidad de sobresalir y desarrollar su “carrera”; además la policía, que fue constituida para mantener el órden público, la libertad, la propiedad y la seguridad individual, requiere de una “depuración”, como lo dice Fernando Quijano -director de Corpades-, para desmontar la “nómina paralela” que hace que los criminales tengan dentro de las fuerzas armadas, integrantes pagados para conocer información de operativos y allanamientos.

Se plantea la pregunta, ¿qué hacer?

La seguridad requiere de tres elementos claves: percepción (control policial y militar de corredores estratégicos en las ciudades), cohesión gubernamental (organismos de inteligencia y de justicia efectiva) y disuasión social (inversión en oportunidades de empleo y educación para los jóvenes en los barrios).

El gobierno municipal tiene la capacidad de invertir además en infraestructura, recuperación del espacio público, ampliación de los cuadrantes policiales y fomento del empleo a través del posicionamiento de la ciudad como destino de inversión, investigación e innovación.

El Gobierno nacional debe contribuir con el aumento del pie de fuerza (algunos expertos creen que la ciudad le hacen falta 1.000 policías); evaluar estrategias de seguridad en las rutas del narcotráfico que salen del occidente de la ciudad hacia el Urabá; acelerar el proceso de retorno de campesinos desplazados a sus tierras acompañados por proyectos productivos; avanzar en un verdadero proceso de justica, y reparación integral a víctimas del conflicto armado del país.

Según Medellín Cómo Vamos, la principal característica del fenómeno de violencia “se explica primordialmente por el accionar de grupos al margen de la ley ligados al narcotráfico y actividades conexas que han configurado un problema dinámico y de carácter endémico”. Se entiende entonces que la seguridad no tiene una única solución, sus problemas son de varias dimensiones, y en ese sentido deben ser las medidas de intervención, y todas las inversiones y acciones que se tomen, tienen ventajas de percepción y realidad sobre la tranquilidad de la ciudad.

Es bueno aclarar que en los últimos 15 años se han dado importantes avances, y hoy, Medellín no es la ciudad más violenta del mundo, ni la primera en América Latina, ni la más violenta de Colombia. Algo hemos avanzado en civilidad. Algo. @BaldomeroPessoa

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