Según estudio, niños que pasan más tiempo con la naturaleza tendrán mejor salud mental cuando sean adultos

ACOMPAÑA CRÓNICA EE.UU. OREGÓN MEDIOAMBIENTE / MIA10. PORTLAND (OR, EEUU), 31/08/2018.-Fotografía del 28 de agosto de 2018 que muestra a un niño jugando en una parte del "bosque fantasma" que fue sacudido y enterrado en el océano como resultado del terremoto de Cascadia (nombre propuesto por activistas que buscan la independencia de esta región), en el año 1700. Una parcela sagrada de la tribu nativa americana Clatsop-Nehalem, en el litoral del estado de Oregon (EEUU), sirve a los lugareños de "bosque fantasma", mientras los científicos ven este pedazo de costa como "laboratorio" sísmico a cielo abierto. Desde el sur del río Columbia -que comparten Estados Unidos y Canadá- hasta la frontera con California, la costa oregonense es una mezcla de extensas playas de arena, superficies rocosas e imponente vegetación, pero es al sur de la playa de Newskowin, entre la reserva natural Cascade Head y la bahía de Nestucca, a unos 24 kilómetros al norte de la ciudad de Lincoln, donde se encuentra esta maravilla del Pacífico. EFE/Tania Cidoncha
ACOMPAÑA CRÓNICA EE.UU. OREGÓN MEDIOAMBIENTE / MIA10. PORTLAND (OR, EEUU), 31/08/2018.-Fotografía del 28 de agosto de 2018 que muestra a un niño jugando en una parte del “bosque fantasma” que fue sacudido y enterrado en el océano como resultado del terremoto de Cascadia (nombre propuesto por activistas que buscan la independencia de esta región), en el año 1700. Una parcela sagrada de la tribu nativa americana Clatsop-Nehalem, en el litoral del estado de Oregon (EEUU), sirve a los lugareños de “bosque fantasma”, mientras los científicos ven este pedazo de costa como “laboratorio” sísmico a cielo abierto. Desde el sur del río Columbia -que comparten Estados Unidos y Canadá- hasta la frontera con California, la costa oregonense es una mezcla de extensas playas de arena, superficies rocosas e imponente vegetación, pero es al sur de la playa de Newskowin, entre la reserva natural Cascade Head y la bahía de Nestucca, a unos 24 kilómetros al norte de la ciudad de Lincoln, donde se encuentra esta maravilla del Pacífico. EFE/Tania Cidoncha

Las personas adultas que durante su infancia tuvieron más contacto con espacios naturales podrían tener una mejor salud mental que aquellas que estuvieron menos expuestas a la naturaleza, según un estudio del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal).

El estudio, que publica este miércoles la revista ‘International Journal of Environment Research and Public Health’, ha sido elaborado a partir de datos de cerca de 3.600 personas que viven en Barcelona (España), Doetinchem (Holanda), Kaunas (Lituania) y Stoke-on-Trent (Reino Unido).

Los investigadores del ISGlobal, centro impulsado por La Caixa, han querido comprobar el impacto de los espacios verdes y azules en el bienestar mental y la vitalidad física de la población.

Hasta ahora, la exposición a espacios naturales al aire libre se ha asociado con beneficios para la salud, como un mejor desarrollo cognitivo y un mejor bienestar mental y físico, pero pocos habían explorado el impacto de la exposición a entornos naturales durante la infancia en la salud mental y la vitalidad en la edad adulta.

Además, los estudios sobre espacios verdes -jardines, bosques o parques urbanos- son más abundantes que en el caso de los espacios azules- canales, estanques, arroyos, ríos, lagos o playas-.

Este nuevo trabajo, que forma parte del proyecto PHENOTYPE, se basa en las respuestas de los participantes a un cuestionario sobre la frecuencia de uso de espacios naturales durante su infancia, incluyendo tanto las visitas intencionadas -por ejemplo, salidas a la montaña- como las no intencionadas -jugar en el jardín de casa-.

También se les preguntó sobre la cantidad, uso y satisfacción de espacios naturales alrededor de su vivienda, así como la importancia que le dan en la actualidad.

La salud mental de los participantes -nivel de nerviosismo y sentimientos de depresión en las últimas cuatro semanas- y la vitalidad -nivel de energía y fatiga- se evaluó a partir de un test psicológico.

El índice de vegetación alrededor de la vivienda en la vida adulta se estimó a partir de imágenes de satélite.

Los resultados mostraron que los adultos que durante la infancia se habían expuesto menos a los espacios naturales mostraban peores resultados en los tests de salud mental, en comparación con las que tenían más exposición durante la infancia.

Myriam Preuss, primera autora de la investigación, ha explicado que, “en general, los participantes con menos niveles de exposición a entornos naturales durante su infancia valoraron menos los espacios naturales que aquellos con más niveles de exposición”.

La investigadora de ISGlobal Wilma Zijlema, coordinadora del estudio, ha destacado que las conclusiones “muestran la relevancia de la exposición a espacios naturales durante la infancia para desarrollar un estado psicológico saludable y una actitud que aprecie la naturaleza en la vida adulta”.

Actualmente, el 73% de la población en Europa vive en áreas urbanas -a menudo con acceso limitado a espacios naturales- y se prevé que este número aumente a más del 80% en 2050.

“Por eso, es importante conocer qué implicaciones tiene que los niños y niñas crezcan en entornos con oportunidades limitadas de exposición a espacios naturales”, ha añadido Zijlema.

“Muchos niñas y niños en Europa acostumbran a llevar un estilo de vida basado en espacios interiores, por lo que sería conveniente mejorar los entornos naturales al aire libre en las ciudades: aumentar su número, diseñarlos de manera segura y que inviten a jugar”, ha concluido Mark Nieuwenhuijsen, director de Planificación Urbana, Medio Ambiente y Salud del ISGlobal.

EFE