Menú Últimas noticias
Pico y Placa Medellín Miércoles: 0 - 2 0 - 2
Pico y Placa Medellín Miércoles: 0 - 2 0 - 2

Se robaron hasta los siete colores del mar

Por: César Augusto Bedoya Muñoz

Se robaron hasta los siete colores del mar
Se robaron hasta los siete colores del mar

Resumen: Bedoya denuncia el abandono de San Andrés: playas sucias, salud precaria y un aeropuerto indigno, pese a los millonarios recaudos de la tarjeta de turismo.

Este resumen se realiza automáticamente. Si encuentra errores por favor lea el artículo completo.

Volver a San Andrés en mayo de este año, tras más de quince años de ausencia, fue pisar los restos de una nostalgia traicionada. La promesa del idílico archipiélago del Caribe se desvaneció al descubrir una isla detenida y profundamente deteriorada en el tiempo; aquel famoso mar de los siete colores parece hoy solo un eco publicitario de lo que alguna vez fue una de las joyas turísticas de la región. Basta con caminar unos pocos metros fuera del hospedaje para constatar el abandono: playas descuidadas y sucias, calles agrietadas, fachadas mugrientas y una infraestructura hotelera envejecida que grita a voces la falta de inversión, cuidado y respeto por el territorio.

La indignación no hace más que multiplicarse cuando se confrontan estas ruinas con las exorbitantes cifras que recauda la isla. Hoy, cada turista debe pagar 153.000 mil pesos por la llamada Tarjeta de Turismo, solo por poner un pie en el archipiélago, una tarifa que no ha parado de subir anualmente ¿A dónde van a parar esos ríos de dinero? Estamos hablando de una estampida constante de recursos: tan solo en 2025 ingresaron 1.127.806 turistas, y en el quinquenio acumulado entre 2021 y 2025 la isla recibió a más de 5,2 millones de visitantes, alcanzando picos históricos como los 1,33 millones en 2022. Con semejante caudal económico ingresando año tras año, es un insulto a la inteligencia de los colombianos y visitantes que la isla luzca como un territorio miserablemente desatendido.

La puerta de entrada a este paraíso despojado es una muestra fehaciente del colapso institucional. El aeropuerto es una terminal impresentable que no es digna ni de los turistas nacionales ni de los extranjeros que aún apuestan por visitar la isla: espacios sucios, muros desteñidos, un sofocante calor sofocado por olores nauseabundos y salas de esperas deprimentes que más parecen las de un anfiteatro que las de un destino internacional. ¿Es esta la bienvenida que merece un viajero que paga una tarjeta de ingreso obligatoria? La respuesta es un rotundo no; es la carta de presentación de la desidia y la corrupción descarada.

Al conversar con los propios isleños, la desolación se vuelve testimonio colectivo: San Andrés ha sido saqueada e ignorada por sus dirigentes. La economía local no crece y la calidad de vida retrocede, manifestándose trágicamente en centros de salud deteriorados y con servicios de atención paupérrimos. En el hotel donde me alojé, los trabajadores contaban entre susurros que la propiedad pertenecía a un exgobernador poseedor de varios complejos hoteleros, retratando el nefasto dinamismo de la política local. El drama humano lo encarnaba el cuidador del gimnasio del hotel: un joven isleño que se profesionalizó en Educación Física en Medellín y regresó lleno de ilusiones para emprender en su tierra, solo para estrellarse contra la falta de oportunidades y quedar sometido a cuidar un espacio con las garantías mínimas de un salario.

Durante mi estadía no pude evitar cuestionar la ceguera de la oferta turística frente al contexto internacional. Aunque todavía convergen visitantes de Chile, Argentina o Brasil atraídos por la cercanía geográfica y la belleza natural del país, cabe preguntarse si realmente ofrecemos una experiencia competitiva frente a destinos como Puerto Rico o República Dominicana. Esos países nos llevan años de ventaja en infraestructura, atención al cliente y servicios turísticos de estándar mundial, mientras aquí pretendemos cobrar tarifas de lujo por instalaciones en decadencia y servicios desarticulados, confiados únicamente en la inercia de la fama pasada.

Toda esta amargura cobró pleno sentido este fin de semana, cuando vi en los medios de comunicación la visita del presidente De La Espriella a la isla. Allí, el mandatario le puso rostro y firmeza a los cuestionamientos sobre la contratación pública, la urgente intervención del Hospital Departamental y el manejo de los recursos destinados a la región. Escuchar ese diagnóstico confirmó la amarga sospecha que me acompañó durante todo el viaje: la dirigencia y los políticos locales no solo se feriaron los fondos de la salud y las obras públicas, sino que literalmente se robaron la dignidad, el progreso y hasta los deslumbrantes colores del mar.

Aplaudo de manera decidida la intervención del nuevo gobierno nacional para que la justicia destape el entramado de corrupción y devuelva el orden al archipiélago. San Andrés necesita sanar y recuperar de manera urgente aquella época dorada en la que planear un viaje a sus playas era el sueño de cualquier familia que ahorraba con entusiasmo para disfrutar unos días de descanso. La isla no puede seguir siendo el botín privado de unos pocos mientras sus pobladores sufren el abandono y los turistas contemplamos con indignación cómo destruyen un tesoro nacional.

Author Signature
Redacción Minuto30

Lo que leas hoy en Minuto30... Mañana será noticia.


Anuncio
Minuto30 TV

Jamaica se consolida como el destino preferido del Caribe para Latinoamérica de la mano de Wingo y Hoteles Royalton

Comentarios

Valoramos la moderación y el respeto en nuestras conversaciones. Gracias por contribuir a un espacio positivo.