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Opinión

Sanción sí, ensañamiento no

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beatriz campillo

beatriz campillo

El mundial de Rusia 2018 ha traído de todo, episodios gratos y otros no tanto. En las últimas horas hemos podido conocer algunas noticias que han llamado la atención del público pero que curiosamente no han transcurrido en la cancha y de hecho, son los hinchas quienes han sido los protagonistas de los titulares. Las acciones son contrastantes y hablan de la cultura de nuestros pueblos, de la forma en la que nos relacionamos, y por supuesto de la ética, del cuidado de sí, del cuidado del otro y lo otro (el entorno, la naturaleza, etc.).

Por un lado, hemos visto japoneses recogiendo basura en los estadios rusos, hinchas colombianos y mexicanos levantando la silla de ruedas de un aficionado egipcio para que este pudiera ver a su equipo en la pantalla, alemanes izando la bandera mexicana en símbolo del reconocimiento de su justo triunfo, personas que se reúnen para hacerle barra a equipos de otros países, en fin, muestras de encuentro, fraternidad, solidaridad. Pero también hemos reportado conductas absolutamente reprochables y que causan vergüenza, como la quema de una bandera alemana por parte de hinchas mexicanos, la ofensa de un colombiano a unas japonesas quien aprovechándose de su desconocimiento del idioma las induce a decir frases denigrantes sobre ellas mismas, la agresión física de compatriotas en tribuna y el ingreso de licor al estadio burlando los controles rusos.

Esta columna normalmente la dedico a temas políticos, pero quisiera profundizar en lo que ha ocurrido respecto a este último caso, que sea dicho de paso, de todos los casos citados parece ser el más leve, sin desconocer que se trata de un acto reprochable. Pero quisiera ir más allá para reflexionar sobre el sentido de la pena y el Estado de Derecho, creo que las reacciones que se desencadenaron ameritan poner algunos puntos en claro y decir con toda firmeza: sanción sí, ensañamiento no.

Vamos a los hechos, existe un video donde un grupo de personas, hinchas de la selección Colombia ingresan al estadio de futbol unos binoculares, que en realidad tienen la posibilidad de ser usados como un termo o botella, como se muestra en el video ellos se ufanan de haber burlado la autoridad rusa y sus controles y proceden a beber el licor que acaban de ingresar. El video es grabado por ellos mismos, se hace viral, y se inicia el reconocimiento facial de cada una de estas personas para ser identificadas y aplicar las debidas sanciones.

Vamos a la norma jurídica, el canal 1 publicó en su página web una noticia titulada “Estas sanciones recibirían colombianos por burlarse de japonesas y camuflar licor en Rusia”, en ella se hace alusión a un pronunciamiento de la Cancillería colombiana y expresamente citan como soporte estas dos normas jurídicas:

“La violación de las normas de conducta durante las competiciones deportivas oficiales será sancionado con una multa de 3.000 a 10.000 rublos o trabajos obligatorios por un período de hasta 160 horas y prohibición de visitar los establecimientos donde se realizan las competiciones oficiales durante su realización por un período desde 6 meses hasta 3 años o sin esta (artículo 20.31 del Código de Infracciones Administrativas de la Federación de Rusia – KoAP RF)”.

“La violación del orden público, que expresa falta de respeto evidente hacia la sociedad, acompañado de un lenguaje indecente en lugares públicos, acoso ofensivo a los ciudadanos, destrucción o daños de propiedad ajena es sancionada con una multa de 500 a 1000 rublos o arresto por hasta 15 días (artículo 20.1 del Código de Infracciones Administrativas de la Federación de Rusia KoAP RF)”.

Por último, vamos a las reacciones, de parte de la Cancillería hay una llamada de atención a los colombianos y por supuesto hay colaboración con las autoridades rusas. Pero lo que ha ocurrido en redes sociales es francamente preocupante, está bien el reproche y cierta sanción social del acto en sí, pero hay personas que expresan su opinión con tanta violencia donde uno no acaba de entender qué es lo que critican cuando su reacción es peor que el acto mismo. Pero a ello se le sumó una decisión que para mí es extralimitada y es que una de estas personas acaba de perder su empleo en la aerolínea donde trabajaba, a pesar de que el acto cometido no involucraba directamente la imagen institucional. Quisiera profundizar un poco más estos puntos:

Partamos de un hecho claro, estuvo mal ingresar licor al estadio cuando existía una prohibición expresa de no hacerlo. Es más grave que lo hubieran hecho siendo conscientes de esa prohibición, pues en efecto no solo lo camuflaron, sino que también hicieron un video donde confirman que han burlado la autoridad, en ese sentido hay plena conciencia del hecho y de la ilicitud del mismo. En ese orden de ideas, estoy segura de que la misma norma indica cuál es la sanción que debe recibir alguien que ha violado dicha norma y quién es la autoridad competente para aplicar esa sanción. Eso es simplemente lo que debe ocurrir, hubo una acción, hay pruebas de esa acción, hay una norma jurídica, es clara la sanción y quién debe imponerla. Así funciona el Derecho y así funciona cualquier Estado organizado y serio.

Hay que aclararles a muchas personas que la pena no tiene una finalidad de venganza, ni de ensañamiento, no es la persona o su vida la que entra a ser cuestionada o acabada, es un hecho puntual. Lo que debemos exigir todos es que seamos responsables y esto implica responder por nuestros actos y las consecuencias que se deriven de ellos. La pena (sanción) tiene una finalidad social y pedagógica, decirnos que algo estuvo mal y mandar un mensaje a la sociedad de que aquella conducta no debe ser repetida por otros, ante todo busca preservar el orden y por ello debe ser efectiva, es decir no quedarse en el papel (función punitiva de la norma jurídica).

Esa cultura del respeto a la norma lastimosamente está poco introyectada en nuestra sociedad, y somos lamentablemente muy pasionales, y de extremos. En ocasiones no nos basta con lo establecido y queremos ensañarnos con la persona, y en otras ocasiones somos en extremo laxos y hasta cambiamos las reglas de juego porque creemos que de aplicarlas no seremos misericordiosos.

Quienes suelen seguirme saben que soy defensora a ultranza de cumplir las reglas de juego, en eso se basa un Estado de Derecho. Eso es lo que llamamos seguridad jurídica, que yo conozca previamente las normas y sepa a qué atenerme. Por eso soy partidaria de aplicar una sanción, la que la ley trae y que será la misma que debe recibir este hincha o cualquier otro que en Rusia haga lo mismo. Pero en Colombia somos muy emocionales, y creemos que adicionar sanciones de última hora nos hacer ser mejores. No señores, y por eso no estoy de acuerdo con la sanción de perder el trabajo. ¿En qué norma jurídica dice que la sanción a ingresar licor a un estadio implica la cancelación de un contrato laboral?, en ese mismo orden de ideas ¿podríamos también pedir que se cancele el contrato laboral de todos los que hayan realizado la misma acción en Colombia, no solo en estadios sino en otro tipo de establecimientos o también que hayan manejado bajo los efectos del alcohol?, no señores, no podemos inventar normas de la noche a la mañana solo para dar una falsa imagen de dureza, eso no ayuda, al contrario muestra la profunda debilidad institucional y la poca comprensión que tenemos de las normas y de la autoridad.

Qué bueno que la aerolínea acompañara a su empleado a un proceso de aprendizaje, que incluya el asumir las consecuencias jurídicas de su infracción, la corrección fraterna y el comprender con caridad que cometemos errores también debería hacer parte de nuestra sociedad. En ese punto Federico Gutiérrez, alcalde de Medellín, nos dio un bonito ejemplo hace un tiempo cuando en lugar de despedir a unas contratistas que se tomaron una fotografía con Popeye, estas recibieron una capacitación en el museo de la memoria; es verdad, ellas no cometieron un delito propiamente dicho, pero lo importante fue la reacción formativa de quien tenía el poder de tomar la decisión, eso también habla de las instituciones. En ese caso puntal además fue importante apegarse a la norma, pues el despido, aunque seguramente le hubiese gustado a la masa, habría sido injusto.

Por último, quisiera destacar que es muy curioso lo laxos que somos con quienes cometen delitos de lesa humanidad, y no es porque tengamos que ponernos violentos, ni vengativos, pero cuando pedimos que se aplique la norma que existe y que implica cárcel, muchos piensan que somos guerreristas. Ese pensamiento contrasta con lo radicales que algunos se vuelven ante estos actos, que recordemos que en el caso puntual que venimos estudiando hubo un desacato, pero no daño a la integridad de ninguna persona.

Por cierto, y para la reflexión, parece que nos escandalizan más estos actos cuando ocurren en Rusia (un país con normas claras), que cuando ocurren en Colombia. Aquí conductas similares se dan con altísima frecuencia y nunca hay un escándalo de esa magnitud. Qué bueno que aprendiéramos a comportarnos bien siempre, sin importar si hay o no cámaras grabándonos, tal vez podríamos mostrar una mejor cultura de respeto a la norma cuando estemos en otras latitudes; y qué bueno que cuando cuestionemos conductas en redes sociales lo hagamos con altura, con respeto, al menos para no perder la autoridad moral para hablar, no sea que terminemos cometiendo un mateoneo o ciberbullying, otra conducta delictiva. Todo el peso de la ley, sí; pero de la ley establecida en el Estado, no la que en un acto de acaloramiento quiere hacer justicia por mano propia y acabar con la vida del otro cerrándole toda posibilidad de enmendar su error, las sanciones extras también son indebidas, violan el debido proceso, no dan buen ejemplo.

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