La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, dijo hoy que promueve un ajuste fiscal en las maltrechas cuentas del Gobierno, del mismo modo que una “ama de casa lo hace en su hogar”, con la meta de que la economía inicie un nuevo ciclo de crecimiento.
La mandataria aprovechó hoy un acto público en la ciudad de Feira de Santana, en el estado de Bahía, para explicar las medidas que ha adoptado para reducir el gasto público, y garantizó que tiene “el coraje suficiente” para impulsar “los cambios que sean necesarios”.
Rousseff, que asistió a la entrega de 920 viviendas populares, reiteró que el ajuste de las cuentas públicas, que cerraron en rojo el año pasado, no afectará ninguno de los programas sociales de su Gobierno.
No obstante, afirmó que “cuando es necesario corregir, hay cosas que uno corrige”, y ratificó que el Gobierno debe “hacer ajustes”, tal como “una madre, una doña de casa lo hace en su hogar”.
Ese ajuste fiscal, que implicará una fuerte reducción del gasto público aún no precisada, permitirá “generar más empleo, asegurar la renta (de los trabajadores) y hacer que Brasil siga creciendo, pero en forma más acelerada”, dijo la mandataria, pese a que la economía nacional está, según todos los analistas, al borde de una recesión.
En los últimos cuatro años, la economía brasileña ha combinado un bajo crecimiento con elevadas tasas de inflación y ese cuadro tiende a empeorarse, según una encuesta realizada semanalmente por el Banco Central entre expertos del mercado financiero privado.
En la última edición de ese sondeo, divulgada el pasado lunes, los analistas consideraron que la economía brasileña se contraerá este año un 0,5 % y que la inflación subirá hasta el 7,33 %.
El Gobierno, por el contrario, trabaja con una proyección de crecimiento del 0,8 % y mantiene una meta de inflación del 4,5 %, con una tolerancia de dos puntos porcentuales, lo que sitúa la meta en un máximo del 6,5 %. EFE
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