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Opinión

Retos en las guerras de cuarta generación

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beatriz campillo

beatriz campillo

Son muchos los elementos que caracterizan las llamadas guerras de cuarta generación, este término hace alusión a la más reciente de las generaciones en las que se suele dividir la historia de la Guerra Moderna, una historia que comienza con la Paz de Westfalia en 1648, cuando el Estado estableció el monopolio de la guerra, tal y como lo señala William S. Lind.

A grandes rasgos, digamos que la primera generación tiene como característica el ya señalado papel del Estado, que incluye indudablemente la conformación de los ejércitos y el uso legítimo de las armas (incorporando por supuesto las de fuego), un orden que además de superar la labor de los mercenarios constituirá una diferenciación clara respecto al mundo civil. Por su parte, la segunda generación viene marcada por los avances de la Revolución Industrial, tanto en movilidad como en maquinaria bélica, aparecen las trincheras y el objetivo es el desgaste. Mientras que la característica central de la tercera generación será la velocidad y por tanto la sorpresa, se coordinan fuerzas aéreas y terrestres tratando de impedir que el enemigo reaccione.

Pero atención, es en la cuarta donde estamos presenciando los cambios más drásticos y es que en cualquiera de las generaciones anteriores que hemos mencionado el enemigo indefectiblemente era otro Estado, pero en la cuarta no necesariamente lo es, de hecho lo más usual será que se trate de un actor no estatal, es decir de un grupo armado ilegal que difícilmente va a cumplir las normas tanto internas como las internacionales, en particular el derecho internacional humanitario. Por ello muchos teóricos tienden a afirmar que una característica central es la asimetría, una asimetría que además digámoslo claramente le juega en contra al Estado pues en él recaen todas las responsabilidades y se enfrenta a alguien que no le juega limpio.

El Estado no solamente tiene límites marcados como el respeto a los Derechos Humanos y las normas jurídicas internas, sino que también juega con los vaivenes propios de la democracia (seamos sinceros, a la fuerza pública le toca padecer con paciencia a más de un político que puede no saber mucho de seguridad y defensa, pero que es el jefe y por línea de mando se le respeta), pero también se lidia con situaciones de corrupción y obviamente con la presión de la ciudadanía que le exige resultados en tiempos limitados… muchas situaciones que para el ilegal suelen ser más fáciles de llevar, al punto que alguno ya se reía diciendo “yo puedo ser guerrillero toda la vida, usted solo presidente 4 años”.

Pero las cosas no se quedan solo ahí, en la actualidad hay un problema verdaderamente serio que a mi me gusta denominarlo “falsos negativos”, ya sé que usted amable lector habrá escuchado mil veces los “falsos positivos” y son actos que deben rechazarse. Pero hablemos francamente, quien no ha vivido esa escena donde el ladrón después de robrar corre unas cuadras y como por arte de magia se cambia la camisa o la chaqueta y pasa como otro ciudadano de bien, incluso hay algunos que llegan al cinismo de no solo dar pistas falsas, sino que posan de víctimas, pues bien, a ese es el que llamo “falso negativo”, alguien que logra despistar y se mezcla en la población civil; a gran escala esa forma de camuflaje es una clave para entender estas Nuevas Guerras asimétricas.

Por supuesto la que describo es una situación compleja para quien debe ejercer la autoridad y pretende seguir siendo legítimo, pero justamente ese es el reto mayor hoy en las guerras de cuarta generación, identificar no es fácil. Antes las guerras exigían estandartes y uniformes, el identificarse era una muestra de honor, hoy las nuevas guerras las hacen sujetos cuya identidad es difícil de conseguir y sus pistas más complejas de develar, sujetos que además no tienen inconveniente en empuñar las armas y usar el traje de civil como un escudo.

Ese es uno de los puntos centrales, ante ese escenario el poder bélico estatal queda bastante reducido y eso el terrorista lo tiene claro. El Estado entonces se enfrenta a una encrucijada, ¿cómo enfrentar ataques de este estilo sin perder la legalidad y la legitimidad? Esa sigue siendo la pregunta mayor, un dilema al cual de momento no se le ha encontrado una respuesta totalmente satisfactoria. La estrategia de quien hace el daño parece clara, se trata de presionar, pues si el Estado en su afán de mostrar resultados opta por descender y utilizar los mismos métodos de aquel a quien pretende combatir, habrá terminado por convertirse en un terrorista más… es decir, habrá perdido su legitimidad y denunciarle será muy fácil. Al respecto, no hay que olvidar que otra parte fundamental de la guerra de cuarta generación es golpear las instituciones y ello se logra en buena medida minando la confianza que los ciudadanos tenemos en ellas.

Esa denuncia puede darse de múltiples formas, y aclaremos nuevamente que muchas son reales, pero ahí viene el problema nuevamente saber cuáles si lo son y cuáles no. El “confunde y vencerás” se aplica de maravilla en este escenario, grabar ciertos fragmentos donde aparentemente la fuerza pública está cometiendo un abuso contra un civil es relativamente sencillo, casi ninguno de nosotros cuando recibimos un material de estos por redes sociales nos preocupamos de hacer un seguimiento para saber qué fue lo que pasó, si hubo algún tipo de provocación entre las partes, si hay o no una agresión… no lo sabemos pero aun así muchos videos se vuelven virales y con ello el efecto de desprestigio hacia la institución ya está logrado, difícilmente recordaremos al civil y regularmente a él no se le exige tanto, finalmente no es él quien porta el uniforme.

Es posible entonces que en este escenario estemos ad portas de otro elemento de las guerras de cuarta generación y es la llamada guerra jurídica, no es difícil que creando una situación ficticia se abra un proceso jurídico contra quien estaba cumpliendo su labor. Con un problema mayor en Colombia, uno que a muchos no les gusta hablar y es que los miembros de la fuerza pública en este momento también sienten temor de actuar, porque a diferencia de otros países donde la figura de autoridad tiene límites pero es respaldada por leyes fuertes, en Colombia hay una profunda debilidad en esa normatividad jurídica.

Ojalá en el Congreso de la República se tome con seriedad este tema, y se analice a profundidad, de allí la importancia de tener personas expertas en seguridad y defensa, así como Derecho comparado. Es necesario condenar abusos porque también los hay, pero también es necesario dar honor a quienes lo merecen y entregar las herramientas de trabajo mínimas para poder cumplir su labor. Si las personas no confían en su fuerza pública fácilmente se abre la puerta a tomar justicia por mano propia, y eso es lo que debemos evitar. Lamentablemente hoy vemos que al ciudadano le da miedo denunciar y cuando se atreve más de una vez siente que ha perdido su tiempo, porque también en muchas ocasiones se encuentra a una fuerza pública que lo piensa dos veces antes de actuar.

Apostilla 1: Hace unos días circulaba en redes sociales un video del ELN del frente de guerra occidental Omar Gómez con el título “III Escuela de Sub-oficiales héroes y mártires del pacifico colombiano”, donde se narra que el pasado mes de diciembre de 2017 se prepararon más de 50 hombres y mujeres durante un mes para convertirse en suboficiales elenos multimisión para hacer frente como ellos lo dicen al “enemigo de clase” en cualquier trinchera de combate sea militar, política o ideológica. En otras palabras, una clara combinación de todas las formas de lucha, también muy propia de las Guerras de cuarta generación.

Pero lo más llamativo es que en el mismo video reconocen estar en cese, algo que normalmente la población civil ve con buenos ojos y con cierta esperanza de paz, pero allí queda claro que este tiempo de “descanso en la confrontación” solo da lugar a nuevos entrenamientos y fortalecimiento táctico estratégico, de hecho hablan tranquilamente de una escuela de suboficiales para liderar distintos frentes en contra de una llamada “paz neoliberal”, afirman que trabajan recursos bélicos (armas), manuales (comportamientos), pero también insisten en que se fundamenta más lo ideológico y lo político en la lucha revolucionaria. Habrá que estar atentos a estos movimientos, ya bastante se ha hablado de un “raro” crecimiento en sus filas en los últimos años.

Apostilla 2: Aplaudo el gesto del alcalde Federico Gutiérrez, quien tuvo la deferencia pedagógica de ilustrar a las contratistas sobre quién es Popeye. Sin embargo, me pregunto a qué museo de la memoria habrá que llevar a quienes estaban felices con Timochenko tomándose una selfie y tratándole como invitado ilustre. Resulta muy difícil hacer pedagogía con las personas de a pie cuando no se da ejemplo desde las altas esferas… simplemente no se entiende, resulta que hay unos criminales que aunque hayan pagado cárcel hay que tenerlos lejos porque hicieron mucho daño, y otros que hicieron lo mismo y no han pagado nada hay que recibirlos en todas partes porque son candidatos a los más altos cargos del Estado. Vea usted.

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