'El Cirirí'

Retomar la esperanza

Por Francisco Javier Saldarriaga

El 7 de agosto se posesionó Iván Duque con su fórmula Vicepresidencial Marta Lucía Ramírez y llegó al pueblo colombiano una vientecillo de esperanza que esperamos se convierta en huracán, para que en estos 4 años volvamos a tener el orgullo de ser colombianos con un estado austero y unas costumbres de probidad incuestionables en nuestra justicia.

El camino que llevábamos es en verdad muy preocupante, pues en 8 años tergiversamos todos los principios y nos metieron en el pantano en donde ser pillo paga y el respeto y las sanas costumbres se metieron en el cuarto de san Alejo.

Las cortes del cartel de la justicia se convirtieron en el validador del narcoterrorismo; es por eso que fallan siempre para beneficio de los que se han querido jubilar con sueldos de congresistas y a salvo de persecuciones por parte de la justicia colombiana; afortunadamente la justicia internacional no está contaminada por la porquería que ahora embadurna a gran parte de los supuestos magistrados que devengan salarios similares a los de los padrastros de la patria, pero de esos que son abusadores y violentos con sus hijastros, ya que así se han comportado esas lacras que pululan en el congreso y se asientan además en las poltronas de los magistrados.

Tenemos fallos que defienden a los abusadores y violadores de los niños, atacan a las víctimas, consideran que esos abusos son parte de una contienda ideológica y por ende equiparan esas acciones con las propias de una lucha leal para la reivindicación de los derechos supuestamente negados, debido a la acumulación de la propiedad de la tierra en manos de unas pocas familias de terratenientes, supuesto que han aprovechado para conformar bandas criminales con ese disfraz de lucha ideológica.

Los fallos que defienden la dosis mínima de estupefacientes y ahora, como colofón , tenemos ese en donde las relaciones sexuales son permitidas en cualquier sitio o lugar público o privado sin importar normas de decoro inherentes a establecimientos destinados a la educación y a la formación de seres convivientes con los demás. Según esas cortes la lascivia y el deseo son sin más, un derecho fundamental para el libre desarrollo de la personalidad así como la dosis personal y cualquier tipo de comportamiento rechazado por la moral pública. Estamos en la inmunda con esos jueces libertinos y proclives a la permisividad infinita.

El Presidente recibió un país descuadernado y a su vez tiene un compromiso con el pueblo para corregir y buscar la manera de que tomemos el camino de la legalidad y el regreso a la sociedad respetuosa de los otros.

Restaurar el sentido del justicia, recuperar las finanzas públicas dilapidadas sin compasión en el anterior gobierno, revisar con lupa los acuerdos de jubilación de los narcoterroristas, seducir al pueblo colombiano para que deje la desconfianza en lo público, regenerar la cultura de la legalidad, restablecer el respeto por la ley y devolver la esperanza en el futuro de la nación son tareas impostergables que tiene en su agenda el Presidente y su equipo.

El trabajo será inmenso y los resultados dependen en gran medida del compromiso que adquiramos los colombianos para apoyar todas las iniciativas tendientes a conseguir esas metas.

De esta manera encontraremos la paz real y no esa que nos quisieron vender con espejitos.