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Opinión

Real Madrid vs. Barcelona

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victor luna

victor luna

A nuestro modo de ver el encuentro que protagonizaron el pasado 23 de abril el Real Madrid y el Barcelona fue un partido intenso y de buen calado. Esto lo demuestran los pasajes brillantes de los arqueros, la manera astuta en que los dos equipos usaron y se distribuyeron en el espacio para disminuir o agigantar, según conviniera, los aciertos y desaciertos del rival. Pensamos que el fútbol esa noche hizo su aparición, para quedarse. Del escenario fue desterrado el juego con el que se busca ganar tiempo, sacar ventajas recurriendo a la maña o plantear equipos ultradefensivos, que ofrecen un fútbol mecanizado y sin imaginación. Podríamos decir, un fútbol que nace estéril por decisión de sus propios gestores.

En contraste con lo anterior creemos que el fútbol ganó esa tarde, porque todo fluye cuando el contexto es natural y propicio para ello. Nos referimos a un contexto exento de trampa, que se limita a ofrecer condiciones para que solo la capacidad de los dos equipos y el fútbol sean protagonistas. Creemos que evidentemente deportistas profesionales, con claros conceptos de eficacia, se toparon esa tarde en el Bernabéu. Incluso podríamos decir que lo que ocurrió allí fue una muestra de estilos futbolísticos enorme de la que podrían sacar provecho países con un fútbol tímido, como a veces es el nuestro. Esta condición a la que aludimos consiste en poner en segundo lugar el estilo, la estética; en resumen, el espectáculo, todo por carencia de imaginación y determinación para asumir riesgos.

Frente a esto y tomando como pretexto el encuentro del que venimos hablando, pensamos que es urgente cambiar nuestra narrativa épica para, más bien, confabular y ayudar en la construcción y consolidación de un juego que ofrezca una experiencia estética y lúdica. El afán y la ansiedad por la victoria, hacen que los partidos se enfoquen como contiendas de gladiadores; mientras que, partidos como este, muestran precisamente que el fútbol puede brillar en escenarios en los que están ausentes expresiones como “ganar o morir” o “jugar a muerte”. Cuando nadie está jugándose la vida hay espacio para el riesgo creativo, para la experimentación, para el disfrute y, por tanto, para el espectáculo.

El fútbol expuesto por los dos equipos esta noche dejó por fuera la miopía de la que normalmente adolece el medio. Miopía que se traduce en una tendencia al inmediatismo y en falta de atrevimiento. Se requieren más equipos como estos, que sean visionarios y por ende avezados con su futbol.

En este encuentro vimos cómo se produce el antídoto de la desazón de los lunes por la mañana, al que nos referíamos en columnas anteriores. Pero, a diferencia de dicho anteriormente, pensamos que, en este caso no fue contraproducente que el encuentro favoreciera tal cosa, pues se trató de un espectáculo que nunca permitió concluir que la guerra es deseable o que el esparcimiento consiste en ensañarse con un rival, con el que nos permitimos ser tan malos, como decimos nunca ser, simplemente porque se trata de él, del rival. Se puede concluir que las cosas siempre son mejores cuando son de toma y dame. Los rivales de peso invitan al crecimiento, nos ponen en condiciones propicias para hacer magia.

Creemos que Barcelona gana bien ante un Real Madrid que, en el último minuto, se dejó trastornar y empezó a razonar mal, pues dadas sus condiciones en la tabla, le habría bastado un empate. Gracias a la maquinaria que mueve el fútbol y que aguza una aparente necesidad de ganar siempre, al Real se le olvidó que podía jugar con la necesidad del Barcelona. Preso del ego y las ganas de ganarle a un rival de peso, el equipo madrileño se dispuso a hacer lo que, en sentido estricto, no tenía que hacer y es ahí donde Barcelona obtuvo el triunfo. Nos quedamos con la belleza y el buen futbol de ambos equipos.

“Hay épocas en las que se hala hasta reventar el elástico de la vida. Otras, en las que se lo suelta tanto que ya no tira. En los dos casos, no solo el rey, sino también todo súbdito queda de repente, desnudo, en la mitad de la calle”. El Malpensante. Lunario del año que pasó. Gesualdo Bufalino.

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