Putin se verá las caras con su quinto presidente estadounidense

Putin
El presidente estadounidense, Joe Biden (i), conversa con el primer ministro ruso, Vladimir Putin. EFE/MAXIM SHIPENKOV/Archivo

Moscú, 25 may (EFE).- Desde que llegara al poder hace más de dos décadas, el líder ruso, Vladímir Putin, ha tenido que vérselas con cinco presidentes estadounidenses. Las cosas empezaron bien, pero a día de hoy las relaciones entre el Kremlin y la Casa Blanca se encuentran en su momento más bajo desde la Guerra Fría.

Ha llovido mucho desde que George W.Bush viera el «alma» de Putin hasta que el actual presidente de EEUU, Joe Biden, le llamara «asesino» por la persecución del líder opositor, Alexéi Navalni, envenenado con un agente tóxico.

UNA LARGA HISTORIA DE DESENCUENTROS

Putin recibió en Moscú a su primer presidente estadounidense, Bill Clinton, en junio de 2000, un mes después de ser investido jefe del Kremlin tras heredar el poder de Boris Yeltsin.

Mientras Clinton le consideró «suficientemente duro» para dirigir Rusia, Putin siempre ha repetido que éste se portó muy bien con él cuando era un novato en el puesto.

La relación personal mas cercana la mantuvo con Bush hijo. Celebraron tres cumbres (Eslovenia, 2001; Moscú, 2002; y San Petersburgo, 2006).

Con el paso de los años, la simpatía que se profesaban no se resintió, pero la cooperación se fue torciendo, especialmente después de la invasión de Irak y la violenta muerte de Sadam Husein (2003), y el ingreso de los países bálticos en la OTAN (2004).

Se perdió el primer mandato de Barack Obama (2008-12). Putin ejerció esos cuatro años el cargo de primer ministro, ya que, entonces, la Constitución impedía más de dos mandatos consecutivos.

No congeniaron. La anexión de la península ucraniana de Crimea y el apoyo a la sublevación en el Donbás (2014) acabó por frustrar cualquier opción de cumbre entre Putin y Obama, que se despidió de la Casa Blanca adoptando un paquete de sanciones contra Moscú.

La victoria electoral de Donald Trump despertó muchas esperanzas, más aún cuando derrotó a la demócrata Hillary Clinton, enemiga acérrima del Kremlin. Se reunieron en julio de 2018 en Helsinki. «Me gusta Putin», repetía Trump.

La cumbre debería haber suavizado las tensiones por las acusaciones de ciberataques, pero los últimos dos años de mandato de Trump fueron cuesta abajo. Rusia era la culpable de todos los males.

APARCAR LA GUERRA FRÍA

Desde la llegada al poder de Biden, que visitó la Unión Soviética en el marco de las negociaciones de desarme nuclear, el Kremlin y la Casa Blanca se enzarzaron en un cruce de expulsiones de diplomáticos y sanciones.

Con todo, ambas partes siempre dejaron abierta una rendija para una cumbre en un tercer país, cuyo objetivo es controlar la confrontación y establecer nuevas reglas de juego.

Según los expertos, el papel que jugó Cuba en plena Guerra Fría con la crisis de los miles (1962) le corresponde ahora a Ucrania, en cuya frontera los rusos concentraron en abril decenas de miles de tropas.

La tensión militar no desembocó en un conflicto, pero Moscú y Washington concluyeron que la demostración de fuerza había ido demasiado lejos.

El secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Nikolái Pátrushev, ultimó este lunes en Suiza con el consejero de Seguridad Nacional de Estados Unidos, Jake Sullivan, la agenda, la fecha y el lugar de la cumbre: será en Ginebra el 16 de junio.

«La conversación trató todo el espectro de nuestras relaciones. Justo como hicimos en Islandia con el secretario de Estado, Antony Blinken. Tanto en una como en otra, la conversación fue franca y no extinguió nuestras diferencias, que son importantes, profundas sobre la mayoría de problemas de la vida internacional y también en asuntos de las relaciones bilaterales», aseguró hoy el jefe de la diplomacia rusa, Serguéi Lavrov.

El ministro de Exteriores, quien ha criticado en muchas ocasiones las formas utilizadas por Washington en la arena internacional, destacó que «la manera en la que la parte estadounidense expuso su postura la considero respetuosa».

EL PRECEDENTE DE GORBACHOV

Mientras el anuncio oficial de la cumbre rezumaba sobriedad, la reacción del último presidente soviético, Mijaíl Gorbachov, fue mucho más positiva. Sabe de lo que habla, ya que sus cumbres con Ronald Reagan en Ginebra (1985) y Reikiavik (1986) allanaron el camino para el fin de medio siglo de antagonismo.

«Ahora en la Casa Blanca hay otro presidente y con él se puede llegar a un acuerdo. El anterior equipo demostró no ser de fiar», afirmó.

Destacó la importancia de hablar sobre estabilidad estratégica -Putin y Biden prorrogaron en febrero el Nuevo START, el último tratado de desarma entre ambos países- y el arreglo de conflictos y crisis regionales.

«Pero la confianza hay que construirla desde arriba y hay que reunirse. Lo repito una y otra vez: no hay que tener miedo a las conversaciones», subrayó el nonagenario Gorbachov.

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