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Lo pobres que seríamos

Nicolas Perez 1200x720 1

Una de las mayores problemáticas que afrontaría el País si Gustavo Petro gana la Presidencia es la pérdida de la capacidad adquisitiva de los colombianos. Es decir, cada vez seríamos más pobres debido a la reacción negativa que tomarían los mercados al saber que las riendas de la Nación están en manos de un enemigo de la propiedad privada.

La razón de este comportamiento es muy sencilla: los mercados funcionan en torno a la expectativa de qué va a suceder a futuro, para lo cual tienen en cuenta factores locales, nacionales e internacionales.

Por ejemplo, en marzo de 2020, cuando el Covid se propagó por todo el mundo y los Estados empezaron a ordenar estrictos confinamientos, todos los mercados cayeron estrepitosamente. No porque en ese momento hubiera una afectación per se en los ingresos de las empresas, sino en razón a que los analistas proyectaban que durante los siguientes meses el cese de las actividades económicas iba a llevar a los Países a sufrir fuertes recesiones, como efectivamente sucedió, lo cual implicaba mayor desempleo, incrementos en la pobreza y el cierre de miles de compañías.

De manera semejante, cuando las grandes farmacéuticas anunciaron en noviembre y diciembre de 2020 que habían logrado producir una vacuna efectiva contra el Covid, las bolsas a nivel mundial reaccionaron positivamente y la valoración de las acciones se disparó, dado que esa noticia le permitió prever a los mercados el inicio de una reactivación económica donde las cosas retornarían a como estaban antes de la pandemia.

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Por mencionar otro evento, cada vez que el precio internacional del petróleo se desploma la acción de Ecopetrol cae, debido a que el mercado espera que la empresa reciba menos ingresos a futuro por la venta del hidrocarburo, de la misma forma en que la valoración de la petrolera se incrementa cuando el Gobierno encuentra nuevos pozos de extracción de crudo, ya que eso le da a entender al mercado que la capacidad de producción de la entidad se puede extender por más tiempo.

En este contexto, es fácil comprender por qué hoy en día el dólar en Colombia ronda los $4.000: los mercados, adicional a responder a noticias como el alza en la inflación, los incrementos en la tasa de interés o el crecimiento del PIB, tienen susto por lo que pueda suceder en las elecciones presidenciales.

En efecto, una posible victoria de Petro, quien lidera hoy las encuestas, ha generado que los inversionistas retiren sus recursos de acciones y proyectos de empresas nacionales y se refugien en la moneda americana, dado que, de cumplirse ese pronóstico electoral, estos podrían sacar rápidamente su capital del País e irse a otra Nación sin que su patrimonio sufra riesgos.

En otras palabras, el precio tan alto del dólar evidencia el pánico que tienen los mercados por esta situación. Y claramente si Petro llega al poder el contexto empeoraría, ya que al haber un Gobierno enemigo de la propiedad, que suspenda la exploración de petróleo e incremente los impuestos a tal punto que estos pasarían a tener un carácter expropiatorio, la devaluación del peso podría incrementarse en un 20%, lo cual encarecería considerablemente el costo de vida y haría que la plata le rinda menos a las personas.

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Adicionalmente, este conjunto de peligrosas medidas económicas del Pacto Histórico, dentro de las cuales no puedo dejar de mencionar la emisión de moneda como solución mágica para financiar el gasto público o el incumplimiento en el pago de la deuda, lo que dispararía la inflación a niveles históricos y generaría que los acreedores no le presten más recursos a la Nación, causaría una depreciación en el valor de la propiedad, toda vez que invertir en Colombia sería tan riesgoso y poco atractivo que no habría compradores interesados en adquirir casas, apartamentos, bodegas, edificios o empresas, lo que llevaría su precio al piso.

En últimas, estos factores harían que la pobreza se incremente en un Gobierno Petrista. Habría menos recursos disponibles, la inversión se iría del País, la plata no alcanzaría para cubrir el alza en el costo de vida y el patrimonio de las familias valdría cada vez menos. Una combinación nefasta que acabaría con el País y que tumbaría los mercados, tal como sucedió en Perú y está aconteciendo en Chile.