Síguenos

Opinión

De pilo a pillo

Publicado

el

ivan guzman sol 92 768x430 1

Definitivamente, de pilo a pillo, sólo hay una letra de diferencia, pero un mundo de distancia. En Colombia, se le dice pilo o pila a una persona de alta agudeza mental e intelectual, recursiva y hábil. La denominación está coligada a la variable dialectológica de “cargarse de energía; ponerse las pilas, ser piloso”.

Hasta hace poco, el comportamiento estaba asociado con brillantez, responsabilidad, buen estudiante, orgullo familiar y social. Hoy, por la triste cultura de la mediocridad que campea en todas las instancias, en especial la educativa, se les denomina despectivamente como “nerdo”; aunque, en el fondo, los mediocres que usan esta variable del termino inglés nerd, sientan admiración y respeto por esa persona dedicada, juiciosa e inteligente.

Admiración y respeto fue lo que me inspiró la noticia que citaba a los jóvenes Alejandro Salas, barranquillero de 17 años de edad, estudiante de la Institución Educativa Alexander Von Humboldt; Andrea Cárdenas, de 18 años, estudiante del colegio New Cambridge, ubicado en Floridablanca, Santander, y Luis Ángel Vargas, de 16 años de edad, estudiante de la Institución Educativa Yaaliakeisy del municipio de Puerto López, ubicada en zona rural de esa localidad del Meta. Según el Icfes, ellos lograron un puntaje perfecto de 500 sobre 500 en las recientes pruebas Saber 11.

La otra cara de la moneda, la triste, es que mientras los “pilos” son pocos, los “pillos” abundan. Se producen silvestres, están en todas partes, en la calle, en el barrio, en el colegio, en la universidad, en la empresa pública, en la privada, en las alcaldías y gobernaciones, en el congreso, y en algunos países, ¡hasta en la propia presidencia!

La palabra “pillo”, tan versátil que puede actuar como sustantivo o adjetivo, reina entre un amplio campo semántico, donde conviven a placer lo más detestable de una sociedad y hasta gozan de una denominación específica, según el grado de maledicencia, modus operandi o comportamiento dañino del sujeto en esa sociedad. Así, al pillo se le puede apellidar: agranujado, artero, avillanado, belitre, bellaco, bergante, buscón, canalla, charrán, conchudo, pájaro, cuco, galopín, golfante, golfillo, golfo, granuja, guripa, ladino, lagarto, malandrín, marrullero, pícaro, pillastre, pillete, pilluelo, pinta, rufián, sinvergonzón, taimado, travieso, truhán, tunante. ¡Y no se diga más!

Colombia necesita estimular a los pilos y extender la mano a los que no lo son tanto, porque ofrecer oportunidades puede ser la clave; puede hacer la diferencia. En este aspecto, saludamos el trabajo que hace la Agencia de Educación Postsecundaria de Medellín, Sapiencia, que de la mano de su diligente director Carlos Chaparro y con todo el apoyo del señor alcalde Daniel Quintero Calle, es opción real para miles de personas en la ciudad.

Colombia necesita desestimular a los pillos, mediante estrategias educativas, sociales, culturales y laborales, alternadas a las punitivas, que, está demostrado, poco o nada operan a la hora de transformar para bien particular y social.

De pilo a pillo, sólo hay una letra de diferencia, pero un mundo de distancia. Cada uno de nosotros podemos hacer más. Si todos nos comprometemos a la transformación y dejamos la polarización el odio y la mentira para otros tiempos, otro lugar, otra galaxia, podemos lograr que los pilos, sean más que los pillos.

Lea también: Biden, el hombre

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de Minuto30.com
Publicidad
Publicidad

Medellín