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Opinión

Petronada. Por: Santiago Jaramillo

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Alguna vez ha escuchado después de un terrible guayabo, moral o físico, la pregunta, ya tocó fondo? pero insiste en que fue cosa de un mal rato y vuelve a tener el mismo episodio después  y peor; si este es su caso, busque solución y empiece desde cero, no se hunda más y resurja de sus cenizas, hay «amigos anónimos» que bajo cualquier dependencia lo pueden ayudar.

Santiago Jaramillo

Santiago Jaramillo

Bogotá, soy un anónimo por fuera de sus 8 millones de habitantes, hago un llamado a su razón, soy colombiano y quiero verla mejor, deje la obsesión demagógica del bien común y ayúdese por sí misma, cambie el estilo de vida que sus basuras, son tan sólo un síntoma de su agonía, ya no más de lo mismo, respetada capital.

No me venga usted señor sindicalista a levantar su voz, sin entrar en razón, o por lo menos, negarse a la argumentación. La crisis administrativa capitalina no es persecución por el craso horror de la improvisación en el modelo de recolección de basuras del alcalde Gustavo Petro, es una «tenia» gigantesca que chupa las arcas bogotanas hace 12 años, cuya jugosa miel dividida año tras año es de 15 billones de pesos  (cifra  de su presupuesto de 2014) y que  curiosamente está bajo un liderazgo de izquierda, protagonizado por el partido político Polo Democrático, que cambia de líder y de nombre, como Peñalosa de partido,  pero no rota su mafia, un gran «cartel siciliano» que hizo del erario público, la más legal de las hojas de coca en el planeta capitalista, diría en bohemio discurso, su actual alcalde mayor.

Mentira tras otra, sucesos más sorprendentes y más lamentables que los anteriores, una larga historia de consumo desbordado hacia el fracaso, tiene la enferma Bogotá, son claras las muestras de fragilidad de su agotada agenda de gobierno en los últimos tiempos, sólo por citar el último cuatrienio: las basuras, manifestaciones y pérdida del mando, gran mermelada sin tanta publicidad mediática en cuotas burocráticas en su Concejo Municipal, excelente capacidad en su oratoria de su máximo dirigente y perversa capacidad gerencial, una gran estafa sin duda, para los electores y defensores de aquella soñada «Bogotá Humana».

Es tanta la adicción al error que lleva consigo la alcaldía, que la negación enceguece la razón… No hay nada malo, es un plan golpista de la oligarquía, tómense el Parque de Bolívar y no me dejen sacar del basurero, que ya el desastre de «Doña Juana» es ligereza ante esta fetidez, qué más quisiera yo y gran parte del país, para tener esta última y sincera declaración de Petro, pero la aceptación ante el fracaso, para Bogotá, aún no llega, aún no ha tocado fondo.

Bogotá es humana, errar es un acto propio de su naturaleza, superarse una necesidad para su existencia. Dicen que entre más oscuro esté, más rápido amanece, si es así, en media hora viene el alba en la capital, amanecerá y veremos…

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