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Opinión

¡Peligro! Globalización y Estado Paternalista. Por Santiago Sierra

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En el mundo globalizado de hoy lo que impera es la pugna por llegar hasta el último rincón de la tierra, de tener cobertura sin importar su calidad, ya que la pretensión es abarcar toda la población. La forma de dominar el planeta a través de un dominio intervencionista, pareciera solucionar todas las problemáticas del hombre.

Santiago Sierra

Santiago Sierra

La expresión global del poder infiere superarlo todo; las dificultades, adversidades y debilidades del ser humano. Pero irónicamente han surgido más problemas e inconvenientes para el hombre como nunca antes. Y la respuesta de los Estados ha sido aglutinar fuerzas mediante la celebración de tratados internacionales para dar respuesta a los diferentes puntos negativos de las sociedades, pero lo que han provocado es alejar a la población de la esencia del Estado.

Las naciones han entregado su destino político, social y cultural a los jefes de Estado, para que ellos negocien sus derechos en un marco internacional, pero éste poder representativo que le ha dado el pueblo a los mandatarios paradójicamente no reconoce la particularidad de los diferentes conflictos, necesidades y capacidades de cada país. Un ejemplo de lo perjudicial que puede ser adherirse a la globalización en el marco normativo es el tratamiento de la justicia, ésta ha perdido su autonomía jurisdiccional. Muchos casos en materia penal de Colombia han reflejado que reina la autoridad de tratados internacionales, dejando a un lado el ordenamiento jurídico del país, e incluso el proyecto de vida de una sociedad: La Constitución Política.

En medio de tantas posibilidades tecnológicas que propone el mundo globalizado de hoy para hacer más digna la vida humana, contrariamente ha dejado a la deriva al individuo, lo ha marginado, y por ende ha aumentado la brecha social entre la pobreza y la riqueza. Prueba de ello es la necesidad de la sociedad latinoamericana de encontrar un Estado-Paternalista, el cual con su método asistencialista pueda suplir las necesidades básicas del ser humano. Nuestro continente está lleno de beneficios, ofrecidos por algunos líderes políticos que no han conducido hasta ahora a un buen fin, no han solucionan nada, y paradójicamente los marginados son más.

El Estado paternalista disfruta dar, ya que esto asegura no solo un nivel estándar de los pobres sino la continuidad de los ricos. Es el discurso y el escenario que más disfruta los líderes abanderados de “la lucha social”. Se han hecho gobernantes con las emociones de los pueblos, y hasta ahora no han logrado cambiar nada.

Varios Mandatarios de nuestro continente fueron astutos, se dieron cuenta que el fenómeno de la globalización generaría episodios de ausencia Estatal en la vida de la sociedad latina, y por ello emprendieron movimientos; progresistas, cívicos y socialistas. Con el fin de brindar una voz de “lucha social”. Con la investidura como jefes de gobierno determinados líderes latinoamericanos vendieron a sus administrados una perfecta propaganda publicitaria sobre las bondades de la igualdad de clases en nuestro continente. Los incautos se movilizaron, alzaron sus banderas, agitaron las plazas y se mostraron indignados ante el mundo por la inequidad que los rodeaba. Pero todo quedó en un emocional discurso, que solo ha servido para reelegir indefinidamente a ciertos presidentes de nuestro continente, sin obtener aún resultados favorables para la población en general.

Así las cosas, construyeron dentro de sus imperios castillos de mármol al mejor estilo de la globalización del poder, y bajo el mismo concepto regalaron como buen Estado paternalista casas de madera a los ciudadanos, para que se contagiaran de la conquista que genera la “igualdad de clases”. Todos tienen lo mismo aparentemente, pero siguen siendo los mismos ricos y los mismos pobres. Entonces de cuál “lucha social” hablan esos líderes políticos de Latinoamérica?

Lo que causa curiosidad es que quienes eligieron esta clase de líderes aún no se percatan que cada día siguen vendiendo sus derechos, contagiados por promesas populistas, han olvidado el verdadero valor de la dignidad humana, del Estado y de una sociedad justa y equitativa, todo por vociferar con trapos y banderas en diferentes escenarios “somos un Estado social”.

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