Pasarse hacia la grandeza

El clamor de quienes dicen “les duele Medellín” se mezcla con el nivel de su debate político, que parece degradarse cada día más. ¿Cómo solucionarlo?

Desde noviembre de 2019 ya se hablaba en redes de revocar al Alcalde Quintero. El pretexto llegó con la demanda a contratistas infractores de Hidroituango y la renuncia en pleno de la Junta Directiva de EPM. Así, “la empresa más querida de los antioqueños” pasó de ser «joya de la corona» a «manzana de la discordia».

A partir de ese momento, la narrativa que se pretende imponer es que el Alcalde “odia” al empresariado (al “alto empresariado”, para ser precisos); que por su origen humilde es un “resentido” y “advenedizo”; que es un “inepto” y que “improvisa” porque “no sabe gobernar”. Pero ¿quiénes son “ellos”?

Pues los representantes de esa élite política y empresarial que había dirigido a Medellín desde 2004, cuya llegada al poder fue saludada –por ellos mismos, cabe añadir– como “el fin de la politiquería” pero que demostraron ser aún peores. Al decirle “inepto, improvisador, advenedizo”, el mensaje implícito de tal narrativa es que “ellos” SÍ saben cómo hacerlo.

Con Fajardo llegó a la gerencia de EPM gente como Juan Felipe Gaviria, Federico Restrepo, Juan Esteban Calle y Jorge Londoño de la Cuesta, quienes beneficiaron a empresas que ellos mismos habían dirigido, o con las que tenían cierta cercanía, ya fuera para salvarlas de la quiebra o bien para fortalecer el crecimiento y riqueza de las mismas y del “alto empresariado”.

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Porque el “alto empresariado” ha hecho obras, sí; pero la mayoría ha sido con con dineros públicos y millonarios sobrecostos. Ha generado empleo, sí; pero esos empleos no han cambiado las realidades de las bases sociales de la ciudad. Recordemos que el “alto empresariado” de Medellín deriva el 77% de sus ingresos de actividades financieras y especulación con deuda pública. Los probemas que querían resolver no eran sociales, sino del mercado.

Hoy dicen que “les duele Medellín”, que el Alcalde “destruye la institucionalidad” (la construida por “ellos”, claro). Su pretendido “amor por Medellín” no se traduce en recursos que generen empleo que saque a la ciudad de la crisis generada por la pandemia; prefieren pagar millonarios avisos en medios, para torpedear la gestión del Alcalde y revocarle. Para volver a barajar y tener un mejor reparto.

Eso es lo que les duele; que tras 16 años de injerencia directa, se quedaron sin participación. Les “duele” no tener tajada. Que ya no cogobiernan, que no se les tiene en cuenta ni son consultados. Que, luego del empalme, no les volvieron a llamar. ¡Cómo se atreve!

Su fijación en la asignación de contratos a tal o cual equipo político demuestra el rasero que utilizan y su objeción principal: que el equipo político a tener en cuenta no sea el de “ellos”. Con Quintero, se les salió una enorme tajada del  régimen y eso no lo toleran; no toleran perder las prebendas que da el Municipio. Si de verdad les “doliera” Medellín, su solidaridad por la ciudad sería por convencimiento, no por interés.

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Es hora de abandonar los mezquinos intereses personales y procurar el bien común; salirnos de la pequeñez y mirar hacia el panorama de la grandeza. En la presente coyuntura, la ciudadanía se preocupa por lo fundamental: salud, empleo, vivienda, alimentación, bienestar. La gloria está en ser grandes.

Ejercer el noble arte de la política requiere de grandeza, cualidad que hoy parece olvidada. Si de verdad les preocupa Medellín, no estarían concentrados en revocar al Alcalde, sino en aunar esfuerzos para sortear la crisis de la pandemia. Eso sería una muestra de grandeza.

Si nos pasamos hacia el territorio de la grandeza, cambia la mentalidad.

La opinión del autor de este espacio no compromete la línea editorial de Minuto30.com

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