'Humanismo y Educación'

Papel periódico, papel de tienda

Por: Carlos Mario Cortés Rincón

No haré de estas notas una tragicomedia, no, pero espero que con ellas se identifiquen la mayoría de mis lectores, aunque creo que para algunas personas, menores de treinta años, las cosas que diga o afirme en este escrito les parezcan extrañas, raras y, en algunos casos, incomprensibles. Pretendo hacer una comparación “histórica” del cómo se envolvían las cosas en el pasado y cuáles son las envolturas más usuales hoy. Imposible desconocer que las cosas cambian al igual que las personas, de ahí que vuelva a reiterar mi desacuerdo cuando alguien asegura “que todo tiempo pasado fue mejor”, de mi parte considero que cada día trae su afán y que todo en su momento fue considerado como lo mejor y seguramente prestó algunos beneficios. Todos fuimos último modelo.

Recuerdo cuando era niño, años setenta, que todo era bello por naturaleza, el mundo artificial y postizo aún no nos había invadido, eran los tiempos en que la gente mercaba en plazas o tiendas de barrio con canastos (cestos), o costales de fique, en las carnicerías envolvían la carne, los huesos y todos sus derivados en papel periódico, lo mismo hacía el revueltero, empacaba los plátanos, las yucas, las papás y todas las verduras en papel periódico, era tan mágico ese papel, que sin importar las noticias allí escritas se utilizaba para madurar los aguacates, limpiar los vidrios y hasta para guardar la vajilla que no se usaba, porque mamá que se respetara guardaba en papel periódico platos y tazas bonitas para darle el algo a las visitas.

En mi memoria están las imágenes de cuando en las tiendas nos daban las cosas envueltas en un papel suave de color amarillento, más conocido como “papel de tienda”, en él nos daban la manteca, el cuarto de quesito, el salchichón, los huevos y muchas cosas más. En las panaderías nos daban todo en bolsas de papel. Ah, y en la escuela todo lo vendían sin envolver, un mango, un cono, los corozos y las papas “chorriadas” con hogao nos las daban en la mano, solo el cofio lo envolvían en un cucurucho de papel.

Como olvidar los litros de leche, no existían las bolsas, el palo de las cremas o paletas era eso, un palo de madera. Los platos para las fiestas de primera comunión eran de cartón, al igual que los equipajes de quienes viajaban del campo a la ciudad, sí, las maletas de mis tíos y primos que nos visitaban eran cajas de cartón. De mi casa recuerdo que las sillas eran de madera, al igual que el mueble del televisor grande a blanco y negro. Las gaseosas todas, sin excepción alguna, las vendían en envases de vidrio. Era una época diferente, ni el plástico, ni el icopor, como tampoco el papel aluminio y el tetra pack habían hecho su aparición en el mundo industrial y comercial.

Sin pretender ser ecologista, porque no lo soy, y, respeto la labor de quienes si lo saben hacer, no puedo negar que duele ver el planeta hoy invadido de plástico. Todo lo venden de plástico y en plástico, el árbol de navidad que antes era un chamizo envuelto en algodón, hoy es de plástico, la bacinilla de mi abuelo que era de peltre hoy las venden de plástico, triste pero cierto… carnes, frutas y hasta mandarinas en casquitos las venden en bandejas de icopor.

Como negar que compramos por comprar, las alacenas, de no pocas casas, están invadidas de cocas plásticas que poco o nada se usan, en fin parece que hoy hay más plástico que comida. Según informes de diferentes periódicos y revistas especializadas, nos estamos ahogando en un mar de plástico, esto porque cada año los seres humanos arrojamos un poco más de ocho millones de toneladas de este material, que tarda más de mil años es descomponerse, no sin antes hacer una daño inmenso a la naturaleza.

Preocupante que diferentes investigaciones estén encontrando micro partículas de plástico en un 90% de las marcas de sal más vendidas en el mundo. En otro estudio realizado en Austria, científicos de la universidad médica de Viena, encontraron rastros de diez tipos de plásticos en las materias fecales de personas de ocho países distantes y diferentes como Finlandia, Polonia, Holanda, Rusia, Italia, Japón, entre otros. Lo preocupante es que el plástico que invade nuestros cuerpos no es para nada beneficioso. Como son micro partículas y no las vemos, nos parece que no vale la pena, claro, solo vemos los animales estrangulados, ahogados y enredados en tanto plástico botado.

Yo pregunto, ¿de qué sirvieron tantos postgrados en Medio Ambiente, ofrecidos por las universidades en la década de los noventa, si cada vez estamos peor?, la verdad es que se acabó la moda del Medio Ambiente, es por esto que hoy escuelas, colegios y universidades andan en otro cuento y la sociedad hoy está más preocupada por los reinados de belleza en los que ya participan hombres y mujeres, que en salvar el planeta de tanta peste artificial. Soy un convencido que es desde la escuela donde se deben empezar a salvar los ecosistemas, si el niño aprende hoy, mañana aportará.