Pandemia, salud mental y familia

Por: Oscar Urquijo

Al mencionar y considerar la actual situación de Bogotá, podemos insistir en algunos puntos comunes sobre los que obligatoriamente se habla como la economía, la seguridad, la infraestructura vial, el desempleo, el narcotráfico, la justicia, la corrupción y un gran y lamentable etcétera. Sin embargo, creemos que debemos volvernos hacia lo básico en nuestra sociedad: las familias, que en definitiva son los núcleos en los que se gestan las acciones que pueden agravar o mejorar las condiciones de la sociedad.

La pre y post-pandemia, ha traído situaciones que han agudizado la problemática en mención en lo económico, social, cultural y político, que hacen más notorias las grandes deficiencias de nuestras características como país, como sociedad y como familia.

Y es aquí donde nos preguntamos qué pasa con las familias? Están las familias, desde su condición de eje y centro de la organización social, cumpliendo los mismos papeles de antes de la pandemia o si sus problemas se han agravado?. De acuerdo con los contactos que hemos tenido con nuestra comunidad en Bogotá, nos hemos dado cuenta que la situación si se ha agravado. Son muchas las familias que han resultado afectadas con situaciones de salud mental, violencia intrafamiliar y más aún, se ha detectado un aumento de consumo de sustancias psicoactivas por parte de la población juvenil.

Estas dinámicas tan complejas en los hogares se han recrudecido por la prolongada permanencia en el lugar de asiento del núcleo familiar, y en muchos casos agravada por la falta de empleo, incluso de alimentos y de elementos básicos para la convivencia que hagan más llevadera la estancia en el lugar de asiento de las familias.

Todo lo anterior ha convertido a los hogares en lugares complejos en dónde se evidencian enfermedades como la depresión, la ansiedad y el consumo de sustancias psicoactivas, así como también por el aumento de situaciones de violencia física y psicológica, o abuso intrafamiliar entre otras situaciones.

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Es indudable que el proceso de cambio que caracteriza a nuestra sociedad en todos los campos ha afectado la organización y estructura familiares. Hoy en día el intenso procedimiento de urbanización, la industrialización, los distintos roles de la mujer en el mundo laboral y profesional, la influencia de los medios de comunicación y las redes sociales, es en una u otra forma que han afectado la vida familiar originando alteraciones en su estructura y funciones, lo cual se observa en los nuevos comportamientos de los individuos que constituyen la familia tanto a nivel económico, social, sexual y afectivo.

Podríamos quedarnos en señalar que la solución del problema se basa en lo estructural y en lo macro, lo cual no es carente de verdad, pues tener un empleo, seguridad social, acceso a alimentos y servicios básicos es importante para una sociedad fuerte, que está inmersa en un Estado Social de Derecho. Pero también hay otros factores que atender y que son de la base más fundamental, nos referimos a las personas y su rol en las familias.

Por ejemplo, la salud mental y las situaciones de consumo de sustancias psicoactivas son problemas de salud pública y de educación, que deben ser abordados de manera integral, no solo desde la mitigación de los efectos, sino a través de la prevención y el fortalecimiento de valores convivenciales y socioemocionales de la sociedad, especialmente de su base primordial que es la familia.

Partiendo de la convicción de que lo mejor no es llenar los hospitales y centros de rehabilitación de pacientes con enfermedades mentales o afectados por el consumo de drogas como tampoco lo es poner a funcionar el aparato jurisdiccional, proponemos un modelo preventivo desde la salud y la educación para hacer prevalecer la salud emocional de las familias y proyectar una juventud fuerte desde el punto de vista socio emocional con gran capacidad de resiliencia y capaz de construir una mejor familia, una mejor ciudad y un mejor país

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En la actualidad, las cabezas de las familias cumplen múltiples roles como padres, y en el mejor de los casos, trabajadores que han asumido el rol de participar activamente, en la impartición de la formación académica y socio-afectiva de los jóvenes sin consideración a su propia formación, capacidad y disponibilidad de tiempo. En consecuencia, es necesario resaltar y hacer énfasis, en la importancia fundamental de una formación, desarrollo y estructuración de la personalidad y el aprendizaje social en y desde el hogar; la escuela, el deporte y el proceso educativo será el acto complementario de esa formación integral.

En este sentido, desde la convicción de la importancia que tiene la comunidad educativa, es decir, la comunidad que se forma por el vínculo alumno- escuela-familia consideramos que es esta comunidad uno de los principales actores llamados a gestar el cambio de la sociedad, desde la educación y la prevención para potenciar los conceptos de una vida saludable, libre de drogas, con valores y habilidades socioemocionales fuertes que nos permitan reconstruirnos como una sociedad saludable, resiliente, inclusiva y con valores arraigados, no olvidemos que “el hogar sano es aquel en el cual los niños y los adultos tienen los mismos derechos”.

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