Las distintas vacunas, su escasez en Europa y su utilidad ante las nuevas variantes del virus centran la atención de los países europeos en medio de la tercera ola de la pandemia, que presenta un ligero descenso de los contagios y del número de muertes.
Los casos de las nuevas variantes del coronavirus aumentan en Francia a un ritmo del 50 % cada semana, y en Portugal al 70-90 % semanal, según datos de las autoridades que, en el caso de las francesas, señalan que en este país “es menos importante” que en otros países que no habían tomado las mismas medidas para frenarlas, como restricciones en los desplazamientos internacionales, cierre de los grandes centros comerciales o aumento de las capacidades para secuenciar las muestras tomadas en los test de la covid.
Por su parte, el primer ministro del Reino Unido, Boris Johnson, afirmó que “no es práctico” cerrar “completamente” las fronteras contra la entrada de variantes foráneas del coronavirus y sostuvo que el sistema de cuarentena vigente es “uno de los más estrictos” del mundo. Cuestionado en el Parlamento por el líder de la oposición laborista, Keir Starmer, el jefe del Ejecutivo conservador descartó prohibir todos los viajes y llegadas internacionales al concluir que sería un impedimento para la importación de productos como alimentos y medicinas.
Suecia exigirá a partir del sábado un test de coronavirus negativo, realizado como máximo 48 horas antes, para poder entrar al país, dijo hoy el primer ministro sueco, Stefan Löfven ya que “las nuevas mutaciones del virus son preocupantes”.
La OMS dirige una reflexión con científicos de todo el mundo para establecer un sistema para asignar nombres neutrales a las mutaciones que van apareciendo, que hasta ahora son llamadas de acuerdo al lugar donde se identificaron inicialmente: “británica”, “sudafricana” o “brasileña”.
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