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Usar palma de cera para las procesiones en semana santa es un ¡Pecado Ambiental!

Por: Nicolás Albeiro Echeverry Alvarán

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Son decenas las campañas que se han desarrollado a lo largo del tiempo buscando promocionar el cuidado, la protección y la responsabilidad ambiental cuando se aproxima semana santa. Las alcaldías, las corporaciones autónomas regionales y las organizaciones ambientales, ven en la semana mayor toda una amenaza para la biodiversidad, puesto que, la gente en medio de su fervor religioso omite detalles importantes en materia ambiental y termina cometiendo siempre los mismos errores en medio de esta celebración católica.

A pesar de los esfuerzos, año tras año cuando llegó a la iglesia el domingo de ramos a celebrar la entrada triunfal de nuestro amado Jesús a Jerusalén, me estrello con la triste realidad de ver el templo al cual asisto, absolutamente repleto de cogollos o ramas de palma de cera, sí, la palma que nuestra nación catalogó como árbol nacional desde 1985 y que, desde entonces, se sigue usando sin reparo alguno en medio de estas festividades.

semana santa
Foto: Getty imágenes

Ahora bien, la palma de cera del Quindío, una especie única y con cualidades increíbles, habita en nuestro país y son famosas las postales e imágenes que se envían por todas las redes sociales a diario, en las cuales cientos de turistas se quedan sorprendidos con la belleza y la imponencia de estos árboles que se encuentran mayoritariamente, en el Valle del Cocora, en jurisdicción del municipio de Salento, en pleno corazón del eje cafetero.

Esta palma es única en su especie debido a sus condiciones; viven aproximadamente 200 años, demoran 80 años en crecer y ser palmas “adultas”, algunas pueden llegar a medir hasta 70 metros de altura, crecen en lugares exóticos donde usualmente no deberían crecer las palmas, pues se encuentran a más de 3000 metros de altura sobre el nivel del mar y generalmente las palmas crecen en regiones costeras, pero además de todo lo anterior, lo más importante de estas palmas, es que son claves para el equilibrio del ecosistema en el cual habitan, es decir, sin ellas, gran parte de la biodiversidad que habita en el Valle del Cocora, podría desaparecer.

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Lo que poco sabe la gente, que lamentablemente cae en este juego y compra palma de cera cada semana santa, es que este árbol, insignia nacional, se encuentra clasificado como una especie en peligro de extinción, y que actualmente, solo quedan un poco más de 2 mil ejemplares de estos en el departamento del Quindío. Debido a lo anterior, es que se promueven diferentes campañas para evitar su comercialización, puesto que, si existiera la conciencia ambiental colectiva para no comprar estas ramas de palma de cera, ante la nula demanda, la oferta caería por parte de sus distribuidores.

La palma de cera del Quindío, como señalaba unas líneas arriba, es fundamental para la conservación de su ecosistema, pues además de la belleza de sus hojas y su tronco firme, es el hábitat natural del loro orejiamarillo, una especie animal endémica de Colombia, es decir, propia y que solo se encuentra en nuestro país, que se alimenta de los frutos que produce la palma de cera y que, además, reside al interior de ellas.

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Así como el loro orejiamarillo, una pequeña y hermosa ave que necesita la palma de cera para vivir y que también está declarada en peligro de extinción, otras especies de animales, insectos y aves, también se alimentan de los frutos y las hojas de este majestuoso árbol, por lo que se hace más urgente, seguir generando conciencia y seguir promoviendo campañas que impidan que se siga atacando una especie natural en peligro por parte de la ciudadanía indolente.

En conclusión y como año tras año lo vengo haciendo desde hace aproximadamente 20 calendarios, quiero pedirle una vez más a toda la ciudadanía que no se preste para financiar y patrocinar esta barbarie ambiental que atenta incluso contra nuestros símbolos patrios. Que tu dinero no se vaya directamente a financiar a los grupos criminales que promueven la comercialización de esta palma, porque claro, quien promueva la venta ilegal de una especie en vía de extinción, está incurriendo en un delito ambiental que todos estamos en responsabilidad de señalar. Y también, quien apoye este tipo de iniciativas, a mi criterio, está cometiendo un pecado ambiental, paradójicamente, justo en plena semana santa.

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