Resumen: Al final del día, queda en evidencia que la táctica de rasgarse las vestiduras por la camiseta tricolor solo aplica cuando los votos van para el otro bando
Minuto30.com .- ¡Ah, la memoria en la política, qué fenómeno tan fascinante y conveniente! Resulta que la sagrada camiseta de la Selección Colombia ha pasado de ser una simple prenda deportiva a la protagonista del más reciente (y teatral) drama electoral.
Y claro, parece que la «indignación» por el uso de los símbolos patrios depende exclusivamente de qué sector político lleve puesta la tricolor.
El «feroz» reclamo de hoy
En un acto de absoluta y repentina preocupación por el reglamento de la FIFA y los símbolos nacionales, el candidato Iván Cepeda pegó el grito en el cielo en sus redes sociales. Su gran molestia radica en que su contrincante, Abelardo de la Espriella, y sus simpatizantes, decidieron salir a votar este domingo vestidos de amarillo, azul y rojo.
Según el candidato, que cuenta con el guiño del actual gobierno, esto es un escándalo mayúsculo:
«Su uso con fines electorales, particulares e ideológicos, es un acto claramente oportunista, cuyos efectos jurídicos se debe examinar».
El «calladito» de hace 4 años
Sin embargo, a la memoria de internet no se le escapa un pequeñísimo detalle histórico. Hace exactamente cuatro años, durante la campaña presidencial que llevó a Gustavo Petro a la Casa de Nariño, el actual mandatario no dudó en enfundarse la mismísima camiseta de la Selección para posar en tarimas y pedir el voto de los colombianos.
¿El nivel de indignación de Cepeda en aquel entonces por el «uso de símbolos nacionales con fines políticos»? Cero absoluto. Al parecer, en 2022 la camiseta de la Selección sí combinaba perfectamente con los ideales de campaña y «sí le lucía» a la izquierda, pero en 2026 repentinamente adquirió gravísimas «restricciones políticas». ¡Cosas misteriosas de la moda electoral!

Archivo.
El golpe de realidad (cortesía de la FCF)
Más allá de los reclamos de un lado para intentar frenar al otro, la propia Federación Colombiana de Fútbol (FCF) ya tuvo que salir a pincharle el globo a la controversia con un baño de sentido común:
La FCF no es la dueña de su clóset: Al ser una entidad privada, no tienen ninguna autoridad legal para prohibirle a un ciudadano ponerse la ropa que compró legítimamente en una tienda.
Votar no es un negocio: Mientras la camiseta no se use para montar una empresa pirata y lucrarse comercialmente, cualquier ciudadano colombiano es libre de ir a las urnas vestido como jugador de la Selección, de traje de gala o en pijama.
Al final del día, queda en evidencia que la táctica de rasgarse las vestiduras por la camiseta tricolor solo aplica cuando los votos van para el otro bando.
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