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Opinión

No hay muerto malo. Por Juan Manuel Jaramillo

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«Respetado» periodista, Alberto Salcedo. Con asombro, y algo de indignación, leí su columna del día 20 de Abril, publicada por el periódico El Colombiano, «GABO Y EL INFIERNO DE LA CONGRESISTA CABAL«.

Juan Manuel Jaramillo

Juan Manuel Jaramillo

Qué ligero es usted para juzgar a Maria Fernanda Cabal, al hacer esto no es usted diferente de aquellas langostas que impedirán que la otra escape del balde llevándola hasta el fondo de nuevo.

Antes que nada quiero dejar claro que el trino de la Congresista electa Maria Fernanda Cabal me pareció exagerado e irrespetuoso para con la familia del recién difunto. Sin embargo me parece que su columna no tiene lugar y busca usted un protagonismo a costas de una persona y un partido al que los medios disfrutan hacerle matoneo.

Otra aclaración que debo hacerle es que con entusiasmo leí varios libros de García Márquez, siendo Los 12 Cuentos Peregrinos mi predilecto. No obstante, su agradable literatura y su premio nobel, no son impedimento para entender la carencia de amor por Colombia de la que sufría García Márquez.

Quiero que sepa, «respetado» periodista, que en el trino de Maria Fernanda, no veo otra cosa diferente a un profundo dolor de patria, a la vez que un gran amor por Colombia. ¿Quiere que le explique el por qué? Con mucho gusto lo haré.

La congresista Cabal ha sido una aguerrida defensora de los derechos humanos desde hace mucho tiempo, no es como usted, una oportunista que llega a poner sobre la mesa el tema que seguro más vende en el momento, no. A ella le ha tocado vivir en carne propia lo peor de la guerra de nuestro país, ha recorrido a Colombia entera buscando testimonios y pruebas de los crímenes cometidos por la guerrilla y ha sido una abanderada de la defensa de las comunidades vulnerables, cómo por ejemplo la comunidad negra del Bajo Atrato a quienes las FARC, por medio de ONGs y violencia, han desplazado de sus tierras so pretexto de instalar una Zona de Reserva campesina, dónde no exista la autoridad y se dé vía libre al tráfico de drogas.

Seguramente usted de eso no sabía y no lo culpo, pues Maria Fernanda no es una persona que busca figurar en los medios y por el contrario trabaja incansablemente por estas causas humanitarias al igual que recogiendo testimonios de las decenas de miles de ganaderos secuestrados y/o asesinados a lo largo y ancho del territorio colombiano.

¿Le parece bien si le cuento que las unicas investigaciones sobre víctimas en el sector rural  las hizo Maria Fernanda y las publicó en el libro «Acabar con el Olvido»? Este libro lleva dos ediciones y hoy se constituye en la base de datos más completa que sirve de fuente de información a la unidad de justicia y paz de la Fiscalía General de la Nación con el propósito de esclarecer estos crimenes.

En ese trabajo con las comunidades negras le ha tocado vivir el asesinato de líderes cómo los Blandón padre e hijo y recientemente la “Crónica de una muerte anunciada” de Jesús Adán Quinto a quienes los medios poca importancia dieron. Hay razones y testimonios suficientes para investigar que tanta complicidad o incluso coautoría con las FARC en este asesinato, tiene la organización “Humanitaria” dirigida por unos curas.

¿Recuerda usted quien ha sido el eterno promotor de las FARC en Colombia desde su comienzo?, Fidel Castro, el íntimo amigo de García Márquez a quien además el escritor Colombiano colaboró con información de primera mano.

Creo que ahora usted podrá entender un poco mejor la profunda tristeza y desespero con el que la congresista Cabal escribió su trino.

Le hago una pregunta señor Salcedo. ¿Acaso no es tan ladrón el que roba, como el que sostiene la escalera? Haber vivido en Cuba y conocer los crímenes y torturas allí cometidos y callar ante el mundo hacen del Nobel colombiano un cómplice. Dice usted que él fue una persona de bien que jamás robó, ni asesinó, ni estafó. Puede que no lo haya hecho con sus propias manos, pero comulgaba con eso.

Por último, el escritor al que Maria Fernanda definió cómo “Indiferente con Colombia”, dejó escuelas y universidades en Cuba y México, no en Colombia.

Aracataca sólo sirvió como fuente de inspiración para hacerse rico con sus libros, sin embargo, no aportó ni un solo peso para mantener su casa cómo un museo o lugar turístico para generar algún ingreso para aquella pobre población. De hecho esta casa-museo permanece cerrada la mayor parte del tiempo porque no hay recursos para restaurarla y ha sido el mismo pueblo el que ha debido aportar dinero para, de alguna forma, mantenerla en pie.

¿No le parece que la congresista Cabal ha hecho mas por los campesinos de Colombia  con su programa «Una vaca por la paz», que ha entregado mas de 1.800 vacas preñadas a los mas pobres del campo?

Por último, frases como “No quiero saber nada de este puto país” me hacen pensar que tal vez Maria Fernanda Cabal tiene toda la razón.

En hora buena por la elección de esta aguerrida congresista que, con seguridad, dará mucho de qué hablar. @JuMaJaRa

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