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Mourinho durmió en Madrid. Y dejó plantado a San Siro

«El Madrid es un club grande que quiere ganar cosas, pero las cosas no se ganan con la camiseta. Ni con el dinero. Para ganar hacen falta mentalidad, disponibilidad y ganas de ser un equipo, de querer trabajar todos juntos, desde el cocinero hasta el utilero. Como una familia. Esto es lo que hemos hecho en el Inter: ser una gran familia». Lo dijo papá José Mourinho el sábado en el Bernabéu. La cara de hecho polvo, casi fantasmal, y los ojos aún llorosos. Pues a esa familia la abandonó una hora después de levantar la Copa de Europa.

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Celebracion triunfo Inter San Siro

«El Madrid es un club grande que quiere ganar cosas, pero las cosas no se ganan con la camiseta. Ni con el dinero. Para ganar hacen falta mentalidad, disponibilidad y ganas de ser un equipo, de querer trabajar todos juntos, desde el cocinero hasta el utilero. Como una familia. Esto es lo que hemos hecho en el Inter: ser una gran familia». Lo dijo papá José Mourinho el sábado en el Bernabéu. La cara de hecho polvo, casi fantasmal, y los ojos aún llorosos. Pues a esa familia la abandonó una hora después de levantar la Copa de Europa.

Aspecto del estadio de San Siro para celebrar el triunfo del Inter- REUTERS

El técnico portugués no se subió al autocar del equipo para ir a Barajas y de allí despegar hacia Milán. La orejona estaba sentada en la primera fila, con el cinturón de seguridad puesto. Pero sin uno de sus artífices. «El míster no ha venido», dijo Materazzi ¿Y dónde está? «Y yo qué sé. Ve a buscarlo», espetó. Apenas dos horas antes se abrazaba a sus chicos, emocionado, en el césped. En la sala de prensa dijo que se marcharía con ellos a casa.

No. Mourinho durmió en Madrid. Y dejó plantado a San Siro. Más de 40.000 hinchas aguardaban la llegada de los jugadores con la Copa. Eran las cinco de la madrugada y amanecía cuando la plantilla pisó el campo. Mourinho se lo perdió. Se reunió con Jorge Mendes, su representante, y ayer a las siete de la mañana -cinco horas después que el equipo- voló a Milán. Con Mendes charló de temas propios de un futuro entrenador del Madrid. Mostró su preocupación por la cantera blanca -en el Inter ha unificado los métodos de trabajo del primer equipo y del filial- y por la infravaloración de Higuaín. Repitió el aprecio que tiene a Milito por su versatilidad y comentó que no hará falta un gran desembolso para los refuerzos.

«Será un enorme desafío jugar una Liga contra el Barça porque es un equipazo», declaró ayer a la cadena lusa TVI dando por hecho su fichaje por el Madrid. Además, restó importancia a quienes vaticinan que fracasará: «Dicen que mi perfil no es el del club o que el club no tiene el perfil que creo que debe tener».

Massimo Moratti dijo que el futuro del Mourinho se decidirá hoy, pero Mourinho ya lo tiene decidido. El presidente del Inter hasta le ha ofrecido una mejora: de nueve millones pasaría a cobrar 12. El Madrid, en cambio, empezará hoy las conversaciones con el club italiano y pretende anunciar el fichaje a finales de semana. Algo que Mourinho ya ha oficializado a su manera. Eso sí. Mientras el Madrid se mantenía callado, él se ha encargado de todo lo demás. Dejarse querer, marear, hacer declaraciones cada cual más contradictoria hasta el anuncio final, el del sábado, después del partido contra el Bayern. «Me voy, me he cansado de Italia. El Madrid es el único club que me ha buscado», dijo. La tarea ha sido larga y Mou ha ido marcando los pasos. El camino empezó hace un par de meses.

Primero, con que si el calcio no le quería. Luego, con que algún día entrenaría al Madrid porque es hombre de «desafíos difíciles» y nunca se ha quedado demasiado tiempo en el mismo equipo. Después de conseguir el scudetto, con que si era mentira que tenía pie y medio en el Madrid. «Tengo los dos en el Inter… y sólo pienso en la final de la Champions. Cuando termine, me tomaré un par de días para mí y valoraré qué es lo que me hará más feliz», dijo a pie de campo en Siena.

Una vez en Madrid -el equipo llegó el miércoles- apenas habló del Bayern. Y esta vez no era la clásica estrategia que utiliza para que sólo se hable de él y el equipo trabaje sin presión. Ya se sentía como en casa. Confesó que conoce la historia de los blancos, además de los vestuarios del estadio Alfredo di Stéfano (donde se entrenaron el viernes) y que con «objetivos claros e instrumentos trabajaría en cualquier país» y que no es tan special para dar consejos a nadie. «Pero, si alguien me los pide, le diría que no se pasara toda la vida en el mismo campeonato. Salir y cambiar enriquece».

En el Oporto aguantó dos años y medio y ganó siete títulos, entre ellos, la Copa de Europa. En el Chelsea duró dos y un mes y levantó seis títulos. En el Inter ha durado dos lo mismo y ha levantado cuatro. Curioso, con el Madrid quiere negociar un contrato por tres temporadas. A Moratti le preguntaron qué le parecía que su entrenador se hubiese pasado la semana hablando del Madrid. Desvió el tema: «Espero que sus lágrimas no fueran de culpa». Ayer sí habló: «Yo nunca he hablado con él sobre su futuro. Es un gran profesional, pero no ha elegido bien los tiempos. Yo me he enterado por los periódicos…».

Quizás no fueran de culpa las lágrimas de Mourinho. Las de Zanetti cuando se fundió en un abrazo con el técnico eran las de un adiós. Y lo que le repitió al oído [«sei un grande«] también. El capitán lleva 15 años en el Inter. Llegó en 1995, ganó una UEFA en 1998 y nada más hasta 2006. Pero se quedó. Por entrega, el argentino habría congeniado con Helenio Herrera. Cuando HH ganó la Intercontinental en el Bernabéu en 1964 (0-1) le dijeron que Chamartín no estaba acostumbrado al catenaccio. «Si en este estadio juegan los mejores, deberían habernos ganado en Viena [la Copa de Europa que el Madrid perdió contra el Inter]», contestó. Así era Helenio. «Me voy, me he cansado de Italia. El lunes hablaré con Florentino Pérez». Así es Mou.

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