Migrantes toman la ruta por el Pacífico para evitar la peligrosa selva de Panamá

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El jefe de Misión de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Panamá, Santiago Paz, en una fotografía de archivo. EFE/Carlos Lemos

Ciudad de Panamá, 21 nov (EFE).- Grupos de migrantes que viajan hacia Norteamérica han comenzado a tomar una ruta por el Pacífico para llegar a Panamá evitando así la peligrosa selva del Darién, su frontera natural con Colombia, aunque esta alternativa también presenta un «riesgo considerable».

«La travesía (por el Pacífico) entre Colombia y Panamá debe hacerse por mar, en embarcaciones pequeñas que normalmente no están adaptadas a la cantidad de personas migrantes que transportan», explicó en declaraciones a Efe el representante de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) en Panamá, Santiago Paz.

Además, dijo Paz, las «autoridades panameñas reportan que las condiciones del mar en esa parte del golfo presentan un riesgo considerable para ese tipo de embarcaciones».

«En estos momentos no hay una infraestructura de respuesta constante para personas migrantes en la comunidad de Jaqué», a la que llegan los migrantes por esta ruta marítima del Pacífico, «lo que puede presentar un reto considerable para brindar atención inmediata a aquellos que necesiten de asistencia de emergencia», agregó el funcionario internacional.

Según los datos oficiales panameños «entre mediados de año y principios de noviembre de 2021 un aproximado de 900 personas migrantes han entrado por la comunidad de Jaqué, que ha sido referida como la ruta del Pacífico», precisó Paz.

Es aún un número muy pequeño comparado con los más 121.000 migrantes en movilidad —una cifra histórica— que entre enero y octubre pasado entraron en Panamá en su viaje hacia el norte, usando predominantemente la ruta del Darién, de acuerdo con las cifras oficiales.

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EVITAR LOS PELIGROS DE LA JUNGLA

El Darién, que ha sido utilizado durante años por personas procedentes de todas partes del mundo que viajan irregularmente hacia Estados Unidos, es considerada una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo.

Las autoridades panameñas registraban hasta septiembre pasado la muerte de al menos medio centenar de migrantes. A finales de ese mes una decena de ellos, incluyendo menores, murieron ahogados en un río, según la información oficial disponible.

Pero en realidad no se sabe con certeza cuántos han muerto en la selva víctimas del entorno salvaje o a manos de los grupos criminales que usan el Darién desde hace años para el tráfico de drogas, de armas y de personas.

«Las personas migrantes optan por la ruta del Pacífico, a la comunidad de Jaqué, presumiblemente para evitar los riesgos reportados en la ruta tradicional, a través de la selva hacia la comunidad de Bajo Chiquito», dijo Paz.

Según datos publicados por el diario panameño La Prensa, llegar a Jaqué desde el área de Playa Ostial cuesta a los migrantes unos 220 dólares.

«Aunque les cueste más (dinero) evitan recorrer entre cinco y siete días y arriesgar sus vidas debido a la crecida de los ríos» en la selva, dijo el jefe de la Brigada de Panamá Este del Servicio Nacional de Fronteras (Senafront), Feliciano Grajales, indicó el rotativo.

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El representante de la OIM afirmó a Efe que los grupos de migrantes que han llegado a Jaqué han sido auxiliados por Senafront y transportados hasta las Estaciones de Recepción Migratoria (ERM) que instaladas por el Gobierno «con el acompañamiento de la OIM y la cooperación internacional» en poblados cercanos a la selva.

LA MIGRACIÓN ES UN FENÓMENO CAMBIANTE

La posibilidad del cambio de rutas migratorias «no resulta imposible o una sorpresa absoluta», pues la migración es un fenómeno «cambiante y las respuestas ante crisis migratorias como las que atraviesa Panamá en su frontera sur necesita de respuestas adaptables», dijo Paz.

«Nuestro enfoque en estos momentos es continuar nuestro monitoreo basado en evidencias, brindar nuestro acompañamiento a la respuesta que brinda el Gobierno de Panamá a los flujos extra regionales en las estaciones de recepción migratoria, continuar con el fortalecimiento de la respuesta humanitaria en Darién, y fomentar el desarrollo en las comunidades de acogida en la provincia», afirmó.

Panamá es la entrada a Centroamérica. La actual ola migratoria la componen en su mayoría familias haitianas, muchas de ellas procedentes de Chile y Brasil, donde se habían asentado tras el terremoto que asoló la isla en 2010, aunque también hay personas procedentes de Cuba, de países suramericanos, africanos y asiáticos.

Octubre pasado «fue un mes récord en el cruce de personas migrantes a través del Darién, 29.604 personas de acuerdo al número del Servicio Nacional Migración» panameño, dijo Paz.

Giovanna Ferullo

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