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Opinión

Mi vocación periodística

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Gustavo Salazar Pineda

Invitado a escribir una columna semanal por los directivos de este periódico virtual, Mauricio Tobón Franco y Jorge Pareja Castaño, acepto gustosamente el reto de emprender un nuevo oficio, el que por vacación me he propuesto desde mis años de mocedad.

Gustavo Salazar Pineda

Mi vocación periodística nació en mi época colegial, cuando cursaba el bachillerato en mi pueblo natal, El Santuario. Mis profesores Nevio Ospina Zapata, Benjamín Valencia Ocampo (q. e. p. d) y José Luis Posada Usme, me animaron a escribir mis primeros artículos periodísticos en la clase de español y castellano, los viernes teníamos una hora dedicada al centro literario. Con mi compañero Domingo Escobar Gómez, hicimos libretos humorísticos para un cómico radio periódico al que llamábamos el Chumbiabo, don Benjamín hubo de aportar lo suyo en la cátedra de filosofía, y fue José Luis Posada Usme, quien conjuntamente con Orlando Vásquez Aristizábal y Antonio Zuluaga Gómez, me dieran el empujón final para escribir una columna en el periódico en nuestro colegio San Luis Gonzaga, que se llamaba el Liceísta.

A la par con la carrera de abogacía, al culminar mis estudios de secundaria, indagado por nuestro rector con miras a ser proclamada nuestra carrera a seguir, al recibir el título de bachiller en el acto público di como primera opción el periodismo como mi carrera del futuro, la del derecho y leyes, la segunda. La vida, por circunstancias ajenas a mi voluntad y misteriosa y caprichosa como es, me llevó afortunadamente por los senderos de la abogacía en el ramo penal.

Recientemente mi primo Jairo Salazar Serna, recuperó aquel documento utilizado por la directivas del plantel donde egresé como bachiller, en el cual consta que en plena adolescencia quería se periodista. La llamada profesión más bella del mundo por Albert Camus la he ejercido muy espontáneamente, apenas si he escrito algunas columnas para revistas y periódicos.

En el último tercio de mi vida, a la manera de los buenos toreros, me dispongo, con disciplina y dedicación a ejercer, paralelamente con mi ejercicio profesional del derecho penal y la escritura de ensayos, y hermoso y gratificable oficio del periodismo.

Espero no ser pretencioso al denominar mi columna con el nombre de faro. Lo hago con la consciencia plena de lo que nos ha enseñado Jacques Bainville acerca del verdadero trabajo del periodista, dice Bainville que el periodista debe sobre todo y antes de todo, instruirse para escribir, y agrega el eximio y culto escritor manizalita Silvio Villegas que: “El periodista auténtico es el que se siente capaz de dirigir la opinión ilustrada de un pueblo”.

Y para ejercer esta bellísima profesión ha de atenderse, igualmente, las enseñanzas del pensador chino Confucio, acerca de los debates del letrado: “El letrado vive con los hombres de la época y reflexiona con los antiguos. Obra según su siglo, las edades venideras deben imitarlo …. No busca ni fortuna, ni distinción …. en épocas apacibles es digno, en épocas turbulentas, incorruptible …… no acepta ni ministerios, ni magistraturas, tal es su regla”.

Por ello, aspiro a mantener mi columna mientras más pueda y tratar en ella, múltiples y variados temas, no sólo de la justicia, que es mi especialidad, sino de otros que tienen que ver con la condición humana.

Politemática, variada y amena, aspiro que sea mi columna en atención a la enseñanza del maestro de la pluma que fuera el leopardo manizalita Silvio Villegas: “No se puede ser buen periodista, sino cuando se tiene la locura de conquistar almas”.

Algunos genes periodísticos debo haber heredado de mis antepasados santuarianos, Filemón de Jesús Gómez Salazar y Alberto Pineda Gómez, ilustre varones, maestros de la palabra.

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