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Medellín: entre el viejo y el nuevo modelo

Santiago Preciado redes 1200 x 720

Tal como ocurriría durante 1933, siendo este el preludio de la Segunda Guerra Mundial de la lucha más grande que ha vivido la humanidad entre el nazismo y el fascismo contra la democracia, la España de ese entonces fue la antesala de ese conflicto histórico que de cierto modo le puso freno al oscurantismo nazi para que no se asentara en toda Europa.

De manera similar, guardando las proporciones históricas, en la ciudad de Medellín hoy se libra una batalla democrática que permitirá a la ciudadanía la posibilidad de elegir si quiere continuar con un modelo oscuro de país que carga con más de 200 años de conflicto político, social y armado y con casi 50 años de paramilitarismo y barbarie. Un conflicto fratricida que involucra a una cantidad incontable de campesinos y campesinas pobres en la guerra. Un conflicto en el que todos de una u otra manera han sido víctimas directa o indirectamente. Un conflicto que perpetuo un modelo que destaca por su falta de garantías para la dignificación de la vida. La otra opción a elegir es un modelo de apertura democrática, con la posibilidad de construir un país diferente donde se respeten los derechos, la vida y las diferencias de todos y todas.

Medellín es ese lugar en el que hoy se libra lo que podría ser la batalla inicial por elegir una ruta de país diferente a la que hemos estado condenados y condenadas a vivir. Es Medellín el centro del debate en el que se define la posibilidad de construir un país más democrático, con la posibilidad de hacer justicia para que las personas de todas las clases, estratos, credos e identidades sexuales y culturales puedan gozar de derechos que dignifiquen la vida.

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En esta ciudad, que puede marcar el tiempo de la esperanza, se ha venido avanzando con muchas dificultades en la garantía de derechos que han sido un privilegio para pocos. Un ejemplo de esto es la Matricula Cero, la cual significa la posibilidad de que los y las jóvenes más vulnerables, estudiantes de las universidades públicas de nuestra ciudad, puedan estudiar gratis. Además se vienen creando estrategias para mejor la vocación productiva e industrial de la ciudad, de manera que estas puedan generar condiciones de trabajo digno y de esta forma comenzar a igualar la cancha entre los menos y los más favorecidos.

La pelea entre ese viejo país sombrío y el nuevo país que intenta nacer, se desarrolla ahora en Medellín. Es una lucha definitiva por el modelo de sociedad que vamos a construir en los próximos 200 años. Estamos en un momento decisivo en la carrera para definir si le entregamos Medellín a ese modelo de país machista, patriarcal, que excluye al pobre y le oprime (y que lo concibe como que es pobre porque quiere) o un modelo democrático, incluyente, progresista y pacifista.

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De Medellín queremos y deseamos otra cosa. Queremos que sea el laboratorio donde se construyan modelos de ciudad y de país distintos. Una ciudad mejor para todas y todos. Una Medellín donde la democracia se construya día a día, y las y los cuídanos participen de manera decidida en ella. Una Medellín para la educación, para el trabajo, para las oportunidades, para la dignificación de la vida en los barrios populares. Una Medellín para la vida digna. No queremos una Medellín que se consolide como la tumba de la democracia, el progresismo, el arte, la ciencia y el ecologismo que protege todas las formas de vidas.

El viejo modelo es el “freno de manos” del cambio inminente. El nuevo modelo es el “acelerador” hacia la Medellín del futuro.

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Historiador y Magíster en Estudios Políticos de la Universidad Nacional de Colombia; Catedrático de la UN; Su trabajo académico y profesional se ha enfocado hacia la innovación social y el barrismo como movimiento Social. En los últimos años se desempeñó como subsecretario de Planeación del Desarrollo Local y Presupuesto Participativo y actualmente en la Subsecretaría Técnica de Inclusión Social