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    miércoles 29 - enero 2020

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    Medellín, un territorio: dos realidades. Por Jaime Alberto Mejía Alvarán


    Jaime Alberto Mejía Alvarán

    Desde los inicios del siglo XX nuestra tierra antioqueña se caracterizó por su capacidad de crecimiento empresarial, gracias a la consolidación de importantes empresas textiles que marcaron la dinámica económica de la ciudad con una visión prospectiva y con gran capacidad de crecimiento para los tiempos venideros.

    Jaime Alberto Mejía Alvarán
    Jaime Alberto Mejía Alvarán

    Lo anterior trajo consigo bastantes avances desde el punto de vista de infraestructura urbana, pero de igual forma dicho crecimiento incentivó la migración de muchas personas de otros municipios y departamentos con la ilusión de buscar nuevas oportunidades laborales y de proyección económica dentro de esta urbe. Desde esta perspectiva, la ciudad creció de manera acelerada triplicándose el índice poblacional por lo que trajo consigo una serie de problemas que hoy vienen cobrando sus consecuencias.

    Aunque los recientes gobiernos han hecho grandes esfuerzos por avanzar en el desarrollo local, en la actualidad, la ciudad tiene que enfrentar grandes desafíos en la reducción de la desigualdad social, la contaminación ambiental, la recuperación y reorganización del crecimiento urbano. Sin lugar a dudas, uno de los principales problemas es la convivencia, la cual carece de todo sentido axiológico por esa falta de respeto a la dignidad humana, que se refleja en el crecimiento de la inseguridad y el aumento de la criminalidad. Para nadie es un secreto que con el paso del tiempo la ciudad se ha ido convirtiendo en un lugar atrayente para el narco­turismo, el cual en complicidad con algunas empresas que se dedican a esta clase de servicios incentivan la apología al delito que no hemos podido olvidar desde la década de los 80…

    Todo este oscuro panorama permite aseverar que Medellín ocupa dos vergonzosos lugares que contrastan con la imagen que nos venden las cifras oficiales: la primera de ellas es ser la ciudad más desigual de Colombia, debido a sus índices de pobreza que alcanzan más del 22% y la segunda es que se encuentra dentro del grupo de las ciudades más contaminadas de América Latina. Esto sin contar el recrudecimiento del conflicto urbano debido al control territorial por parte de los grupos ilegales, que según estadísticas de las autoridades locales operan alrededor de 239 grupos delincuenciales que mantienen el control territorial sobre las 16 comunas y 5 corregimientos de la ciudad de Medellín. Este control ha llegado a tal magnitud que expertos y analistas señalan que los casos de extorsión alcanzan casi el 90% de los establecimientos de comercio.

    Según lo han denunciado algunos comerciantes de la ciudad, concretamente de negocios pequeños como tiendas o supermercados, los grupos delincuenciales controlan la venta de productos de la canasta familiar en algunas comunas de la ciudad para lucrarse, permitiendo la venta de marcas específicas. A esto se suma la terrible presencia de las muertes violentas en diferentes escenarios, según informes de la Personería de Medellín, en la ciudad hay alrededor de 320 personas desaparecidas muchos de estos casos obedecen a esa violencia entre “combos”, la cual se da con amenazas e intimidaciones, desapariciones que se gestan en casas de tortura donde los cuerpos son desmembrados yendo a parar, algunos de ellos, a las escombreras, al río o en bolsas que se confunden con cúmulos de basura en alguna calle de un barrio, es una realidad que aún nos negamos a asimilar.

    La otra realidad es la ciudad innovadora con grandes obras de infraestructura con grandes construcciones de desarrollo urbano concentradas la mayor parte en los estratos altos de la ciudad, y mientras esto sucede, la ciudad del sur es indiferente a la ciudad del norte, entre ambas se destruyen; una por sus acciones y otra por su indiferencia, pero ambas conviven en dos realidades dentro de un mismo territorio que ayudan a ensanchar cada día más la brecha de la desigualdad social. Por lo anterior, quiero terminar con una frase de Nelson Mandela “La pobreza no es natural, es creada por el hombre y puede superarse y erradicarse mediante acciones de los seres humanos. Y erradicar la pobreza no es un acto de caridad, es un acto de justicia”.



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