Medellín, aún mucho por hacer

Por: Albert Yordano Corredor Bustamante

Los Medellinenses nos hemos caracterizado históricamente por nuestra pujanza, capacidad de resiliencia, inagotable tenacidad, pero especialmente por el orgullo y amor que sentimos y expresamos por nuestra tierra, por nuestro pueblo, por nuestra ciudad. Sin embargo, amor no quita conocimiento y todos en el fondo sabemos que la nuestra es una ciudad con grandes dolores. Escuchar a un Paisa hablar de los problemas estructurales que aquejan a Medellín y su correlación directa con la inequidad y la desigualdad hoy rampantes en la ciudad no es frecuente.

La reducción de la desigualdad en Medellín, consistente desde 2010, se estancó en 2017. El 22% de los medellinenses en 2021 se considera pobre. Desde 1995, nuestro desempleo ha sido mayor al promedio nacional. Sólo el 45% de nuestros jóvenes continúan sus estudios luego de terminar el bachillerato.

Pese a la transformación social y la inversión en infraestructura, movilidad, cultura, arte y tecnología, la inequidad en Medellín va en aumento. Entre 1995 y 2011, el Índice de Calidad de Vida en la ciudad mostraba una diferencia de 45 puntos entre los sectores con mayor y menor índice. Un estudio de ONU-Hábitat (2014) mostraba a Medellín como la ciudad más inequitativa de Colombia y una de las más inequitativas del mundo. Reducir esta brecha ha requerido enormes esfuerzos y la desigualdad pasó del 0,55 en 2010 al 0,52 en 2017, estancándose hasta febrero de 2020.

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De igual manera la pobreza monetaria va en aumento: de 921.111 personas en esta situación en el año 2017 en Medellín se llegó a 1’225.526 en 2020 y el porcentaje de mujeres en esta situación pasó del 17% al 22% en los últimos cinco años. En 2020 la tasa de desempleo en Medellín llegó al 21,6% mientras que en Colombia fue del 21,4%.
Aunque la pandemia agravó la situación, lo cierto es que desde 1995 el desempleo en Medellín ha estado por encima del promedio nacional, incluyendo Bogotá.

En 2010 el desempleo era de 14,3% mientras que en el país fue de 12,8%; en 2012 bajó al 11,7% (Medellín) y 9,5% (Colombia); en 2016 bajó al 10,7% en la ciudad y 9,2% en el país y en 2019 había subido a 12,7% en Medellín vs. un 10,8% en Colombia. Los datos indican que esto no es algo coyuntural sino estructural.

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La educación sigue siendo un privilegio reservado a unos pocos. Desde 2011, la cobertura en educación superior en Medellín aumentó del 18% al 36% pero el acceso sigue siendo desigual: mientras en El Poblado ocho de cada 10 jóvenes va a la U, en El Popular y Santo Domingo sólo dos de cada 10 continúan estudiando luego del bachillerato.

Aunque la meta de acceso a la educación postsecundaria es del 53,82%, desde 2017 la meta se estancó en 45%.
Esto debe cambiar. La transformación social de Medellín seguirá avanzando si continuamos generando oportunidades ante los grandes desafíos que nos esperan.

Además de reducir la pobreza y desigualdad, sentar nuevas bases para el crecimiento económico y universalizar la educación, se suman dos retos exacerbados por la pandemia: disminuir la violencia intrafamiliar y atención oportuna en salud mental. En Medellín hemos hecho mucho, pero aún falta mucho por hacer.

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