Estas elecciones, quizás las de pronóstico más reservado de los últimos años, son un juego arriesgado en el que el candidato del Partido de la U se siente a sus anchas. No en vano es un audaz jugador de póker que aplica las reglas de ese juego a su vida.
Hace diez años, en medio de la más dura crisis económica en décadas, el país quedó estupefacto cuando Juan Manuel Santos le aceptó el Ministerio de Hacienda a Andrés Pastrana. El asombro se volvió pánico cuando, a lo Churchill, sólo ofreció “sudor y lágrimas” y mutó rápidamente en odio jarocho ante la presentación de una durísima reforma tributaria que tocaba el bolsillo de todos los colombianos. Consciente de su impopularidad, pero decidido a darse la pela, siguió machacando: “reforma o catástrofe”, y aguantó el chaparrón.
La reforma pasó en el Congreso en medio de críticas y un audible crujir de dientes. Semanas después, maltrecho pero aliviado, el país reconoció que Santos tenía razón.
Había adquirido ese tesón y esa capacidad de afrontar huracanes en la Armada Nacional, adonde llegó después de oír la provocadora sentencia de su abuelo, Enrique Santos Montejo (Calibán): “Mijito: en la vida, como en los toros, hay que tener cartel”. Juan Manuel entendió que no bastaba ser un Santos de El Tiempo, con todas sus adehalas y privilegios, y se dedicó a forjarse una férrea disciplina.
Aprendió que “la constancia vence lo que la dicha no alcanza” y adquirió una sólida formación académica en varias de las mejores universidades del mundo. Abandonó el periódico donde había aprendido de política, ejerció el arte del manzanillismo y logró, contra todo pronóstico, ser elegido Designado a la Presidencia.
Sudando la camiseta en tres Ministerios exitosos -Comercio, Hacienda y Defensa- logró superar el margen de error en las encuestas y hoy se disputa nariz a nariz con un profesor universitario el triunfo en las elecciones más interesantes en muchos años, porque si bien Santos es el ungido de Uribe, por estos días tendrá que hacer de equilibrista para no cometer errores porque, según las encuestas, para la primera vuelta Antanas Mockus le estaría respirando en la nuca dentro del margen de error y le ganaría en la segunda por una buena ventaja.
¿Usted permitiría que sus hijos, como lo hicieron los de Uribe, hicieran negocios lícitos durante su gobierno?
-No quiero calificar lo que hicieron los hijos del presidente Uribe. Son ciudadanos y estaban en su derecho. En mi caso, espero que mis hijos no hagan negocios.
Esa es una respuesta muy aguada y contradictoria.
-No. Es que usted no logrará ponerme en posición de crítica al Presidente ni a sus hijos.
Pues medio país los criticó.
-Yo hago parte del otro medio país que apoya al Presidente.
¿En todo?
-Prácticamente en todo.
¿En qué no lo apoya?
-No, no me ponga a pelear con el Presidente, que no lo va a lograr.
Ya veo. ¿Es cierto que José Obdulio Gaviria es su consejero y está trabajando en su campaña?
-No entiendo por qué ahora en todas las entrevistas me preguntan por José Obdulio. La respuesta es no, no es consejero de mi campaña.
Uribe ganó porque le declaró la guerra al Caguán y a la guerrilla. ¿Qué tema cree que le daría hoy el triunfo a un candidato?
-El que le dé tranquilidad de que lo que el presidente Uribe ha construido no se va a destruir. Y saber que tiene conocimiento y experiencia tanto en el tema de seguridad como en el económico.
Muchos lo tildan de continuista, con una connotación negativa. ¿Lo es?
-El país elegirá a quien garantice continuidad en el rumbo marcado por el presidente Uribe, porque sabe que no puede arriesgar un estancamiento o un retroceso, que dilapidarían la enorme inversión hecha en tiempo y presupuesto y, sobre todo, en vidas. En ese sentido soy continuista, pero también trataría de mejorar muchas de las cosas que se han hecho y de llenar muchos de los vacíos que todavía hay en este país porque, como lo dice el Presidente, falta muchísimo por hacer.
¿Lo trasnocha Mockus y lo que se ha calificado como el ‘Tsunami Verde’, que ya lo sobrepasó?
-Hay que ver esto como una carrera de caballos en la que quien que va de primero tiene que fijarse en la meta y en cómo llegar antes que los demás, porque si se pone a mirar para los lados o para atrás, de pronto se cae del caballo.
Dicen, con retintín crítico, que usted es un gran jugador de póker. Sin embargo, presidentes de la talla de Roosevelt y Truman eran grandes pokeristas. ¿Cómo maneja el riesgo en el juego?
-Ese es un juego que combina elementos que también son importantes en la vida cotidiana: conocer y respetar las reglas de juego, saber valorar el temple de los contrincantes, tener suerte, saber cuándo arriesgar y cuándo no, y no olvidar nunca que si se arriesga demasiado y sin suficiente información o elementos de juicio, se puede perder todo; pero también hay que saber que si no se arriesga nunca, nunca se gana.
Como no creo que usted sea un ‘clon’ de Uribe, como han dicho de “Uribito”, me gustaría saber qué lo diferencia.
-Somos diferentes en la forma, pero tenemos una visión muy parecida del país que queremos: sin guerrilla, sin narcotráfico y en paz, democrático, equitativo y próspero, con juego en el ámbito internacional, donde la gente pueda mirar el futuro con mucho más optimismo.
Según encuestas, en estas elecciones el tema de la seguridad ha pasado a un segundo plano.
-Hoy, otros problemas prioritarios son el empleo (en el que va implícita la economía) y la lucha contra la pobreza.
En mi carrera periodística he entrevistado a varios presidentes. Todos ofrecían grandes cifras de empleo y ninguno pudo cumplir. ¿Cómo lo logrará?
-Como el empleo no se da por la mano invisible de Adam Smith, tenemos un conjunto de políticas para hacer crecer la economía a tasas más altas, condición necesaria para combatir el desempleo y la pobreza. Hemos identificado cinco locomotoras, lo que llaman los economistas ‘fuentes de crecimiento’, a saber: a) el campo colombiano; b) la vivienda de interés social; c) la infraestructura. En cuarto lugar están la minería y los hidrocarburos que son una locomotora que ya está marchando a todo dar.
Pero esa no crea empleo…
-Pero ya está marchando, de modo que no hay que meterle mucho vapor. En quinto lugar está la innovación, la productividad de la economía, que en el caso colombiano es muy baja. Esas cinco locomotoras jalonan unos vagones donde está concentrado el 60 por ciento del empleo, que son los servicios y el comercio.
¿Cuáles serían las medidas puntuales?
-Un solo ejemplo: reformaremos el pénsum para ofrecer bachillerato técnico, y como el grueso del desempleo se centra en la falta de capacidad para seguir estudiando en un centro de educación superior, les daremos crédito a los muchachos más necesitados que no encuentran trabajo ni cupo, sin intereses reales, que tendrán que pagar solamente cuando tengan un ingreso estable. Ese crédito será suficiente, además, para sostenerse mientras estudian. Eso le restará casi automáticamente 350 mil personas a la cifra total del desempleo anual.
¿Cómo logrará que los empresarios se sacudan, por fin, para crear empleo?
-Los empresarios tienen hoy estímulos para invertir en activos productivos, o sea que reducen el costo de capital y hacen más caro el costo del empleo. Esas gabelas se las daremos para que puedan crear, sobre todo, empleo formal. Como tenemos muy calculado sector por sector, el propósito es generar por lo menos dos millones cuatrocientos mil empleos, y formalizar mínimo 500 mil, porque la informalidad es otro de los problemas más graves.
Al presidente Uribe le critican mucho su programa ‘Familias en Acción’, por asistencialista. ¿Lo continuará?
-Familias en Acción nació en un Conpes cuando Juan Carlos Echeverri, quien es hoy mi director programático, era Jefe de Planeación Nacional y yo Ministro de Hacienda, o sea que es criatura nuestra. Mal haríamos en acabarla mientras no tengamos dinamizada la economía. Una vez conseguido un equilibrio económico, el proyecto es convertir a esas familias en generadoras de ingreso.
Analistas sostienen que el gobierno deja la ‘olla raspada’. ¿De dónde sacará plata si el hueco fiscal es enorme y el gasto en defensa está desbocado?
-No tenemos temor porque con Juan Carlos Echeverri afrontamos la peor crisis fiscal y económica que ha tenido este país en los últimos cien años y salimos adelante con éxito. Esta situación de hoy resulta un juego de niños frente a lo que hicimos hace diez años. Como los últimos cuatro meses la economía ha crecido por encima de las expectativas, en agosto veremos cómo se han comportado los recaudos y el costo de la deuda y decidiremos cómo afrontar la financiación del déficit, que es manejable. Los que hablan de ‘olla raspada’ exageran. Sí hay un problema fiscal y va a haberlo durante los próximos seis, siete años, porque hay ciertos gastos que ya están decretados en aumento de pensiones o en aumentos en el sistema de salud, que es un problema serio. Los gastos de defensa no tienen por qué seguir subiendo porque en la medida en que esa seguridad se consolide debe ir disminuyendo en términos relativos.
Celebro verlo tan tranquilo, pero ¿me va a decir que tampoco le preocupan la agresividad y el armamentismo chavistas?
-El peor error que podríamos cometer es entrar en una carrera armamentista, entre otras cosas porque no tenemos los recursos para hacerlo. No podemos -ni debemos- competir con Chávez en compra de armamento. Sería una insensatez. No concibo una agresión militar de Venezuela y muchísimo menos por parte nuestra. He dicho y reitero que en la recomposición de esas relaciones utilizaré todos los canales de la diplomacia interna y externa. La diplomacia funciona en el mundo, entre naciones con peores conflictos entre sí. Naturalmente, tenga la seguridad de que, de presentarse una agresión en su contra, Colombia tiene las formas de defenderse.
¿Cuáles?
Eso ya pertenece a los ámbitos de la Seguridad Nacional que no se pueden discutir en público.
(Risa). Bueno, además de optimista, está críptico. ¿Cómo respondería la pregunta que le hizo en un debate a Noemí Sanín -según muchos, de mala leche, porque dizque nadie hubiera podido responderla- sobre cómo combatiría el peligro de la ‘enfermedad holandesa’?
¡Por Dios! ¿Cómo va a ser de mala leche una pregunta que los gremios nos hacen a todos los candidatos presidenciales constantemente? Quise ser amable con una pregunta que traduce simplemente cómo vamos a evitar la revaluación. Que se haya enredado no es mi culpa, pero trataré de seguir siendo amable, en la medida en que ella lo permita.
¿Cómo habría respondido usted?
-Hay cuatro formas de combatirla: 1) buscar el equilibrio fiscal, porque los recursos del exterior, para financiar el déficit, producen revaluación; 2) como el 90 por ciento de la locomotora de inversión extranjera está concentrado en minería e hidrocarburos, tenemos que poner a funcionar otras para neutralizar ese efecto revaluacionista; 3) crear fondos de estabilización, sobre todo en esos sectores precisamente, para neutralizar la revaluación en forma inmediata y para trasladar a las generaciones futuras parte de la riqueza que nos hemos gastado en esta generación; 4) haría menos previsibles las reglas y la forma como el Banco de la República interviene en el mercado cambiario, porque muchas veces los especuladores aprovechan esas reglas para tratar de acentuar algunas tendencias.
Pero estaría usted tocando la independencia del Banco de la República.
-No, es que uno puede hacer sugerencias. Yo fui ministro de Hacienda y tuve las mejores relaciones con la Junta de Codirectores, en la que el gobierno tiene asiento, donde se exponen argumentos y donde las decisiones se toman por acuerdo.
¿Alguna vez seremos ‘Colombia Saudita’?
-Eso no se sabe. Ojalá lográramos hacer las suficientes exploraciones y perforaciones y descubriéramos mares de petróleo. Pero no hay que olvidar que tenemos una riqueza colosal que no hemos aprovechado: Colombia tiene una situación única en el mundo en materia de biodiversidad. Mi sueño es proteger, magnificar y aprovechar esas maravillosas condiciones ahora que, en cierta forma, el presidente Uribe nos dejó arreglado el problema de seguridad, que era el freno para que la economía creciera a tasas altas.
¿Y cuál es su idea al respecto?
-Colombia tiene agua, mientras el mundo va a entrar en una crisis de agua; tiene grandes reservas de tierra para cultivar, sin destruir los bosques naturales. Haremos que el país recupere su vocación agrícola para producir alimentos, en un mundo que ya entró en crisis alimentaria debido a los miles de millones de chinos e hindúes que los están demandando. Por otro lado, Colombia tiene energía de todo tipo, originada en el petróleo, en el carbón, en energía hidráulica y hasta en vientos en La Guajira que pueden generar energía eólica. Ya estamos exportando energía, lo cual es de una gran importancia.
A Uribe se le critica el manejo de las relaciones exteriores y el aislamiento del resto de América Latina, palpable durante los viajes para explicar el bombardeo a Reyes y la ampliación del acuerdo militar con Estados Unidos.
-No es cierto que el gobierno y el Presidente no hayan ensayado tener buenas relaciones, sino que muchas veces los interlocutores tienen una agenda diferente y en Suramérica eso ha sido bastante claro. Aquí llevamos más de 40 años a la defensiva porque nos han tratado de parias; de mafiosos, de ser el país más inseguro del mundo. Las compañías de seguros le quitaban la cobertura a cualquier ejecutivo que se atrevía a venir porque teníamos el mayor número de secuestros. Se decía que al país no lo controlaba el gobierno sino la guerrilla y los paramilitares y que la violación de los Derechos Humanos era cosa de todos los días. Durante años tuvimos que luchar contra esa mala imagen que daba una percepción realmente diabólica de lo que era Colombia.
Diabólica pero no del todo infundada.
-No, pero ya que dimos el vuelco y como somos tan ricos en biodiversidad tenemos que convertirnos en líderes regionales. Lo podemos hacer porque tenemos credibilidad y una de las democracias más sólidas, comparada con la de otros países.
Al gabinete del próximo Presidente se lo mirará con lupa gigante, porque, salvo honrosas excepciones, el de Uribe ha sido medianito porque a él le gusta dominar a sus Ministros.
-Tampoco le voy a pisar esa cascarita. Todo el mundo sabe que a mí me gusta trabajar en equipo y con la mejor gente, como lo hice en los Ministerios de Comercio Exterior, Hacienda y Defensa. Igual lo haré en la Presidencia. Tenemos más de 250 personas de primerísimo nivel trabajando en nuestro equipo y le puedo garantizar que cualquiera de ellas puede ser un gran ministro.
¿Ya tiene pensado alguno?
-No, y si lo tuviera pensado tampoco se lo diría. (Risa).
Sí, ya vimos la que se armó con el tema de Montoya y del SENA. ¿Cómo piensa recomponer las relaciones con la Corte Suprema de Justicia? ¿Es de los que creen que está politizada?
-Es fundamental restablecer el equilibrio entre los poderes públicos porque ese es uno de los problemas más graves que tiene el país. Los llamados ‘choques de trenes’ entre las propias Cortes -o entre las Cortes y los demás poderes públicos- no tienen sino consecuencias negativas y crean una situación de inseguridad jurídica que no le permite a la democracia funcionar adecuadamente.
El tema de los ‘falsos positivos’ lo debe tener hasta la coronilla, pero es algo que carga el ambiente. ¿Cómo refuta a quienes le atribuyen la responsabilidad?
-Es un tema que se politizó y ha sido útil para los ataques de mis enemigos. El momento mas difícil y doloroso que he tenido en mi carrera pública fue ese, cuando me di cuenta de que era cierto lo que se decía que estaba sucediendo. Inmediatamente lo revelamos a la opinión pública y actuamos en forma contundente, sin precedentes en la historia de este país. Salieron del servicio 27 militares y tengo que aclarar que no porque tuvieran responsabilidad penal, sino por una falla en el control de los procedimientos internos. Lo hicimos con total transparencia y tomamos quince medidas que fueron totalmente efectivas, porque a partir de ese momento las denuncias bajaron drásticamente.
¿Es usted optimista en relación con la derrota o la reducción de la guerrilla?
-Sí, soy muy optimista. Y si me pregunta cómo definiría la victoria, le diría que llevando a toda esa gente a un punto de no retorno. Desaparecer la guerrilla, cuando se alimenta del narcotráfico, es imposible porque, como está sucediendo, se va trasformando en bandas delincuenciales. Pero si las llevamos dentro de su estructura fundamental a ese punto de no retorno, así quisieran volver, no encontrarían campo fértil y allí se podría declarar la victoria.
Por Margarita Vidal
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