Me lo robaron…

Con el fin de sustentar algo que estaba escribiendo, fui a mi biblioteca en busca de un libro que me podría servir para reforzar mis argumentos, ¡vaya sorpresa!, después de repasar uno a uno los libros y no encontrarlo recordé haberlo prestado, no lo devolvieron. Me lo robaron.

Así he perdido una cantidad de libros, uno presta con cariño y hay quienes no se acuerdan o no quieren devolverlos, como si fuera poco, la lista de préstamos es un poco larga, como la lista de fiados de la tienda de don Pacho, espero que algún día me los devuelvan o los lleven al programa “los libros buscan su hogar”. De mi parte no compro libros para acumular o decorar la casa con una biblioteca, no, compro sólo lo que sé que voy a leer y sea de utilidad a mis intereses académicos. Recuerdo que hace varios años escribí en un artículo que me parecía curioso nunca haber visto atracar una biblioteca o una banda especializada en robar libros. Sería extraño que un ladrón en vez de pedir la billetera, el celular o las joyas, dijera, “deme los libros, rápido los libros o lo mato”, y luego salga corriendo. Atracador intelectual, diría yo.

Inquieto por el tema de los libros y la lectura decidí consultar y analizar algunos indicadores que me ilustraran acerca del tema, encontré que poco o casi nada hemos avanzado en el país en cuanto a libros leídos. Según un artículo de Forbes Life, los colombianos estamos leyendo la mitad de los libros que leen algunos países latinoamericanos, leemos 2,7 libros al año, mientras que en países como Argentina o Chile la cifra es de 5 ejemplares anuales.

Aunque no es para aplaudir lo poco que hemos avanzado, si estamos mejor que hace veinte años cuando solo leíamos 1,5 libros al año, aumentamos uno, eso está bien. Seguí esculcando datos y me encontré con informes bien estructurados, uno de ellos titulaba, “Índice de lectura en Colombia es de los más bajos de Latinoamérica”, no lo niego, me empecé a asustar.

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Pero más asustado quedé analizando un pequeño video del reconocido pedagogo colombiano Julián de Zubiría, quien advierte que de mil (1.000) estudiantes solo nueve (9) entienden lo que leen, y lo dice argumentando que se refriere a estudiantes de noveno grado, jóvenes de más o menos quince (15) años de edad que han tenido más de ochenta (80) profesores.

Admito estar de acuerdo con el profesor Zubiría cuando dice que no es culpa de los profesores sino del sistema, yo agregó, un sistema que no enseña lo fundamental, leer, escribir y pensar, no dudo que es por falta de esos tres elementos indispensables en el saber que estamos graduando, sin pena ni gloria, bachilleres que no entienden lo que leen, incapaces de escribir y lentos para pensar.

No puedo desconocer que estoy hablando de los próximos universitarios y futuros dirigentes del país convertidos en analfabetas funcionales, es decir, personas que, sabiendo leer no entienden lo que leen, que no redactan ni escriben, y lo más grave, con insuficiencia racional para solucionar problemas de toda índole.

Quiero aclarar que, el analfabeta funcional es una creación del sistema educativo; lee, pero no entiende lo que lee porque nunca le enseñaron a leer de verdad, nunca aprendió a leer crítica, racional e interpretativamente un texto, y no escribe porque solo le enseñaron a juntar letras, no a componer párrafos. Es ahí donde yo defiendo la idea de una escuela que solo enseñe a leer, escribir y pensar, me refiero a saber responder y hacer preguntas, en otras palabras, racionalizar.

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En una sociedad en la que las protestas son el pan nuestro de cada día, y lo digo no sólo por el caso de Colombia o América Latina, sino por el mundo entero, me gustaría que algún día se protestara por la abolición de los sistemas educativos obsoletos que aún se siguen utilizando hasta en las más prestigiosas universidades.

Tener una maestría o doctorado no es sinónimo de calidad educativa, hoy por todos lados siguen graduando estudiantes convertidos en grabadoras o memorias USB, cuando no debería ser así. El mundo está lleno de información, un teléfono móvil hoy puede ser una biblioteca portátil, las nubes de información están llenas de datos, cifras y cosas semejantes, el estudiante no está para memorizar sino para racionalizar, ellos deben ir a claustros académicos a pensar y discutir asuntos interesantes, no a rellenar folletos o cuadernos que luego terminan en los rellenos sanitarios.

Me duele saber que muchos compatriotas, por no leer, terminan repitiendo y opinando acerca de lo que otros dicen, y como las falsas noticias están de moda, las redes sociales todo lo multiplican con una velocidad impresionante. La falta de lectura hace que muchos se crean expertos en todo, hay quienes se creen versados en futbol, otros se creen especialistas en vacunas, otros en epidemias y el resto opina de todo. Recuerdo que cuando de niño me llevaban a la novena de navidad, como a diez novenas me llevaban, quedó en mi mente una frase, “la prudencia que hace verdaderos sabios”, por eso no acostumbro hablar de aquello que no sé, y, para saber debo leer.

Pd. Creo que la mejor escuela siempre será una biblioteca y los mejores compañeros los libros.

 

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