Resumen: Según la jurisprudencia de la Corte Constitucional (como las Sentencias T-280 de 2022 y T-144 de 2024), el derecho a la intimidad absoluta en zonas privadas está estrictamente protegido
Hace bastantes años, el poeta español Antonio Machado dijo: «caminante, no hay camino, se hace camino al andar». Convencido de esas alentadoras palabras, me puse mi sudadera, mi camiseta blanca y mis zapatos guerreros; la idea era caminar y caminar, como lo he hecho por muchos años. Al llegar a cierta calle —que no voy a divulgar—, alcé la mirada y vi un letrero en medio de unos arbustos. Se trataba de una tabla donde, en letras grandes, se podía leer: «Siéntase vigilado, las cámaras comunitarias lo están grabando». Casi sin terminar la lectura de tan amenazante mensaje, fui invadido por un pánico indescriptible y, sintiéndome el peor delincuente, me alejé del lugar creyendo que alguien me perseguía.
Al llegar a casa, hablé por teléfono con un amigo, quien me dijo que en algunos barrios de la ciudad de Medellín sus habitantes se sienten desamparados ante la escasa presencia policial y debido a la proliferación de la delincuencia, decidieron tomar justicia por mano propia, vigilando y controlando ellos mismos su territorio. También me comentó que este tipo de letreros no siempre proviene de vecinos organizados, sino de grupos armados locales —combos o bandas— que imponen su propia «seguridad» y códigos de conducta mediante la violencia física o el destierro, todo bajo una lógica de control social.
Obviamente no volví a caminar por esos lares; decidí buscar otros caminos donde creía que podría estar más tranquilo. Sin embargo, el tema de la inseguridad persistía en mi mente. Por todos lados empecé a ver rejas, rejas y más rejas… casas, tiendas, farmacias, iglesias, escuelas y hasta antejardines enrejados. ¿Qué está pasando que nos encerramos? ¿Por qué tanto miedo o desconfianza? Me senté en una cafetería, pedí algo de tomar y empecé a observar a la gente caminar; en sus rostros se dibujaba una desazón tenaz. Vi que alguien buscaba una dirección y las personas sentían miedo cuando este hombre se les acercaba a preguntarles. En medio de esa gaseosa helada que me calmaba la sed, recordé mi ciudad de los años ochenta, cuando siendo niño, las rejas no existían y nadie desconfiaba de nadie; jugábamos en la calle, corríamos y gritábamos sin temor alguno.
Existía una palabra mágica: vecino, del latín vicinus, que significa «cercano» o «del mismo vecindario»; una palabra que los mayores utilizaban para saludar: «buenos días, vecino…». pasaron los años y se volvió una incógnita saber quién es quién, por eso, cuando llega la noche, la gente se va encerrando en su «celda», no sin antes darle vueltas y vueltas a la chapa de la puerta para asegurar a su familia.
En consecuencia, me dio por pensar que estoy siendo vigilado por todos lados; día y noche me observan. Me propuse hacer un ejercicio cotidiano para poderlo comprobar: de manera consciente salí del apartamento y noté que el edificio tiene una gran cantidad de cámaras en cada uno de los pisos; me subí al ascensor y una cámara me vigilaba; al pasar por la portería, había otro montón de cámaras. «¡Oh, ¡qué vigilado estoy!», pensé. Al caminar por la calle empecé a ver cámaras en los postes, en las afueras de los negocios y en los balcones de algunas casas.
Llegué a la estación del Metro y de inmediato sentí la mirada de los lentes; no una, ni dos o tres, sino muchas cámaras. Salí del Metro y me dirigí a un almacén de cadena a comprar unos productos de aseo personal que necesitaba; ¡vaya sorpresa!, qué cantidad de cámaras, no solo en la entrada sino en todo el almacén. Increíble, además de la cantidad de videos que graba la gente con sus teléfonos sin que uno siquiera se dé cuenta. Todo el día me vigilan, todo el día me graban.
La palabra apartamento proviene del italiano appartamento y del francés appartement, términos que significan «lugar separado». Sí, estando tan cerca nos sentimos separados y, sobre todo, vigilados. Concluí que en mi edificio no hay letreros disuasivos, pero sí cámaras que me vigilan las veinticuatro horas del día. A veces he pensado que en vez de apartamentos vivimos en celdas, donde las puertas blindadas, las alarmas y las chapas de seguridad pululan por todos lados.
Todos se cuidan de todos. Añoro a mis vecinos con quienes jugaba en la calle, y los añoro porque de ellos aprendí a nunca discriminar, todos éramos iguales. Hoy a los niños los sacan de los apartamentos directo a los centros comerciales; salen de un encierro para entrar a otro, eso sí, les aseguro que están siendo vigilados; el único lugar donde creo que no hay cámaras es en los baños, así lo dicta la ley, pero no falta quien la incumpla.
Pd: Según la jurisprudencia de la Corte Constitucional (como las Sentencias T-280 de 2022 y T-144 de 2024), el derecho a la intimidad absoluta en zonas privadas está estrictamente protegido. La Corte recalca que espacios como baños, vestuarios y zonas de descanso gozan de una expectativa legítima de privacidad, por lo que la instalación de cámaras de seguridad en ellos es ilegal. Es imperativo que se garantice el cumplimiento de esta normativa.
¡Uh…! Ojalá no me estén grabando en esos lugares.
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