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Marcelo Pecci, el implacable fiscal apasionado por el fútbol y la aviación

Antes de ser fiscal fue directivo del club Guaraní

Capturaron en Medellín a cinco personas que estarían implicadas en la muerte del Fiscal paraguayo Marcelo Pecci
Foto tomada de Twitter

Asunción, 15 may (EFE).- Marcelo Pecci, el fiscal asesinado en Colombia y a quien este domingo despiden los paraguayos, se erigió públicamente en implacable contra el delito, pero para sus allegados era el hombre de buen humor, apasionado por el fútbol y la aviación.

«Estaba blindado y como en dos mundos», señaló a Efe Sebastián Acha, su amigo desde los 5 años y compañero de estudios, quien destaca que Pecci logró deslindar la profesión de su vida privada.

Con una letra que «tendía a ser cuadrada» y la «irreverencia ingenua» de un «niño aplicado», lo recuerda Acha.

Pecci era uno de los tres zurdos del equipo de fútbol en su promoción de 1995 en el Colegio San José, uno de los más tradicionales de Asunción, e incluso practicó baloncesto de joven.

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Los restos del fiscal asesinado en Colombia Marcelo Pecci son trasladados hoy, desde el Salón Velatorio Memorial, en Asunción (Paraguay). EFE/Nathalia Aguilar

HINCHA GUARANÍ

Su amor por el fútbol, el deporte rey en Paraguay, lo llevó a ser directivo del club asunceno Guaraní antes de convertirse en fiscal.

El presidente del Guaraní, Emilio Daher, quien conoció de Pecci desde su época de estudiante de Derecho en la Universidad Nacional de Asunción, contó a Efe que no fue sino hasta finales de los 90 cuando tuvo un mayor acercamiento con él.

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Pecci fue durante ese tiempo secretario de la Comisión Directiva del equipo.

«Era un hombre apasionado, honesto, de principios, entusiasta siempre en lo que hacía y muy comprometido con las causas», ilustró.

Al cabo de varios años y ya como funcionario público, se le veía de vez en cuando en las gradas. Uno de los últimos partidos en los que Daher recuerda haber coincidido con su «querido Marcelito», como lo llamó en un mensaje tras su muerte, fue en diciembre pasado.

AVIACIÓN Y BOMBEROS

Otra de las pasiones de Pecci fue la aviación, que muchos consideran heredó de su mamá, Maricel Albertini, una exfuncionaria de la desaparecida Líneas Aéreas Paraguayas (LAP).

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Dos personas acuden al velatorio del fiscal asesinado en Colombia Marcelo Pecci hoy, en el Salón Velatorio Memorial, en Asunción (Paraguay). EFE/Nathalia Aguilar

En una columna publicada este domingo en el diario La Nación, Toni Roberto cuenta cómo Pecci soñó con «rescatar del olvido una vieja máquina Convair» de LAP, e indica que ese proyecto lo llevó a conocer a su esposa, Claudia Aguilera.

La meta era convertir el abandonado aparato en un museo. En mayo de 2021, Pecci celebró en Twitter que la aeronave sería restaurada «con aportes voluntarios y 0 (cero) gasto estatal».

De su paso por Santa Rosa del Aguaray, en el departamento de San Pedro, donde comenzó su carrera de fiscal, queda como recuerdo su apoyo a la creación de un cuerpo de bomberos voluntarios en esa localidad. Ellos han acompañado su féretro desde su llegada al país.

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PREOCUPACIÓN FAMILIAR

El pasado 10 de mayo el mayor temor de Francisco Pecci, un exfuncionario judicial de 83 años, se hizo realidad.

Su hijo fue atacado a tiros cuando disfrutaba de su luna de miel junto a su esposa, quien espera un bebé.

Días atrás habían contraído nupcias.

«La vida me pone desafíos nuevos», había escrito Marcelo Pecci a Sebastián Acha en un mensaje después de invitarlo a su casamiento, por el que -asegura su amigo- estaba «inmensamente feliz».

El sentimiento de Francisco Pecci se mantenía latente. «Yo le hablé muchas veces del problema y de la preocupación que teníamos en la familia de que le pasara algo grave», confesó el apesadumbrado padre el viernes ante personas que rindieron tributo a su hijo.

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El padre del fiscal asesinado en Colombia Marcelo Pecci, Francisco Pecci, carga el ataúd con los restos de su hijo Marcelo Pecci hoy, en el Salón Velatorio Memorial, en Asunción (Paraguay). EFE/Nathalia Aguilar

Rememoró que, ante su insistencia, alguna vez respondió: «Papá, si me pasa algo, es la voluntad de Dios».

Pero, a juicio de este padre, a su hijo lo mataron, porque con su trabajo «molestaba a la gente bandida y mala».

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