Resumen: “El Legado de la Pérdida” de una debutante Desai recibía el beneplácito unánime de la crítica alzándose con el codiciado Booker Prize
Veinte años fueron exactamente el tiempo que le tomó a Kiran Desai regresar a Madrid para presentar otro de sus libros. Esto no porque los que haya escrito entre medias no tuvieran el suficiente tirón comercial para ser traducidos a nuestro idioma o distribuidos por estas latitudes, sino por una razón muchísimo más sencilla: durante las últimas dos décadas no ha publicado nada nuevo. ¿Cómo puede, entonces, una autora con un ritmo de producción tan lento mantenerse vigente en una industria donde se imprimen más libros que nunca y los mismos consiguen sobrevivir sólo un par de semanas en los listados de novedades? Fácil, te ganas el Booker Prize con el primero y casi te lo vuelves a ganar con el segundo.
Así pues, corría el año 2006 cuando “El Legado de la Pérdida” de una debutante Desai recibía el beneplácito unánime de la crítica alzándose con el codiciado Booker Prize, prolongando así la tradición india iniciada en 1997 por “El Dios de las Pequeñas Cosas” de Arundhati Roy, quien casualmente también vuelve a estar de moda por estos días. Como era de esperarse, el libro fue un superventas automático, le granjeó un par más de galardones internacionales e inmediatamente catapultó su carrera poniéndola en el mapa como una de las principales voces de la literatura indo-pacífica. Pero tras aquel frenético período de reconocimientos vino lo que nadie se esperaba, el silencio.
Contrariamente a lo que hacen muchos autores laureados, que se van de gira hablando sobre sí mismos, Desai eligió un enfoque más introspectivo y reservado para disipar la presión sobre su trabajo que el premio había traído consigo, algo que no le avergüenza reconocernos en público durante su presentación. Desde entonces siguió viviendo en Nueva York para escribir miles de páginas de manuscritos que nunca verían la luz, asegurándose siempre de estar desconectada de sus colegas, pues le aburre la petulancia del gremio en aquella ciudad y las convenciones sociales de la jerarquía invisible que existe entre autores y para la que ella no tiene ni el tiempo ni la energía.
Entonces, un buen día, tras empezar a trabajar sobre ella alrededor de 2017, Desai vuelve para romperlo todo con “La Soledad de Sonia y Sunny”, su más reciente obra, un volumétrico drama romántico de 700 páginas que va de la India a los Estados Unidos y que de manera muy oportuna abarca la migración y el desarraigo, dos de los temas de mayor actualidad gracias a las tensiones sociales que vivimos en nuestros días. Un acontecimiento literario que no sólo se coló entre las cinco mejores novelas de ficción de 2025 para The New York Times, sino que también se instaló como finalista del Booker Prize del año pasado que finalmente se llevaría “Flesh”, de David Szalay.
Su estilo artístico, a la vez parsimonioso pero contundente, es en sí mismo un acto de resistencia contra el sistema editorial imperante que premia la cantidad sobre la calidad. Pocos libros y tremendamente bien escritos, esa es la marca de la casa de Kiran Desai, una premisa de innegable genialidad.
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