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Opinión

Manifestaciones de rechazo

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beatriz campillo

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La situación que está viviendo Timochenko en su campaña a la presidencia amerita ser analizada, ¿qué hay más allá de los videos virales, los gritos y señalamientos?, ¿por qué esa reacción?, ¿es legítima o no?, son muchas aristas, pero intentaré hacer al menos algunos comentarios de forma breve:

Primero, notará el lector que me refiero a esta persona como Timochenko y no como Rodrigo Londoño, la razón es simple, él mismo decidió hacer su campaña bajo el slogan de “Timo presidente”, por lo cual él mismo ha decidido dar continuidad a su alias, y es avalado además por un partido que decidió conservar la sigla FARC, este elemento no es algo accesorio o decorativo, el recordar esa historia de dolor y llevarlo a las calles es una provocación a la ciudadanía y una burla a las víctimas que no han sido reparadas.

Segundo, a esto hay que sumarle que 2 de febrero Timochenko afirmó en su cuenta de Twitter lo siguiente “La campaña de desprestigio que se hizo por más de 50 años tiene esas consecuencias. Es comprensible que la gente tenga prejuicios, pero poco a poco llevaremos nuestro mensaje y cambiaremos esa impresión. Estamos por la reconciliación, no más odios” ¿acaso es lógico que alguien que supuestamente pretende ser perdonado por crímenes atroces reduzca todo a una campaña de desprestigio?, ¿acaso decir esto no es una burla más?… ¿nos inventamos las víctimas de las FARC?, ¿fue que nada sucedió?

Tercero, hay diferencias muy claras entre dar perdón, dar impunidad y dar poder. Expliquémoslo, como colombiana y persona creyente estoy de acuerdo en que el victimario tiene la posibilidad de pedir perdón, y la víctima tiene el derecho de decidir si desde su corazón lo perdona o no. Admiro y es de grandeza perdonar, pero es algo a lo cual no está obligada la víctima y menos desde el Estado. También es cierto que el perdón puede adelantarse, repito como acto de grandeza en el espíritu, sin que el otro se arrepienta yo le perdono, pero esto es la esfera interna del individuo, es aquel que reflexiona: no quiero guardar rencor, ni cobrar venganza, me libero y te perdono.

Ahora bien, otra cosa muy distinta es lo que le toca hacer a un Estado de Derecho, cuando las normas están claras, a este le corresponde actuar en justicia, es la autoridad que aplica una pena, no como venganza, sino como parte de un contrato social, algo que además obligará a la víctima a confiar en el proceso y no tomar justicia por mano propia, y a la vez será una garantía para el victimario de que sus derechos como persona seguirán siendo protegidos bajo el debido proceso y la seguridad jurídica (ni se elimina la pena por el perdón de la víctima, ni se recrudece por su posible odio o sed de venganza). Cuando esta lógica se rompe nos enfrentamos a serios desordenes sociales.

Hasta aquí solo he dibujado la clara diferencia que enseñó Juan Pablo II al perdonar a Ali Ağca, pero dejar que este siguiera pagando su condena. Ahora bien, en el escenario colombiano todo es más complejo, no solo se presionó un perdón (que seamos sinceros colectivamente no se ha dado y eso se refleja en las calles), se dio impunidad, sino que además se otorgó poder de forma ilegítima. Explicaré rápidamente estos tres elementos:

  1. Se presionó un perdón: el perdón no se impone, no se decreta, no se exige. El perdón se pide, de hecho, debe ser una pregunta ¿me perdonas?… una pregunta que no puede hacerse con arrogancia, y que necesita tiempo para su respuesta, tiempo para curar heridas, tiempo para demostrar arrepentimiento, tiempo para reparar daños, tiempo para volver a confiar. No es decir perdóname y déjame ser candidato a la presidencia mañana, recíbeme bien y apláudeme. No, así no funciona y los psicólogos lo saben bien, hasta en relaciones de pareja, de familia, de amigos, hay que dar tiempo y empezar a demostrar cambios reales.

En el mundo de los conflictos armados incluso, cuando se hacen desmovilizaciones suele hacerse un trabajo fuerte no solo de sensibilización con víctimas directas y terceros afectados, sino también de “resocialización” del victimario, acompañamiento psicológico, de trabajo social, no es entregar hoy un fusil y pretender dirigir el país mañana, eso no es serio y no lleva a buen puerto, ese trabajo de aprender a convivir va mucho más allá y requiere tiempo, algo que en Colombia no ocurrió, había un afán de un nobel, de mostrar una paz firmada y no de crear bases sólidas… de eso está dando cuenta la calle. El Estado no es el encargado de dar el perdón, son los individuos, pero las instituciones pueden ayudar a que se dé de forma real.

  1. Se dio impunidad: para el caso el orden de los factores si altera el producto, no puede ser que alguien haga campaña a la presidencia y se diga “después se presentará a la JEP”… sistema también bastante cuestionado, pero saltémonos esa discusión, simplemente digamos que la reacción en las calles y el gritarle asesino, responde en buena medida a eso. Es probable que el pueblo quiera perdonar, pero también se siente engañado, ve que había más ansias de poder que un arrepentimiento sincero y eso hace más difícil las relaciones. Primero lo primero, si se pide respeto hay que empezar por la justicia antes de pensar en candidaturas, el Estado lo hizo mal al permitir el orden contrario y reacciones como estas eran fácilmente previsibles.
  2. Se otorgó poder de forma ilegítima: el desconocimiento del resultado del 2 de octubre de 2016, donde ganó el NO, sigue doliendo. Que se cambiaron las reglas de juego y se hizo una interpretación acomodada y difícil de entender desde la teoría clásica del constitucionalismo, por supuesto. Hoy nos alegan que las decisiones fueron legalmente tomadas por el Congreso de la República, algunos olvidan los esguinces a las normas, pero más allá de eso podemos decir que las decisiones fueron legales tal vez (aunque es muy discutible), pero legítimas creo que no. Cuando el constituyente primario habla se supone que debe ser acatado, el sentir expresado fue uno y las decisiones otras. Eso es lo que se refleja en las calles.

Finalmente, una reflexión, alias Popeye pagó 23 años y 3 meses de cárcel, y hoy sigue soportando la sanción social, una presión que se hace sentir cuando participa en actos públicos, sus crímenes fueron tan graves que sigue despertando el repudio de la sociedad. Popeye, a pesar de haber pagado su condena está impedido para participar en política. Hace poco unas contratistas de la Alcaldía de Medellín se tomaron unas fotos con él y eso les valió más de un regaño público, y una acción pedagógica de parte del alcalde. Mientras tanto Timochenko no ha pagado nada y lo tenemos haciendo campaña, recorriendo las calles, probablemente sea invitado a muchos espacios donde se tomará muchas fotos y si alguien le recuerda en público que es un asesino que no ha pagado por sus crímenes, esa persona es señalada por algunos sectores como intolerante, poco demócrata y no respetuosa de la pluralidad. Ese doble discurso es muy pero muy complejo de digerir.

Veamos un ejemplo para reflejar la incoherencia penal en la que nos encontramos. Hubo un episodio doloroso y gravísimo muy comentado en medios donde unas menores de un colegio de Medellín atacaron a otras, una de ellas recibió una puñalada, por la gravedad del caso la fiscalía habla de tentativa de homicidio, el alcalde pide una pena ejemplar y pueden llegar a tener una pena de privación de la libertad de 2 a 8 años. Invito a que el lector compare esta pena con la realidad que hoy enfrenta las FARC, y en especial Timochenko, sobra decir que la gravedad de los delitos cometidos por estos últimos excede por mucho el ejemplo inicial.

Sobre las manifestaciones solo me queda recalcar que no estoy de acuerdo con la violencia (chuzar llantas, tirar piedras, etc.), pero también entiendo que en buena medida esas reacciones las genera la impotencia, el sentirse burlado y engañado, y en ese sentido el aparato estatal es culpable cuando ha desnaturalizado su labor de autoridad, cuando permite injusticias y abre la puerta no a un “postconflicto”, sino a un “conflicto posterior” (como dice la caricatura de Osuna). Hay que leer más allá, ojalá que esto no ocurriera y tuviéramos un Estado serio. No se trata de si queda o no de presidente Timochenko, no creo que lo consiga, es que ya es mucho ser candidato sin que haya alguna sanción efectiva, sencillamente se da mal ejemplo e incita a que aparezca la sanción social y se enardezcan los ánimos.

Defiendo la protesta en las calles (carteles, marchas, arengas, etc.), defiendo que se diga la verdad aunque suene incómoda, creo que cualquier persona que se mueva en lo público además está expuesta a esas manifestaciones de apoyo o rechazo, pero es que aquí los problemas son de fondo, lo que vimos fue una pequeña muestra de un conflicto muy grande que no se soluciona con acuerdos acomodados.

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