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Opinión

Madres comunitarias y sustitutas

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En este mes de Mayo celebramos  el día de la madre y que mejor oportunidad para rendir un gran homenaje a las Madres que trabajan por la comunidad, que apoyan el restablecimiento de derechos de los niños, niñas y adolescentes de nuestro país.

En los años 80, nacen los Hogares Comunitarios de Bienestar revolucionando la concepción y ejecución del trabajo social, ante la carencia de infraestructura adecuada de ese entonces para la atención a la primera infancia, sus casas de habitación se convirtieron en los espacios de los más pequeños, se tornan cuidadoras y apoyan a las labores de los padres. Ellas, desempeñan un papel de madre sin llegar a debilitar los lazos afectivos familiares de los niños con sus madres biológicas, por el contrario fortalecen los lazos familiares he inician esa gran labor sin remuneración alguna. Se constituye está estrategia en un trabajo solidario entre la comunidad y el Estado, para la atención de las necesidades de los más vulnerables del país.

Actualmente, contamos con más de 77 mil madres comunitarias, algunas de ellas con más de 25 años de trabajo voluntario y más de 6 mil madres sustitutas, que han cuidado y transformado la vida y la educación de más de 15 millones de niños y niñas de las poblaciones más desprotegidas, su aporte, esfuerzo y trabajo no ha sido en vano, esta experiencia ha permitido avanzar, mejorar y reorientar la prestación del servicio en nuestro país.

Según estudio de evaluación de impacto del programa del ICBF para el año 2007 de la prestación del servicio en los hogares comunitarios; los niños y las niñas con cierta permanencia mejoran su estado nutricional, su salud, su desarrollo cognitivo y psicosocial, las interacciones con sus pares y las conductas de aislamiento, igualmente su desempeño escolar posterior. Su gran aporte al trabajo con padres, con comunidad, en las labores de prevención y promoción para garantía de derechos y con las familias gestantes y lactantes, dan fe del resultado y compromiso de las madres comunitarias que permiten esta atención hasta en los lugares más recónditos de nuestra geografía, porque en cualquier lugar del país existe una madre comunitaria comprometida con la población vulnerable.

Las madres han cualificado su trabajo, hacen grandes esfuerzos por mejorar la prestación de su servicio gracias a la formación en primera infancia, apoyan y educan de 13 a 15 niños diariamente, disponen sus hogares a veces en jornadas que van desde las 5:00 am hasta las 5:00 pm, elaboran la alimentación con la calidad exigida, buscan cumplir con los estándares establecidos, otras atienden hasta 14 familias en proceso de gestación, lactancia y desarrollo en la modalidad de atención de familia, mujer e infancia o velan permanentemente por restablecimiento de derechos.

Porque conozco de sus realidades y resultados, he sido una fiel defensora de las madres comunitarias, de su labor, aporte y compromiso; ellas han entregado su capacidad para el bienestar de los más vulnerables, era hora de pensar también en su bienestar y en el de sus familias. Desde mi labor como senadora, he apoyado y apoye de manera decidida junto con otros compañeros, el pago de la bonificación equivalente a un salario mínimo, lo cual ya es una realidad. Esto es muy importante, pero sabemos aún no es equitativo y continuare trabajando para que mejoren sus condiciones y derechos, porque su bienestar también es una prioridad.

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