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    lunes 30 - marzo 2020

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    Los indigenas de Naô Xohã están consternados con la tragedia minera de Brasil que arrasó su hábitat


    Indios de Naô Xohã, “consternados” con tragedia minera que arrasó su hábitat
    Fotografía cedida por la Fundación Nacional del Indio (FUNAI)/EFE

    Los indígenas de la aldea de Naô Xohã, una de las zonas afectada por la tragedia minera de Brumandinho en Brasil, están consternados después de que un vertido de lodo y residuos minerales contaminara el río del que vivían y, con él, su futuro.

    El pasado viernes, una de las represas de la brasileña Vale en una mina de hierro se rompió y un torrente de residuos minerales y lodo sepultó las instalaciones de la empresa y todo aquello que encontró a su paso.

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    Además, la tragedia también provocó la destrucción de unas 125 hectáreas de bosques, según denunció la ONG WWF, y la contaminación del río Paraopeba, que separa el municipio donde se encontraba la mina de la aldea Naô Xohã.

    Allí viven unas 25 familias de las etnias Pataxó y Hã-hã-hãe y ahora tienen “miedo” de que un nuevo desastre se produzca, según cuentan desde Fundación Nacional del Indio (Funai), órgano gubernamental que cuida de los indígenas en Brasil.

    Según explicó a Efe Jorge Luiz de Paula, antropólogo y coordinador en la zona de la Funai, desde que el sábado por la mañana el lodo llegó por el río a la altura de la aldea, el poblado quedó sin su principal sustento.

    Del río Paraopeba las familias de las etnias Pataxó y Hã-hã-hãe obtenían el agua para beber, pescaban su comida y realizaban sus labores de higiene: “Ahora el río se ha vuelto impropio para la vida”, lamentó el antropólogo, que explicó que el lodo fue suficiente para matar a todos los peces, sapos y mamíferos del lugar.

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    Además de las pérdidas materiales, el antropólogo asegura que los indígenas también se encuentran “extremadamente consternados” psicológicamente debido a la relación cultural tan fuerte que tenían con el río y la naturaleza del lugar.

    Los habitantes de la aldea de Naô Xohã también están “aprensivos” ante la posibilidad de nuevos accidentes, a pesar de que las autoridades lo han descartado: “Existe un temor muy grande en la población en general, y también en los indígenas”, expresó Jorge Luiz.

    Durante el fin de semana que siguió a la tragedia, los habitantes de la aldea subsistieron con unas reservas mínimas de agua que tenían previstas para emergencias, pero cuando el equipo de la Funai llegó allí el pasado lunes, el poblado se encontraba en situación de “verdadera carencia”.

    La fundación llevó consigo hasta la aldea un gran camión de agua mineral que una iglesia evangélica donó y que serviría para que su población subsistiera hasta cinco días.

    También la Funai puso en marcha un canal de donaciones particulares provenientes de la población de Belo Horizonte, la capital del estado, suficiente para proveer a la aldea de cestas básicas de comida y recursos para esta semana, según las previsiones de compartió Jorge Luiz.

    Antes de que ese plazo acabe, la empresa minera Vale ha “garantizado” que asumirá la manutención de la aldea y proveerá a los indígenas de recursos como “responsable” del desastre, según el antropólogo de la Funai.

    Las familias Pataxó y Hã-hã-hãe son originales del estado de Bahía (nordeste de Brasil), pero emigraron a Minas Gerais tras años de lucha con los hacendados provenientes de las primeras ocupaciones portuguesas en la zona costera.

    Después de vivir un largo período en zonas metropolitanas, hace apenas dos años decidieron ocupar el terreno aislado a orillas del río, cuyo propietario se desconoce, en un intento de “rescatar su cultura”, que había sido “desvalorizada” a raíz del contacto con el exterior, según explicó Jorge Luiz.

    Sin apenas producción agrícola, este poblado se alimentaba hasta ahora de los peces que ellos mismos pescaban en el río y su única fuente se recursos es el comercio artesanal que llevan a cabo en la capital estatal, Belo Horizonte.

    Las condiciones de la población, que “ya eran precarias” según el antropólogo, se han agudizado tras el desastre, que ha hecho que parte de los indígenas abandonen la zona de la orilla del río y se trasladen a otras más altas.

    EFE



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