Ya es tiempo de cambiar el enfoque con que la sociedad mira a los discapacitados y de empezar a considerarlos como individuos valiosos que, de hecho, vienen irrumpiendo de a poco en el mercado laboral, desempeñándose con eficiencia en labores intelectuales y materiales.
Valga decir que un discapacitado puede ser un magnífico profesor, un artista, operador telefónico, cajero, recepcionista, tenedor de libros, empacador, digitador, desempeñarse en alguna profesión liberal y en tantas cosas compatibles con las limitaciones propias de cada quien.
Vincular laboralmente a los discapacitados tiene notables ventajas. La primera de ellas sería esa satisfacción íntima que proporciona reconocer en ellas a personas útiles, que tienen sus propias competencias y habilidades para desempeñarse en el mundo del trabajo, pero igualmente las prerrogativas impositivas que de ello pueden derivar los empleadores.
Me refiero a los beneficios tributarios establecidos en la Ley 361 de 1997, destinada a fomentar la inclusión social y económica de los seres humanos en estado de discapacidad. La norma faculta a los patronos que empleen personal limitado físico, con incapacidad no inferior al 25 % debidamente comprobada, para descontar de los impuestos el 200 % del valor pagado a estos trabajadores por concepto de salarios y prestaciones durante el respectivo año gravable.
El caso es bien claro. Si una empresa paga al año a un servidor discapacitado veinte millones de pesos, podrá deducir efectivamente el doble del impuesto de renta, o sea la no despreciable suma cuarenta millones de pesos.
Esta ley es poco conocida y quienes están al tanto y la aplican, saben dos cosas: que los discapacitados son magníficos trabajadores, que evidencian en su comportamiento alto niveles de compromiso y responsabilidad laboral y sentido de pertenencia a las empresas y que las ventajas tributarias funcionan de manera real.
Los discapacitados son ante todo personas como cualquiera otra y en general muy buenas personas que no han perdido las facultades mentales, ni los conocimientos adquiridos, ni la aptitud para el aprendizaje, ni las habilidades innatas para realizar determinadas funciones productivas.
Colombia cuenta con numerosa población en estado de discapacidad cognitiva, física o sensorial y desde luego de desempleo. Afortunadamente hay entidades y seres humanos que trabajan en su beneficio, capacitándola y promoviendo su inserción laboral. En Medellín lo hace el Comité de Rehabilitación. Infórmese, llame al Comité al teléfono 211 05 05.
Tiro al aire: nada que levanta cabeza su alteza el señor presidente y sigue llegando a la hora de nona a los sitios de los acontecimientos que enlutan a la Nación. @franjagalvis
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