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Opinión

Los ases bajo la manga

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Pablo Andr%C3%A9s Loaiza

Hoy culmina un año malo en términos generales para el país. En lo económico, la acción de Ecopetrol perdió casi la mitad de su valor, el precio del barril de crudo sigue cayendo, la producción petrolífera del país sigue en decadencia, la industria y el agro nacionales con resultados exiguos, el país añade un año más a la lista sin poder superar la barrera del crecimiento del 5% en el PIB, y el salario mínimo continuó rindiendo tributo a su nombre: no supera niveles mínimos.

Pablo Andrés Loaiza

En lo político, la degradación de la función pública fue la protagonista, se mantuvo un proceso de paz que no avanza y que genera cada vez más desconfianza y un problema de orden público creciente producto de un apaciguamiento en virtud del mencionado proceso.

Colombia quedó con un gran sinsabor tras unas jornadas de votación con resultados decepcionantes, y con un fraude electoral monumental más que manifiesto. El ardid de la paz, la estratagema demagógica de las 100 mil casas gratis (que resultaron ser solo 17 mil) y el silencio cómplice con las tiranías de Maduro y los Castro –entre otras tantas cosas-, cargaron de ilegitimidad una reelección donde la dignidad de los colombianos, la confianza en las instituciones y los valores democráticos fueron los mayores damnificados.

No obstante, comienza un nuevo año y el gobierno recién reelecto enfrenta el reto de consolidar sus políticas (en especial la de las negociaciones de La Habana) en las regiones, de cara al proceso de refrendación que ratificarían o no lo acordado en Cuba y procurar bajar el volumen de las voces que enérgicamente se alzan en contra de las capitulaciones frente al terrorismo.

Es casi un hecho que aplicará el mismo método: Chantaje a los beneficiarios de los subsidios gubernamentales (Familias en Acción, Cero a Siempre, viviendas gratuitas, -¡y habré de ver a los bachilleres “becados” en la misma situación!-), compraventa de votos, tráfico de contratos, y la presión armada de su mejor aliado: las Farc.

No obstante, cada corporación local y regional que buscarán hacerse, son un as bajo la manga de cada ciudadano. En nuestras manos está hacer que los partidos de la “Unidad” Manguala Nacional (Liberal, Cambio Radical, la U y buena porción de los conservadores) logren unos mínimos de participación históricos, es nuestra responsabilidad impedir que los temas de ciudad y región estén mediados por el espurio discurso de la paz. ¡La seguridad de las ciudades ni la prosperidad del campo se resuelven en La Habana!

Protestas en las calles ha habido y habrá centenares, pero la única protesta que tiene efecto real será la que pongamos de manifiesto en las urnas en octubre próximo: Hagámosle entender a los aduladores de la mermelada y la impunidad, gamonales de pueblo prestos siempre a echarle “serrucho” a los contratos, que la dignidad ciudadana está por encima de sus tenebrosos intereses. @PabloAndresLB

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