Una autoridad positiva permite que los niños sepan establecer las fronteras de lo que está bien y está mal. Estas son las claves para formar un niño sano y feliz. Estos consejos son para tener en cuenta en el proceso de crianza.
Ni ser autoritario ni permisivo son los métodos adecuados para que un hijo entienda los límites y adquiera el sentido del respeto a sus padres, a las normas, el significado de la responsabilidad y demás valores necesarios para convivir en sociedad.
Según la sicóloga infantil Camila Gutiérrez existen tres reglas de oro determinantes para que el niño aprenda sobre los límites de manera adecuada: el amor, la paciencia y la adecuación del espacio físico donde permanece el niño.
Con el desarrollo del sistema nervioso central, llega el progreso de las funciones motoras y es el momento de enseñar sobre límites. Su importancia radica en establecer la disciplina con amor, evitar accidentes, ofrecerles medidas de seguridad que conducirán a la autoprotección en el futuro, no solo física sino emocionalmente.
Muchas veces los padres tienen actitudes equivocadas en la crianza de los niños, pero nunca con malas intenciones, sino partiendo del deseo de generar la mejor educación y formación para ellos. Sin embargo, es importante identificar qué hacer y qué no hacer para fomentar en ellos, con constancia y amor, hábitos de bienestar en su vida, con la familia y con la sociedad.
Pablo Pascual Sorribas, experto logopeda (estudioso de los problemas de la comunicación humana) en cuestión de crianza, existen errores que los padres deben tener en cuenta. Entre ellos están: la permisividad, decir que no y luego retractarse, la falta de coherencia entre los dichos y las acciones o entre las órdenes de los padres, perder los estribos y gritar, no cumplir promesas y advertencias, no negociar, no escuchar y exigir resultados inmediatos.
El primer paso para que los infantes comprendan sobre los límites es el ejemplo y la actitud de los padres, pues estos se aprenden por imitación. Para empezar, los padres o cuidadores no deben extralimitarse con la palabra “no” porque puede llevar al niño a confundirse sobre la razón por la que debe evitar ciertas actividades. Cuando las órdenes no quedan claras puede ocasionar que el niño se revele y, en consecuencia, sea este el inicio de las llamadas pataletas.
Por eso hay que transmitirles con tranquilidad, pero con autoridad, los objetivos de una actividad o momento y lo que se espera de ellos. Hay que mirarlos a los ojos, mejor aún si lo hacemos a su altura sentados o en cuclillas. Además, no hay que ser abstractos al decirles lo que queremos, sino concretos, con acciones, como: “come con el tenedor, saluda o despídete”.
Además, una vez el niño empiece a aprender sobre el control de esfínteres ocurren otros factores determinantes en desarrollo de la personalidad y es un momento muy importante para fortalecer los límites.
“Obligar a los niños a sentarse en la bacinilla antes de lo debido o creer que el niño se puede adaptar al tiempo de los cuidadores es un error común, pues se le está exigiendo algo que no puede dar. Muchas veces los papás obligan a los niños a sentarse en la mica cuando el niño no tiene ganas de hacer sus necesidades y pueden traer consecuencias graves como, por ejemplo, el desarrollo de un trastorno llamado neurosis obsesiva compulsiva. Son esas personas que se lavan las manos muchas veces, que cierran una puerta y se tienen que devolver a revisar pues nunca están seguras de que lo hicieron, y personas indecisas”.
Cuando se es permisivo se dejan vacíos en la crianza, mientras que el autoritarismo refuerza unas ideas caprichosas en los niños. Ambos pueden generar en los niños unas personas con poco autocontrol, con casi nula noción de la responsabilidad social y por eso siempre están exigiendo para ellos pasando por encima del bien ajeno o colectivo. Y, si no se supo ejercer autoridad, luego se querrá controlar a través de la dominación, el castigo y el deseo de la sumisión del otro.
Ejercer autoridad significa ejercer respeto mutuo, pues tanto los niños deben acatar las solicitudes de sus padres, pero, a la vez, ellos deben dar órdenes respetuosas, coherentes y llenas de lógica.
Fronteras físicas
Cuando empiezan a caminar, su instinto los lleva a explorar y quieren tocar todo lo que esté a su alcance. Así es que dejar material peligroso, tóxico, pequeño o que represente algún riesgo, puede ocasionar accidentes o problemas mayores.
“Un niño desde lo diez meses quiere moverse, desarrollar sus habilidades y experimentar, y los cuidadores no pueden limitar los movimientos pues gracias a esa exploración empieza su proceso de adaptación y aprendizaje. Así que los adultos deben hacer uso del sentido común para detectar cuáles son los riesgos que puede evitar, y que el niño desarrolle su motricidad de manera segura”, afirma la sicóloga y sicoanalista de niños y adolescentes Camila Gutiérrez.
¿CÓMO HACER QUE LOS NIÑOS ENTIENDAN LOS LÍMITES?
- Las órdenes deben ser claras, cortas y sencillas.
- Los cuidadores y padres deben ser ejemplo, pues los niños aprenden por imitación.
- Los padres son los primeros que deben respetar las normas.
- No le cambie las reglas de juego. Sea consecuente con la disciplina.
- La autoridad no debe imponerse con agresividad ni violencia.
- Sea coherente y firme a la hora de comunicar el mensaje, pero nunca los grite.
Las consecuencias de la permisividad
Para el doctor en terapia familiar Michael Ungar, columnista de la publicación especializada Psychology Today, el cantante canadiense Justin Bieber es el ejemplo perfecto de lo que no deben hacer los padres con sus hijos.
Inmersos en esta rutina de un trabajo laboral fuera de casa la mayor parte del día, o de hogares divorciados, algunos padres suelen creer que poner reglas, impartir castigos o hacer exigencias no está bien visto, pues el poco tiempo que pasan juntos no puede ser un espacio de regaños. Sin embargo, nada más distante de una crianza con responsabilidad.
Dice el experto que cuando los adultos complacen a los infantes en todo lo que ellos piden, los protegen de cualquier trabajo y riesgo, están formando narcisistas a los que el mundo parece jugarles en contra en su adultez, pues están acostumbrados a que todos sus deseos se cumplan.
Claro que es importante reconocer sus logros, pero no al punto de que ellos crean que el mundo gira en torno a sus deseos. Esto formará unos niños, y luego adultos, que no tolerarán la frustración, que no aceptan un no y que son completamente caprichosos. Las consecuencias: inadaptados sociales en sus relaciones laborales, de amistad y de pareja.
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