
El representativo especial de la Unión, Europea Franz-Michael Mellbin
La delegación de la Unión Europea (UE) en Afganistán denunció hoy que la corrupción “alimenta” a los grupos insurgentes y “erosiona” las posibilidades de alcanzar la paz en el país, que ha vivido un recrudecimiento de la violencia desde la invasión estadounidense que derrocó a los talibanes en 2001.
“La corrupción alimenta a la insurgencia y erosiona la capacidad de avanzar hacia la paz, algo que anhela este país desgarrado por la guerra”, afirmó el representante de la UE en Afganistán, el embajador Franz-Michael Mellbin, en un comunicado.
La declaración de Mellbin se produce con motivo del fin de una campaña de la UE en Afganistán, que comenzó el pasado 12 de marzo, con el objetivo de concienciar a la población y luchar contra la corrupción en uno de los países más corruptos del mundo.
El embajador remarcó que aunque el Gobierno afgano, con el apoyo de la comunidad internacional, está dando “grandes pasos” en su lucha contra esta lacra, “existe también un consenso desde el exterior de que se necesita hacer más”, anotó.
“La UE seguirá apoyando a los afganos y al Gobierno de Afganistán contra esta enfermedad”, sentenció Mellbin.
La campaña que acaba de concluir subrayó los males de la extracción ilegal de recursos naturales, que supone la segunda mayor fuente de ingresos de los insurgentes, además de analizar el impacto de la corrupción en el sistema judicial y las fuerzas de seguridad.
Estas actividades de concienciación tendrán su broche final el próximo 8 de mayo con la tercera Conferencia Anual Anticorrupción de la UE, que tendrá lugar en el Palacio Presidencial en Kabul, de acuerdo con el comunicado.
Según los últimos datos de la ONG Transparencia Internacional, Afganistán es el séptimo país más corrupto del mundo.
Los talibanes y otros grupos armados obtienen unos 20 millones de dólares (17,6 millones de euros) al año gracias a la explotación de minas de lapislázuli en Afganistán, según un informe presentado en 2016 por la organización humanitaria Global Witness.
El efecto de la corrupción se manifiesta además con dureza en las Fuerzas Armadas, con alrededor de 182.000 miembros, en un país en el que los talibanes han ido ganando terreno en diversas partes y en la actualidad controla, tiene influencia o se disputa con el Gobierno al menos el 43 % del territorio, según datos de Washington.
El pasado marzo el Ministerio afgano de Defensa informó de la expulsión de casi 1.400 miembros del Ejército por vínculos con casos de corrupción y el arresto de un importante comandante por malversación.
Afganistán ha vivido episodios como el del Banco de Kabul, un fraude de más de 900 millones de dólares y el mayor caso de corrupción en su historia reciente, que llevó al Fondo Monetario Internacional a suspender temporalmente sus créditos a un país que depende en gran medida de la ayuda.
“La corrupción es un cáncer que si no se revisa matará a Afganistán”, sentenció el mes pasado el máximo representante de la embajada estadounidense en Kabul, el diplomático Hugo Llorens.
EFE
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