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Opinión

La paz envilecida. Por Pablo Andrés Loaiza

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La paz, la bendita paz. No ha habido concepto más envilecido por este (des)gobierno que el de la paz. Esa paz que ha servido como excusa para toda clase de abusos, atropellos, mentiras y trampas. Esa que nos quiere meter Santos a como dé lugar, la que dice ser el fin supremo de toda sociedad, pese a que los colombianos consideran que entre los principales problemas están es el empleo, la educación y la salud.

Pablo Andrés Loaiza Bedoya

Pablo Andrés Loaiza Bedoya

Hace unas semanas Santos publicó un spot publicitario que comparaba el precio de un revólver .38 con los costos de la alimentación escolar, para hacer énfasis en la necesidad de la famosa “paz”. Un sofisma a todas luces. Santos no aumentó la cobertura escolar -pues en primaria el gobierno Uribe la dejó en 102%-, tampoco aumentó la alimentación escolar -a duras penas la ha mantenido-, ni ha mejorado las condiciones salariales de los profesores, ni ha mejorado sustancialmente la infraestructura, ni nada. Así haya “paz”, señor Santos, usted no invertirá más en la educación o en las necesidades reales del país.

Ha preferido en su lugar, malgastar 2 billones de pesos en propaganda lisonjera para su gobierno, 3 billones de pesos en prebendas para sus H.P. (no malpiensen, me refiero a los “Honorables” Parlamentarios) para que a su vez compraran almas para las elecciones, como Caronte cosechando almas sobre el río Estigia; y otros 6 billones reabriendo ministerios para pagar favores políticos, y 300 millones remodelando su oficina, otros 300 millones “adecuando” la cancha de tenis presidencial, y 500 millones de pesos en cada BMW último modelo blindados con todas las especificaciones de los 3 que compró para su caravana… Y así, ad infinitum.

Respóndame, señor Santos, ¿Cuántos alimentos escolares se pueden pagar con eso? ¿Cuántas carreteras se pueden construir, cuántas familias subsidiar, cuántos niños educar, cuántos ancianos asistir, o cuántos habitantes de calle rehabilitar? Con solo lo que usted ha despilfarrado en cargos burocráticos se podría subsanar el déficit de las 32 universidades públicas del país, que asciende a 11 billones de pesos, ¡Y para eso no se necesita firmar ese adefesio que usted llama “paz”… que no es más que la entrega de la Patria a la narcoguerrilla!

Prefirió dejar tranquilo al criminal más buscado del país, Timochenko, para no poner en peligro su tal paz; prefirió ser complaciente con el Tiranuelo Tropical de Nicaragua, prefirió pasarse por la galleta su deber constitucional de defender la soberanía y el territorio antes que tener que dejar de darles vacaciones al mayor cartel del narcotráfico.

Santos convirtió lo que debería ser una política de Estado en una política de Gobierno para ponerla al servicio de sus vanidades e intereses, pretende jugar con la ilusión de paz de los colombianos para poder continuar haciendo y deshaciendo a su voluntad. Esa misma paz, estéril, falsa, tramposa es la que pretende usar como argumento para engatusar a cuanto incauto deambula.

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