La muerte en un Estado Criminal. Álvaro H. de Lamadrid. | La muerte en un Estado Criminal
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    La muerte en un Estado Criminal


    Un hecho de profunda gravedad institucional ha alterado la vida política del país. El crimen de Estado perpetuado contra el fiscal Alberto Nisman, justo cuando éste iba a presentar en el Congreso de La Nación sus pruebas y demostrar así lo que constituye una verdad contundente contra el gobierno: –el denominado “encubrimiento” de la Presidente Cristina Fernández de Kirchner y su Canciller sobre la responsabilidad de Irán en el atentado a la AMIA–, afectan todas las instancias de la institucionalidad democrática de la nación, sus estructuras jurídicas y republicanas y el núcleo de aliados internacionales del Gobierno.

    Alvaro de Lamadrid

    El Gobierno había fomentado como política de Estado durante 12 años el hecho de espiar, escuchar por pinchar teléfonos, apretar, perseguir, amedrentar, seguir, vigilar y denunciar con operaciones, carpetazos y escraches mediáticos y comunicacionales a toda voz disidente al Gobierno y, sobre todo, a quienes hemos denunciado lo que constituye, a mi modo de ver, el genoma del Kirchnerismo (el autoritarismo, la violencia política y la desopilante y pornográfica corrupción).

    En verdad, la muerte del Fiscal Nisman ha sumido en un profundo estupor a la población. Esta muerte, que es imperativo investigar con independencia e imparcialidad que el Gobierno hoy no garantiza, condensaba las maniobras más complejas y oscuras de los servicios de inteligencia argentinos que operan por fuera de ley. Un servicio de inteligencia que mediante un crimen de Estado atroz, intentó saldar la interna del Partido de Gobierno dirimida en clave mafiosa, entre servicios con ramificaciones judiciales que operan para distintas facciones.

    El Gobierno Argentino es responsable del crimen de Nisman. Sus políticas antes del crimen que asombra al mundo, ya mostraban indicadores disvaliosos y perjudiciales como el hecho de limitar la compra de dólares por su faltante, el aumento sin freno del gasto público para promover un consumo interno ficticio e irreal solventado con financiaciones de compras en cuotas con tarjetas de crédito y subsidios sin control, sumado a ello, la inflación. También, el absurdo de controlar y regular importaciones que han originado faltante de insumos, medicamentos, alimentos y hasta tampones.

    [pullquote]Hoy la gente siente que el Gobierno no la defiende, por el contrario siente que se debe defender de su propio Gobierno…[/pullquote]El Gobierno en un primer momento habló de suicidio y montó ese escenario. Luego la Presidente cambió ante la ira de la sociedad que advertía el crimen y habló de asesinato victimizándose y sin dar el pésame a la familia del fiscal, ni mostrar congoja e interés por hallar la verdad. La Presidente no cambió de idea, sólo cambió de estrategia, pero manteniendo su comportamiento el de encubrir el crimen del fiscal que la denunció por encubrir el mayor atentado que vivió el país como fue el de la AMIA.

    En lo personal, el crimen de Nisman me revive las situaciones de peligro que atravesé por denunciar al Ex Presidente fallecido Néstor Kirchner y a la actual Presidente Cristina Fernández de Kirchner por la compra ilegal de terrenos fiscales a su favor, valiéndose de un feroz tráfico de influencias, para garantizarse negocios personales y particulares defraudando al fisco en 300 millones de dólares. Eso les permitió, quedarse para sí, de manera ilegal y a precios irrisorios con audaz rapacería, con tierras públicas donde luego construyeron hoteles, y llevaron adelante un inocultable lavado de dinero, para intentar así, justificar sus declaraciones juradas y su enriquecimiento ilícito desopilante y macrocefálico, dado que el mismo aumentaba, a medida que se iba dando en el tiempo la permanencia en el poder.

    La democracia está herida en la Argentina, por la salud de la República es necesario que los Argentinos seamos capaces de dejar de tirarnos los muertos, estar dispuestos a hacer cosas que no vamos a poder ver y abandonar un hiperpresidencialismo que nos daña. Dejar de poner el poder en las personas y ponerlo en las instituciones.

    La muerte de Nisman es un hito de la violencia estatal y política que se vive en la Argentina y de una triste realidad: hoy la gente siente que el Gobierno no la defiende, por el contrario siente que se debe defender de su propio Gobierno, quién pone en peligro sus bienes, su dinero, su libertad y hasta su vida. Es que el poder sin control siempre oprime. Como hoy sucede en Argentina.

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