La desgracia de llamarse Carlos (I)

Hasta hace muy poco, hablar de príncipes y reyes era hablar de política. Y, claro, todo lo relacionado con un jerarca político mantiene, por razones obvias, inmensa actualidad.

jose obdulio 02Ahora, ¿si uno habla del Príncipe de Gales, futuro Carlos III de Inglaterra, está hablando de política? Yo diría que no. Eso me lleva a concluir que hablar de la realeza, por lo menos de Inglaterra, ya no es asunto de la política, sino de la farándula, del corazón… De pronto de los negocios, pero de la política, ni cinco.

No obstante, hagamos algunas consideraciones políticas, o, por lo menos, históricas, sobre la figura de Carlos.

Él es uno de esos especímenes a los que la fortuna les da, en apariencia, todo; pero que en realidad no les da nada, o casi nada; y eso poco que les da, se los quita.

Hijo primogénito de Isabel II, Reina de Inglaterra, es, en apariencia, el legítimo heredero al trono. ¡Nunca va a ser rey! Se los aseguro.

Isabel, la Reina Madre de Inglaterra, es decir, la abuela de Carlos, vivió 101 años. La longevidad es un don (o un trauma) que se hereda. Por lo tanto, Su Majestad Isabel II, no me cabe duda, vivirá, mínimo, 105 años. Carlos, como el tipo sin estrella y del montón que es, no va a pasar de 75, máximo 76 años. ¿Por qué habría de durar más ese perico de los palotes londinense?

En 2025, máximo 2026, Isabel II presidirá, pónganle la firma, las exequias de su anciano hijo Carlos, Príncipe de  Gales, y frustrado Rey de Inglaterra. Y el comentario generalizado del momento, será: “cómo está de entera la reina. No le pesan para nada sus 99 años. Parece de sesenta”.

(Continúa mañana)

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