Resumen: El asunto acá es que no me rendí y más cuando huelo a columna. Y entonces, como siempre que se me acaban los contactos de mis cercanos amigos poderosos
El mismo día que varios de mis más cercanos amigos poderosos me preguntaron que si conocía la carta contundente que un grupo de influenciadores hinchas del ‘Medallo’ habían enviado a la dirigencia del Deportivo Independiente Medellín, me puse en la tarea de buscarla.
Nadie me daba razón de la misma, les pregunté a varios miembros del DIMTeam, a Orgulloso DIM, a Caleb, Héctor Ríos, al negro Marino y a todos aquellos que se la pasan atentos a cualquier novedad del ‘Decano’, pero no tenían la menor idea. Nadie sabía o nadie quería saber. “Eso no existe Mauro”, me decían. “Eso es cuento”.
El asunto acá es que no me rendí y más cuando huelo a columna. Y entonces, como siempre que se me acaban los contactos de mis cercanos amigos poderosos, fui a buscar al único que de verdad sabe: el tío Vanegón.
Lo encontré donde siempre ve los partidos, en esa esquina de Envigado que parece sacada de otra época, con el televisor prendido en la transmisión de un partido viejo y un café que ya va en la tercera taza.
El tío me miró por encima de los lentes y sonrió con esa mezcla de sabiduría y picardía que solo tienen los que han visto nacer y morir varias eras rojas.
—Tío Vanegón, necesito la carta. La que los influenciadores hinchas del ‘Medallo’ le enviaron a la dirigencia. La del 11 de agosto. Nadie la tiene, nadie la conoce… pero usted…El viejo soltó una carcajada baja, de esas que suenan a “ya te estaba esperando”.
—No la tengo, ‘Mauro’. Pero la leí. Mi contacto del “Equipo del pueblo” me la mostró un rato, con esa cara de “esto no lo puedes sacar, pero léelo”. Y yo, que soy viejo pero no tonto, la guardé aquí —se tocó la sien.
— ¿Quiere que se la cuente como si la tuviera en la mano? Me senté. El tío Vanegón se acomodó, miró hacia un punto indefinido (como si estuviera leyendo el papel en el aire) y empezó:
“Señores de la dirigencia del Deportivo Independiente Medellín: Aquí la poderosa hinchada que llena, la que abona, la que grita y la que a veces también calla cuando toca. Respondimos al llamado. Nos abonamos. Más todavía cuando llegó Juan Fernando Quintero. Porque Quintero no es cualquier refuerzo: es ilusión con nombre y apellido, es magia en los pies, es ese jugador que hace que uno diga ‘esta vez sí’.
Pero no nos confundan. Nosotros no vinimos solo a llenar la tribuna y a pagar la cuota. Vinimos por la séptima estrella. Esa es la exigencia. No hay otra. Reconocemos el trabajo de Amaranto Perea. El hombre ha puesto orden, ha dado cara y ha construido un equipo que pelea. Creemos, de verdad, que de la mano de este estratega se puede alcanzar el título.
Que se diga claro: con Amaranto se puede. Ahora bien… hay cosas que no se perdonan ni se olvidan. Raúl Giraldo sigue siendo una herida abierta. Por mucho esfuerzo que se haga, por más que llegue un jugador de la categoría de Quintero o incluso otro más, la cadena está rota. Y mientras esté rota, el deseo de que el equipo se venda sigue vivo en muchos de nosotros. No es rabia ciega. Es memoria.
Hoy el equipo anda por los primeros lugares de la tabla. Bonito, sí. Ilusionante, un poco. Pero no nos engañemos: no se gana nada con estar arriba si al final no hay estrella. Los primeros puestos son el camino, no el destino. Lo único que de verdad ilusiona es levantar esa séptima.
Con Quintero ya aquí, pedimos algo concreto: un goleador neto. Uno que reciba esos pases filtrados, esas asistencias de oro, y las convierta. Porque la magia de ‘Juanfer’ necesita remate. Sin finalizador, el espectáculo se queda a medias. Y a la hinchada, a nosotros mismos, les decimos: exigencia sí, violencia no. Cordura. Se puede reclamar con fuerza, con dignidad y sin que se nos vaya la mano. El ‘Medallo’ se defiende con la garganta y con la cabeza, no con la locura.
Firmado:
La hinchada que no se rinde 11 de agosto de 2026
El tío Vanegón guardó silencio unos segundos, como quien cierra un libro sagrado. Luego me miró y me dijo:
—Eso fue lo que leí. Ni una coma de más, ni una de menos. Ahora usted haga con eso lo que quiera, ‘Mauro’. Pero recuerde: en el “Equipo del pueblo”, las cartas a veces pesan más que los insultos, la violencia o todo aquello que vaya en contra de nuestra institución.
Salí de allí con la historia completa. Y esa misma noche, mientras escribía estas líneas, entendí algo que el tío Vanegón ya sabía desde hace rato: en el Medellín, la hinchada no solo grita. También escribe. Y cuando escribe, la dirigencia debería leer con atención, porque la séptima no se pide de rodillas. Se exige de pie.
- Compartir:
- Compartir en Facebook
- Compartir en X (Twitter)
- Compartir en WhatsApp
- Comentarios