Resumen: Tras la salida de Alejandro Restrepo, otra vez le toca a un hombre de la casa poner la cara. Alguien que sí conoce las fuerzas básicas, que sí lleva tatuado en la piel el ADN del “Rey de corazones” que la dirigencia exige en ruedas de prensa, pero que jamás respalda con un proyecto serio.
El triunfo del Deportivo Independiente Medellín ante Boyacá Chicó, por la fecha 10 aplazada de la Liga BetPlay, fue un auténtico ‘picado de barrio’: esos partidos donde los amigos de siempre se juntan, sin libreto, sin trabajo, solo para ver qué sale con la pelota.
Y fue tan ‘picado de barrio’ porque Sebastián Botero, técnico interino del ‘Medallo’, no tuvo más opción. Sin tiempo para entrenar, sin planificación, sin respaldo de una dirigencia que vive apagando incendios, le tocó alistar la nómina y soltar la única instrucción posible: “Jueguen, muchachos”.
Otra vez la historia se repite. Tras la salida de Alejandro Restrepo, otra vez le toca a un hombre de la casa poner la cara. Alguien que sí conoce las fuerzas básicas, que sí lleva tatuado en la piel el ADN del “Rey de corazones” que la dirigencia exige en ruedas de prensa, pero que jamás respalda con un proyecto serio.
Basta ya de improvisación. Mientras la dirigencia busca técnico en propiedad a las carreras, con la excusa de “hacerlo con responsabilidad”, lo único responsable es dejar de manosear el banco. Que se tomen el tiempo que quieran, pero que permitan que Sebastián Botero termine, por lo menos, este semestre. Ya está bueno de usar técnicos como fusibles cada vez que la planificación fracasa.
Sí, en el papel el duelo ante los ‘Ajedrezados’ era ganable. Muchos lo daban por hecho con o sin técnico. Y tienen razón: con la nómina que hay, hasta sin DT se le podía ganar a Chicó. Pero el problema no es Chicó. El problema es que esta dirigencia cree que el DIM se dirige solo, que la historia y la hinchada hacen el trabajo que ellos no hacen en los escritorios.
Lo real, lo que duele, es que quien hoy está en el banco sí conoce el club. Sí interpreta el juego del ‘Medallo’. Sí puede sacarles provecho a estos jugadores para lo que viene. Mientras tanto, en las oficinas siguen buscando nombres, filtrando hojas de vida y alimentando la incertidumbre que ya tiene cansada a la tribuna.
Muchos quieren dirigir al Deportivo Independiente Medellín. Claro que sí. Por historia, por tradición y por su hinchada poderosa. Acá se le ha dado la oportunidad a varios y el espejo es claro: el propio Leonel Álvarez debutó como técnico profesional en el ‘Medallo’ y fue campeón. La diferencia es que a Leonel lo respaldaron.
Ya es la hora de Sebastián Botero. Sostenerlo no es un acto de fe, es un acto de justicia con alguien que ha hecho la fila, que ha sido campeón con la cantera y que conoce al DIM mejor que cualquier técnico de carpeta que traigan mañana. Traer ahora un estratega en propiedad es regalarle la excusa perfecta: “Necesito tiempo para conocer el equipo, para imponer mi sello”. Y ese tiempo, señor Giraldo, no existe. El hincha no come cuento. La Libertadores no espera.
Con Sebastián Botero en el banco, el próximo partido ya no será un “jueguen, muchachos” lanzado al aire. Será un equipo con idea, con memoria, con un DT que sabe qué canterano pide pista y qué referente necesita un tirón de orejas.
Sebastián Botero no es un desconocido. Es un técnico campeón. Es un hombre del club. Y si la dirigencia tuviera un mínimo de coherencia, entendería que la solución no está en Gameros ni en Álvarez. Está en la casa, esperando que dejen de improvisar.
Porque al ‘Medallo’ le sobra historia, le sobra hinchada y le sobran ganas. Lo que le falta es dirigencia.
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