A Jaramillo y de la Calle

Por: Paloma Valencia

No comprenden el problema de legitimidad en la aplicación de la ley que nos dejó el acuerdo. La justicia tiene que ver con que casos iguales sean tratados iguales y que entre los diferentes haya proporcionalidad. ¿Por qué delitos de lesa humanidad pueden quedar impunes y en cambio debemos sancionar delitos menores? ¿Por qué el primer criminal puede conservar derechos políticos y el segundo no?

Sugieren el discurso del delito político: Farc puede tener un tratamiento diferenciado en razón al “conflicto armado”. Tesis con varias falacias. La idea de que las FARC representaba a alguien desapareció estruendosamente aquella vez que solo sacaron 50 mil votos. No representan a nadie. Su poder se asentaba en recursos del narcotráfico, la minería criminal, el secuestro y la extorsión.

El delito político es una forma de justificar y legalizar los crímenes de la izquierda.

Si había conflicto armado, ¿por qué los hombres de la fuerza pública no tuvieron también representación política, y porque no incluyeron a los paramilitares y a las otras guerrillas en una sola ley? ¿El conflicto era sólo con las FARC?

Sinuosamente sugieren que el Presidente Uribe asuma responsabilidades. Deberían iniciar ellos mismos aplicando su consejo.

No reflexionan sobre la responsabilidad de los acuerdos ante la proliferación de coca en Colombia. ¿Acaso no saben del crecimiento desbordado de otros grupos ilegales financiados por esa coca? ¿No saben que la mayoría de violencia la financia ese negocio?

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No reconocen el error de haber dejado a Colombia sin herramientas para combatir el narcotráfico.

Callan sobre el rearme de Márquez. ¿Acaso no nos prometieron la paz con las Farc, completa? ¿Qué mecanismos acordaron para frenar los incumplimientos de las FARC?

Nada dicen sobre la fuga de Santrich, que aun después del acuerdo seguía traficando. Ninguna reflexión sobre no haber previsto medidas para ese escenario. Ninguna vergüenza en haber proscrito la extradición.

No proponen soluciones sobre que Farc no reconozca sus crímenes de manera individual ante la JEP. No les preocupa que esperen ser imputados para limitar sus versiones.

No muestran reparos sobre la politización de la JEP, la comisión de la verdad. Sigue pareciéndoles bien concederle a las FARC la posibilidad de reescribir la historia.

Siguen sin entender la gravedad de haber desconocido el plebiscito. Continúan con su postura impositiva. Jamás quisieron crear instituciones que nos representaran a todos.

Son sectarios. Se sienten satisfechos de haber otorgado impunidad a terroristas, pero insisten en estigmatizar a quienes tenemos reparos sobre el acuerdo.

Siguen sin escuchar a las víctimas. ¿No saben las dificultades que enfrentan a la hora de que les asignen abogados cercanos a las farc, de no contar con recursos para los informes, de no ser escuchadas, de ser asesinadas por las disidencias para callarlas?

Nada dicen de la exclusión de facto de las víctimas de las Farc en las tales curules de paz.

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No se pronuncian sobre el injusto juzgamiento de los hombres de las Fuerzas Armadas. ¿Qué dicen frente a la asimetría de que los hombres de las farc hayan sido amnistiados y los de las Fuerzas Armadas sigan presos?

Hablan de que es inédito negociar para que criminales se sometan a la justicia. Tal vez no conocieron la ley de justicia y paz que llevó a paramilitares y guerrilleros ante la justicia. Se desmovilizaron más de 53 mil hombres en armas. Más de 2 mil pagaron cárcel, se confesaron más de 70 mil crímenes y se entregaron 3 billones para las víctimas. Todos los máximos responsables y algunos más pagaron cárcel. Esa negociación antecedía la de ustedes, ¿en que la mejoraron?

Los creadores de la polarización siguen dividiendo. Atacan a Uribe y a Petro con una clara consigna política: fingirse en el centro para presentarse como viables mientras estigmatizan al resto. Hablan de la necesidad de acabar con la polarización lanzando piedras.

Colombia requiere superar diferencias y concertar acuerdos nacionales. Para eso es necesario que no insistan en imponernos lo que algunos consideran aceptable. Pueden negociar con terroristas, pero como les cuesta escuchar y aceptar ciudadanos discrepantes.

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