Involución

Por: Margarita Restrepo

Las dolorosas imágenes que nos llegan desde Afganistán, país sometido a la brutalidad del régimen fundamentalista talibán, parten el alma y debo reconocer que me estremezco con ellas.

Después de 20 años el trabajo incansable de un pueblo que quiere la libertad, se ha ido al traste en un abrir y cerrar de ojos. Las más perjudicadas han sido las mujeres. Volvieron los malos tratos, los abusos, el cercenamiento de derechos y libertades.

Actividades tan simples y normales como estudiar, trabajar, caminar libremente por las calles, conducir un vehículo, les han sido prohibidas.

Este, que ha sido el siglo de la reivindicación de los derechos de las mujeres, nos ha dado muestras de que la realidad es muy distinta a lo que oímos en los discursos y leemos en las consignas. Son muchos los Estados en los que las mujeres seguimos siendo maltratadas, vilipendiadas, reducidas y desatendidas.

Concentrándonos en la tragedia afgana, recibo con mucha satisfacción la noticia de que el gobierno colombianos brindará refugio temporal a ciudadanos de ese país que huyen del horror. Espero que nuestro país reciba especialmente a las mujeres que son, como es evidente, las de mayor vulnerabilidad.

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Nunca he creído que las mujeres debamos gozar de mayores privilegios frente a los hombres. Creo, eso sí, que en la igualdad en todo el sentido de la palabra. Es preocupante que la llamada comunidad internacional no haya tomado medidas urgentes y que, de alguna manera, la humanidad esté, en medio de la estupefacción, cruzada de brazos sin emprender acciones concretas.

Algo va de la libre determinación de los pueblos, a un pueblo subyugado a un régimen que emplea el terror y la barbarie.

Que este doloroso caso de Afganistán sirva para que la humanidad tome conciencia y se ponga manos a la obra en pro de la defensa de millones de mujeres que en ese y muchos otros países del orbe son ultrajadas por razones de género.

No vayamos muy lejos. De nuevo, quiero invocar el caso colombiano, donde miles de niñas sufrieron el reclutamiento forzado por parte de grupos armados al margen de la ley. Utilizadas como esclavas sexuales. Muchas de ellas fueron obligadas a practicarse abortos. Otras, fueron separadas de sus niños cuando lograban cumplir el periodo de gestación. ¿Quién vela por que se haga justicia si los principales victimarios, las Farc, fueron amnistiados de facto, a pesar de que estamos ante un crimen de lesa humanidad?

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La realidad es desoladora y frustrante. El mundo, que supuestamente había adquirido conciencia respecto de los derechos de las mujeres, está imbuido en un proceso de involución. Los slogans abundan, pero la realidad es muy distinta del contenido de los pomposos mensajes.

El desafío no es menor, razón por la que no podemos perder un minuto más de tiempo. Las mujeres merecemos vivir en un mundo donde no se nos agreda por cuenta de nuestro género, tal y como desde hace una semana empezó a suceder nuevamente en la Afganistán que no pudo mantener el régimen de libertades que empezó a construirse hace dos décadas cuando los aliados de la democracia pusieron una campaña militar cuyo objetivo era el de, precisamente, acabar con un modelo fundamentalista y arcaico que hoy ha vuelto con sed de venganza.

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