Imparable fuerza ciudadana

Si algo ha mostrado el Paro Nacional, es que las nuevas ciudadanías tienen una voz fuerte y una presencia imparable. El cambio se viene, pero no es político; es generacional y es imparable.
Una vez retirada la reforma tributaria y archivada la reforma a la salud, la lección aprendida es que la protesta social sí funciona y tanto las calles como las redes sociales han sido los escenarios donde convergen las causas de las nuevas generaciones y las nuevas ciudadanías.

En el panorama actual, esas «nuevas ciudadanías», es decir, los grupos minoritarios poblacionales usualmente excluidos o minimizados en los procesos de participación ciudadana, se manifiestan cada vez con mayor fuerza, no sólo en una reivindicación justa de sus derechos, sino con propuestas concretas para solucionar los problemas del país.

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El protagonismo de las minorías es una progresión de lo establecido en la Constitución Política de Colombia. Promulgada hace 30 años, bastó el paso de una generación para que la transformación social comenzara a darse. Primero los milennials, y ahora los centennials, formados en los principios del Estado Social de Derecho de nuestra democracia participativa, lideran el relevo de mandatarios. Y gracias la democratización del acceso a las TIC, se hacen sentir con fuerza en calles y redes.

Su clamor es por un trato justo, digno, incluyente, y una distribución equitativa, proporcional, de impuestos. Porque hasta los sectores más reaccionarios del espectro político coincidieron en que las reformas presentadas ante el Congreso eran un asalto a la clase media y a los estratos más bajos, dejando casi incólumes a los más pudientes. La incredulidad y descontento iniciales ante tal descaro se transformó en indignación y, a veces, en ira.

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Claro, destrozos y desmanes ha habido, todos ellos deplorables y ninguno excusable. Pero en redes se ha evidenciado que, a veces, quienes perpetran actos de vandalismo también han sido miembros de la Fuerza Pública. Ante ello, cabe la pregunta: «¿Cui bono?» ¿Quién gana? ¿Quién se beneficia de esos desmanes? Los únicos que ganan con ello son quienes, desde siempre, han intentado criminalizar la legítima protesta y el justo reclamo de la imparable fuerza ciudadana.

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